Inversiones

España llega tarde a China

Sólo 200 compañías españolas tienen presencia en la sexta economía mundial. Para muchos empresarios el país es todavía una promesa de futuro y no una realidad

En el Shanghai del siglo XXI las bicicletas se cruzan con Volkswagen en las calles. Firmas como Gucci o Louis Vuitton exhiben sus escaparates a pocos pasos del mercadillo donde se venden, ya no sus copias, sino sus clones. Se puede degustar comida hecha en la calle con un café Starbuck en la mano. Y a las afueras de la ciudad Ikea se encarga de amueblar las miles de viviendas que ocupa cada año la creciente clase media. Una población equivalente a Zaragoza se integra anualmente en la metrópoli. Es sólo la cabeza de un enorme iceberg; el de una China que emerge imparable y en la que España apenas está presente.

'La gente en España cree que China va a ser la bomba, que es el futuro. Pero se equivocan: China no va a ser la bomba, China es ya una realidad', resume Alejandro Alvargonzález, cónsul general de España en Shanghai. Desde su despacho del centro de la ciudad se divisa una panorámica espectacular de los rascacielos de la metrópoli. Es el escaparate y el motor de un país en el que 800 millones de personas viven con menos de un dólar al día, pero en el que existen 250.000 millonarios y una incipiente clase media que no cesa de crecer.

Pese a las advertencias de sobrecalentamiento económico realizadas desde el FMI, el país rezuma optimismo. Se ha convertido en la sexta potencia económica mundial y en la cuarta economía con mayor volumen de transacciones comerciales con el exterior, un logro en el que juegan un papel destacado las empresas extranjeras. Según cifras del Ministerio de Comercio chino, las compañías con capital extranjero representaron el año pasado casi una tercera parte de la producción industrial bruta de China y más de 50% del volumen de las exportaciones nacionales. El mensaje entre los 300 españoles que residen en Shanghai, muchos de ellos empresarios, es el mismo que sugieren estas cifras: hay que estar aquí y hay que estar ahora.

Los empresarios españoles llegan al país cuando alcanzan su cota de mercado en España o están en crisis

'Sólo hay unas 200 empresas españolas con presencia en China y 100 de ellas están en Shanghai. España ha llegado tarde aquí y por eso tenemos que esforzarnos al máximo', explica Jorge Adjani, cónsul comercial de España en Shanghai. Adjani afirma: 'las compañías españolas que llegan a China lo hacen cuando han alcanzado su cota de mercado en España o cuando están en crisis y, o se van, o cierran'. Aunque sostiene que en estos momentos el sector español con mayor actividad son los bienes industriales, reconoce que existen otras opciones, 'como medio ambiente, arquitectura y bienes de consumo'.

Entre las 200 empresas españolas hay nombres como Alsa, Nutrexpa, Torres, Panrico, Indra, Lladró, Mango, Tubacex, Panda Software, Indo, Roca, Mondragón o Dia España. El BBVA, el SCH, el Sabadell, Popular o Bancaja han apostado por tener presencia, aunque el sector bancario sigue teniendo fuertes restricciones al capital extranjero. Algunas de esas empresas cuentan sólo con oficinas de representación. Otras, como el grupo Mondragón, Indo o Eurolatón, producen en el país.

Pero es sólo una gota de agua. Frente a los 14.160 millones de euros que invirtió Hong Kong en 2003 o los 3.360 de EE UU, España se dejó 22 millones. Casi 19 de ellos, según datos de la oficina comercial de España en Pekín, correspondieron a la inversión de Dia España en apertura de tiendas. Como explica Alejandro Alvargonzález, las oportunidades están abiertas, sobre todo 'porque España no tiene imagen en China y eso es una ventaja'.

En el aeropuerto de Pudong, en Shanghai, un empresario vasco que ha realizado ya varios viajes al país reconoce que el fenómeno de la deslocalización es un problema grave, pero que para cualquier pequeña empresa, China 'es un balón de oxígeno'. Los índices salariales no tienen comparación siquiera con los de otros países del entorno.

Si se toma como índice de referencia el coste por hora de un obrero estadounidense (100), el coste en China es de 3,3, muy por debajo del 41 de Corea del Sur y competitivo frente al 12,3 de Malaisia o el 8,7 de Tailandia. Aunque se prevé la equiparación fiscal hacia 2006, actualmente existen incentivos a las empresas productivas de capital extranjero: dos años de vacaciones fiscales y tres años de exención del 50% en el impuesto de sociedades (un 15% frente al 30% de las compañías locales) a partir del primer año de beneficios.

'Algunos de los que han venido lo han hecho porque son conscientes de que no pueden seguir produciendo a precios españoles. China tiene una economía lo suficientemente frágil como para no poder permitirse tensiones políticas. Y eso es un pasaporte de seguridad para venir aquí', resume Alvargonzález. En el otro lado de la balanza, una débil protección de la propiedad intelectual, un sistema legislativo y judicial que aún adolece de falta de transparencia y la necesidad de esperar de cinco a siete años para obtener beneficios frenan a muchos. 'Hay que ser tenaz y olvidarse de la idea de obtener un beneficio rápido', concluye Jorge Adjani.

