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'La literatura es otra vía para disfrutar la vida'

Describe en su obra la capacidad de la mente para rebelarse contra la rutina y en su último libro Cuentos de los días raros (Editorial Alfaguara) José María Merino se recrea en los efectos que la fantasía puede aportar a la existencia cotidiana. 'Siempre en el fondo estamos esperando algo que dé un giro a nuestra vida, y la literatura también juega ese papel: el acceso a una parte secreta de nuestra mente'.

También cree que los libros no sólo sirven para sumergirse en productos de la imaginación. 'Dan claves para entender la realidad, especialmente los clásicos. De lo contrario, no se entendería su supervivencia'. Y añade que ellos nos han enseñado a comprender grandes temas de la vida, desde la heroicidad al amor o cómo enfrentarse a la muerte.

Tras estos discursos, más o menos teóricos, se descubre un hombre enamorado de la literatura y de lo que esa plasmación de la creatividad humana puede aportar a sus congéneres. 'Para mí ha sido y es una parte importante de la vida. Es una fuente, es una riqueza. Es otra vía para disfrutar la vida'. Y esta visión irradia en algunos de los cuentos que forman parte de su último libro. Así, en uno de los relatos, La impaciencia del soñador, José María Merino reescribe la historia de la Armada Invencible de forma que, en lugar de invertir los fondos públicos en barcos, Felipe II opta por convertir Madrid en un gran puerto fluvial.

La literatura también ha sido para él, como para otros novelistas, uno de los mejores vehículos para conocer el mundo. Reconoce que, a veces, cuando va a un país o a una ciudad cree que ya ha estado allí porque ha leído obras ambientadas en ese contexto o escritas por autores nativos. 'Me sirve para disfrutar más de los viajes, aunque también he tenido decepciones, como cuando fui a Misisipí: el río era inmenso pero estaba lejos del encanto y el misterio de mis lecturas juveniles'.

Y la influencia de las experiencias infantiles, del niño que ha quedado fascinado por un relato, se refleja también, y no sin cierto grado de inquietud, en Cuentos de los días raros. Así, el impacto de los cuentos de hadas, que a veces está muy próximo a la literatura de terror, se plasma en La hija del diablo. Merino, que en alguna medida comparte la idea de que la patria de un hombre es su infancia, afirma que él no ha perdido curiosidad ni capacidad de asombro.

Se siente hijo de muchos padres literarios, desde Chejov, Clarín o Allan Poe del siglo XIX a Baroja, Cortázar o Hemingway del siglo XX. Y se acuerda de su primera lectura de Rojo y Negro, de Stendhal, del impacto que le produjo la fugaz vida del protagonista, Julian Sorel; y cómo cambiaron las emociones 30 años después. Y es que, como para algunos de sus personajes, las fronteras son sutiles, casi de papel. Que el relato de lo simbólico es la primera actividad creativa que hizo el ser humano es algo que tiene asumido, aunque señala que la literatura ha perdido el papel que en la formación ideológica y ética tuvo en el siglo XIX. Aunque se enfrenta a nuevas ventanas al mundo, como es internet, asegura que la novela 'sobrevivirá'.

Disciplina para escribir a diario

Desde hace ocho años, José María Merino puede vivir en exclusiva de la literatura, aunque se impone la disciplina de la escritura diaria, y no con el mismo sistema de elaboración si opta por cuentos o por novelas. No obstante, por el camino a ese envidiable estado, no tan fácil de alcanzar en España, han pasado varias novelas: La orilla oscura, El heredero o El caldero de oro. Y él entiende que los quince cuentos de su nuevo hablan 'de nuestra relación con los sueños y los recuerdos'.