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Alba de Bretón 2001, el mimado de su bodega

En 1983 levantaron su primera bodega en Logroño y 20 años más tarde han inaugurado oficialmente las nuevas instalaciones en la también riojana Navarrete. En esas dos décadas Bodegas Bretón se ha ido labrando una historia y consolidando su nombre en el vino riojano. Empezaron elaborando vinos de corte clásico, típico en la DO, de prolongadas crianzas en madera, pero dieron un significativo cambio apuntándose a la tendencia de producciones de alta calidad que entonces comenzaban a despuntar; más fruta y menos barrica. Apostaron también por nuevas elaboraciones, como un blanco fermentado en roble, el segundo que se hacía de este tipo en La Rioja.

Toda esta nueva filosofía enológica cristalizó con la salida al mercado en 1989 del Dominio de Conté, un tinto de pago de corte moderno, una de las revelaciones riojanas del momento. Resultó emblemático para la bodega, que se dio a conocer a nivel nacional. Abundando en estos planteamientos, en 1995 sacaron el que por ahora es su vino más mimado, el Alba de Bretón.

La bodega se abastece de 106 hectáreas de viñedo propio de dos fincas pertenecientes a la Rioja Alta, aproximadamente un 30% de la uva que necesitan, ya que el reto la compran a viticultores controlados directamente por la bodega. Elaboran más de 1.300.000 botellas, la mayoría vinos de crianza.

En la actualidad producen los Loriñón crianza, reserva y gran reserva (más un viura fermentado en barrica), mayoritariamente de tempranillo; el Dominio de Conté, un reserva criado en roble americano, el Pagos del Camino (su última marca), de garnacha vieja con 12 meses de envejecimiento, y este Alba de Bretón. Este 2001, cosecha magnífica en la DO Rioja, es un 100% tempranillo que ha pasado 18 meses en barrica nueva de roble francés. Rojo rubí, con aromas torrefactos y especiados de barrica.