La importancia de contar con buenos socios y un intérprete de confianza

Una de las piezas pesadas del camino hacia el éxito de Eurolatón han sido los socios chinos de Carlos Pérez Padrón. Pan Zulin (Paco) y Li Yu Ping (Ana), quienes siguen la costumbre en el país de rebautizarse con nombres que faciliten las relaciones con los occidentales, se encargan de gestionar el día a día de la fábrica. 'De ellos he aprendido la inmensa capacidad de trabajo que tienen', explica Pérez Padrón. Ambas partes tienen una joint venture a la que le restan 17 años para finalizar. No hablan el mismo idioma, pero las relaciones son fluidas. 'Aunque Eurolatón España pueda tener la mayoría en la sociedad, las decisiones importantes las tomamos conjuntamente', señala Pérez Padrón. La clave de ese diálogo la tiene la mano derecha del empresario, un joven de 24 años llamado Jiang Shen Lin y rebautizado como Feliciano. Shen Lin habla un español impecable que utiliza en la conversación diaria que mantiene con su jefe y en el viaje mensual que éste hace a Yuhuan. Pérez Padrón tiene una habitación acondicionada en un edificio adyacente a la fábrica, donde se aloja también su ayudante y los invitados de negocios que el empresario recibe. En Yuhuan, un territorio salpicado de fábricas, no hay infraestructura hotelera. Por ello el año que viene Eurolatón tendrá que construir más habitaciones para alojar a los trabajadores que acuden desde lejos.

La experiencia

Eurolatón, de la crisis al éxito en tres años

Cuando llegó a Yuhuan, en la provincia de Zhejiang, tras casi 15 horas de viaje y dispuesto a hacerse con un flamante terreno adquirido al gobierno provincial para instalar su fábrica, se encontró con unas desoladas salinas. 'Allí no había nada, sólo agua. Y recuerdo que pensé: ¿cómo voy a hacer algo aquí?'.

Hoy, las salinas de Yuhuan son una fábrica de 22.000 metros cuadrados. El año que viene serán 40.000. En 2007, 55.000. Carlos Pérez Padrón, presidente de Eurolatón, lleva tres años produciendo en China y es propietario de una empresa de fabricación de herrajes con central en Galicia y filiales en China, Alemania y México. Fabrica seis millones de manillas al año y factura 21 millones de euros. El año que viene, con la ampliación de la fábrica de Yuhuan, serán 10 millones de manillas y alrededor de 26 millones de facturación. El grupo exporta a 42 países, entre ellos EE UU, Alemania, Reino Unido, Portugal, Italia y Corea del Sur.

Pocos años atrás, las opciones de Pérez Padrón y Eurolatón no eran muchas. Tras hacer el esfuerzo de comprar la compañía a sus socios portugueses se dio cuenta de que o salía al exterior o cerraba. 'En aquel momento sólo tenía esa opción. Cuando oigo hablar de deslocalización recuerdo que gracias a venir aquí mi empresa no sólo sigue a flote, sino que he creado 45 nuevos puestos de trabajo en Caldas de Reyes, donde mantengo la central. La otra opción hubiese sido cerrar. ¿Habría sido mejor?'.

En la fábrica de Yuhuan trabajan 1.070 personas. Vestidos con monos rojos, la media de edad es de 28 años. El horario de producción de la fábrica y los salarios explican el milagro chino. Se produce de lunes a domingo de seis de la mañana a doce de la noche en tres turnos. Los peones cobran 200 euros al mes. Los trabajadores cualificados, 500. A la hora del almuerzo se les ve durmiendo sobre las varillas de metal.

Pese a lo exiguo de los sueldos, la competencia que ha generado la entrada de empresas extranjeras ha elevado los salarios en la zona. Los trabajadores chinos no dudan en trasladarse de provincia, a miles de kilómetros, si se les ofrece un sueldo mejor. Y las empresas lo saben.

'Nos hemos convertido en los líderes del sector en España', resume Pérez Padrón mientras recorre su fábrica. 'Ahora puedo ir a la feria de Chicago, por ejemplo, y poner mis condiciones. Cuando fabricaba en España no tenía acceso a esos mercados'. Una de las claves, sostiene, es el estricto control de calidad de la producción.

Además de que la empresa cuenta con un certificado de calidad, en la fábrica la producción es revisada hasta tres veces por los operarios para detectar productos defectuosos.

En la fábrica de Yuhuan se produce de seis de la mañana a doce de la noche

A cada objetivo una fórmula legal

Antes de proponerse poner el pie en China hay que decidir bajo que forma societaria es más conveniente hacerlo. Más que el capital, explican desde la oficina comercial en Shanghai, aquí lo determinante son tres factores: el objetivo de la inversión, las limitaciones del régimen jurídico chino y los contactos.

l Oficina de representación

Es la opción más modesta, sólo útil si lo que se persigue es tantear el mercado, buscar oportunidades de negocio, dar servicio posventa al cliente o simplemente 'estar' en China, dada la importancia que los clientes del país otorgan a la cercanía y el trato personal.

l Empresa 100% extranjera

Si lo que se desea es producir en China, prestar servicios en el país o escalar posiciones en el mercado una empresa de capital 100% extranjero puede ser una buena opción, siempre que no se trate de un sector vetado a este tipo de empresas (tras la entrada de China en la OMC se supone que serán cada vez menos). Se trata de sociedades de responsabilidad limitada con un capital mínimo de 112.000 euros. El Gobierno chino publica una lista de sectores restringidos, prohibidos e incentivados en Internet: www.fdi.gov.cn.

l 'Joint venture'

La búsqueda de un socio chino para crear una empresa mixta es fundamental para operar en los sectores vedados a las empresas de capital 100% extranjero. También es una buena opción en otros sectores cuando se considere oportuno contar con la ayuda de un socio que conozca el mercado. Se trata de sociedades de responsabilidad limitada que están sujetas a la aprobación del Gobierno.