Lealtad, 1

El peso muerto de Estados Unidos

La cantinela euroescéptica tiene un amplio predicamento en el mundillo de las finanzas, tradicionalmente anglófilo. Así, normalmente se ha tomado como modelo Estados Unidos, y si la Bolsa europea subía era debido al contagio del dinamismo estadounidense.

Sin embargo, últimamente algunos profesionales del sector comentan que posiblemente la Bolsa europea en general, y la española en particular, estaría más alta de lo que está actualmente si no fuese por los desequilibrios que acucian a la economía estadounidense y que cortan las alas a la Bolsa.

El cambio de agujas ha sido notable y se inició cuando Enron, Worldcom y otras pusieron de manifiesto que no es oro todo lo que reluce. De igual modo, la política fiscal del actual Ejecutivo estadounidense ha convertido en anécdota la ruptura del Pacto de Estabilidad en Europa. Pasar de un superávit del 1% a un déficit cercano al 5% con una economía en teórica recuperación -si nos atenemos a las cifras y a los discursos de Alan Greenspan- es un auténtico hito de la indisciplina.

Hoy por hoy, cuando se barajan los riesgos para la economía mundial, éstos suelen referirse, bien al alza del precio del petróleo, bien a los desequilibrios de Estados Unidos, bien al riesgo de enfriamiento en China. El riesgo que supone el doble déficit estadounidense es, también, de doble filo. Por un lado, supone un riesgo potencial para el dólar la necesidad constante de financiación externa. Una financiación que se dirige principalmente a deuda -para pagar, a su vez, el déficit- y que se mantiene en precario equilibrio precisamente porque los países asiáticos quieren un dólar alto.

Por otro lado, existe el peligro de que el insoslayable ajuste fiscal termine haciendo daño a la economía cuando pasen las elecciones.

El mercado, que suele ver las cosas antes que los expertos, se ha puesto manos a la obra. En los últimos 12 meses el Ibex sube el 19% y el Dow el 2,48%. En euros, el índice de Wall Street cae el 4,35%. Sin embargo, en el día a día de los mercados lo que manda, al fin y al cabo, es el comportamiento de Wall Street. La citada brecha se ha generado a base de pequeñas diferencias. Queda la duda, pues, de dónde estaría el mercado europeo si los riesgos de EE UU no enfriasen el ánimo de los inversores.