Índice de Actividad Internacional

El euro gana protagonismo por su fuerte revalorización

El dato provisional de crecimiento de la eurozona en el tercer trimestre ha superado ligeramente nuestras expectativas: de confirmarse como definitivo, el crecimiento interanual del área habría sido del 1,9%, una cifra cercana al 2,1% del segundo trimestre.

Este dato es coherente con el buen ritmo de actividad en la zona, y permite elevar una décima nuestra previsión de crecimiento para 2004 hasta el 1,8%. En 2005, el crecimiento europeo debería situarse en el intervalo 2,1%-2,3%.

La cifra del tercer trimestre la valoramos positivamente, ya que ha sido posible a pesar de un pobre resultado del sector exterior, aunque esta es una hipótesis que deberá confirmarse cuando se publique el PIB desagregado por componentes (ahora sólo se conoce el dato agregado). Típicamente, el comportamiento del sector externo para el conjunto de la eurozona refleja fundamentalmente la situación alemana, y sí que conocemos la composición del crecimiento germano para el tercer trimestre: sus exportaciones netas han restado 0,8 puntos porcentuales al PIB, cuando en el segundo trimestre ofrecieron una contribución positiva de 2,1 puntos porcentuales.

El escenario que consideramos más probable para la eurozona en el horizonte cercano es moderadamente optimista.

Por un lado, la favorable evolución de los pedidos industriales permite anticipar continuidad en la reactivación del sector, aumentando la probabilidad de que en algún momento mejore la creación de empleo. En esta misma dirección, los favorables datos de la economía estadounidense reducen los temores de desaceleración inmediata, ofreciendo un panorama de dinamismo para el comercio internacional.

Por otro lado, la evolución del euro gana protagonismo, ya que esta nueva ronda de apreciación va a ser determinante en varias direcciones. Aunque a corto plazo perjudica las exportaciones, también abarata las importaciones, en particular de petróleo, favoreciendo adicionalmente la evolución de la inflación.

Todo ello, permite al Banco Central mantener los tipos de interés, potenciando de esta forma la recuperación de la demanda doméstica europea, tan necesaria para que el crecimiento del área sea menos dependiente del exterior.