CincoSentidos

Las mujeres ilustradas que retrató Goya

El Museo del Prado es un lugar sagrado y, naturalmente, a Goya te lo encuentras'. Uno de los encuentros más emocionantes de la historiadora Natacha Seseña con el maestro aragonés tuvo lugar en 1996, preparando la exposición Vida cotidiana en tiempos de Goya. Como comisaria de la misma, Natacha Seseña buceó en la vida de la corte y del pueblo, investigó objetos y documentos, los más interesantes, la correspondencia del artista con su amigo de la infancia Martín Zapater. Ya entonces se le quedó grabada la idea de acercarse a la vida y obra del pintor a través del papel que las mujeres desempeñaron en su pintura y su biografía. Más tarde, en 2002, encontró un referente en la muestra Goya y la imagen de la mujer.

Ahora, esta profesora y miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid descubre las relaciones del pintor con sus modelos en el libro Goya y las mujeres, editado por Taurus. No se trata de una nueva visión feminista ni un mero análisis de una selección de cuadros, sino que Natacha Seseña intenta desentrañar el papel de la mujer en un periodo de luces y sombras. 'Goya es el que mejor refleja esas contradicciones'. Después de la revolución francesa, la sociedad se plantea la irrupción de la mujer en la sociedad. 'Salen a la calle, a enterarse, a leer', destaca Natacha Seseña.

Son las mujeres que entraron en las academias y sociedades ilustradas en una época en que el peso de la tradición que encarnaba la Iglesia todavía era aplastante. Mujeres como la marquesa de La Solana, la marquesa viuda de Villafranca, la de Santa Cruz, la condesa de Fernán Nuñez, la marquesa de Santiago, la de Pontejos, la condesa duquesa de , la duquesa de Osuna, la de Abrantes, la marquesa de Lazán y la de Villafranca, la condesa de Chinchón y, especialmente, la duquesa de Alba, que ejerció una enorme fascinación sobre el pintor, dando pie a distintos enfoques por parte de historiadores y escritores.

La duquesa de Alba encarnaba para Francisco de Goya la idea del eterno femenino

Natacha Seseña, sin embargo, separa historia y leyenda. De la popularidad y belleza de Teresa Cayetana de Silva y Álvarez de Toledo dieron cuenta sus contemporáneos, seducción que también alcanzó a Goya, para quien la duquesa encarnaba la idea del eterno femenino. La autora relata la rivalidad con la reina María Luisa y las anécdotas que la inquina generó.

Goya no sólo retrató nobles y aristócratas, también pintó a la incipiente burguesía, como Sabasa García, sobrina de un mecenas del pintor, Thérèse Louise de Sureda, su mujer Josefa Bayeu, a la que dibuja con cofia, o las Goicoechea, mujeres de su familia política. La autora también dedica unas páginas a su relación con Martín Zapater. A la vista de las expresiones de afecto que muestran las cartas, Natacha Seseña sostiene que Goya sintió por su amigo algo más que amistad y concluye que entre ambos hubo un 'homoerotismo de alto voltaje'.

La duquesa de Alba y la condesa de Chinchón

Natacha Seseña se reencontraba el pasado viernes en el Museo del Prado con muchos de los cuadros de Goya que analiza en su libro. Fue durante la presentación de la exposición El retrato español. Del Greco a Picasso, que revisa cinco siglos del retrato español a través de obras como La familia del infante Don Luis, que se conserva en la Fondazione Magnani-Rocca, de Parma; La condesa de Chinchón, propiedad del Museo del Prado, o los retratos que el maestro pintó de la duquesa de Alba, el blanco, en la Fundación Casa de Alba, el negro, en The Hispanic Society of America (Nueva York).

Goya retrató a la duquesa de Alba como maja, como vestían las mujeres del pueblo (en el siglo XVIII la nobleza imitaba a las clases bajas, en sus costumbres e indumentaria), pero no sirvió de modelo para sus célebres Majas, cuadros que, al parecer, fueron un encargo de Godoy.

Precisamente, con la esposa de éste, la condesa de Chinchón, mantuvo el maestro aragonés una relación de afecto y cariño visible en los cuadros que de ella realizó. Primero siendo niña en el cuadro de familia junto a su padre el infante Don Luis (hermano de Carlos III), en un gesto de complicidad con Goya, y con 20 años, ya casada con el Príncipe de la Paz y embarazada, ambos considerados obras maestras.