Móvil

Las antenas camufladas aceleran el despliegue del UMTS

La fobia que se ha desatado contra las antenas de telefonía móvil en gran número de municipios ha provocado una auténtica revolución en la estrategia del despliegue de las redes de tercera generación UMTS que Telefónica Móviles, Vodafone y Amena realizan hoy de forma intensiva en la práctica totalidad de las principales ciudades españolas.

Ninguno de los procedimientos, incentivos y acuerdos que fueron recibidos con auténtico júbilo hace menos de 10 años, cuando se inundó España con 28.000 repetidores de GSM en un tiempo récord, parecen ahora asumibles en ningún municipio y por una sola comunidad de vecinos.

La psicosis colectiva de que las emisiones radio eléctricas asociadas al móvil son dañinas para la salud ha obligado a las operadoras y a los fabricantes a cambiar radicalmente la estrategia en la implantación de las 3.500 antenas de UMTS, que se instalan de forma casi simultánea en estos momentos.

Son cuatro las modificaciones más sobresalientes que se han introducido en la metodología del despliegue. A juzgar por los resultados, la nueva política está surtiendo su efecto.

Segundo plano

La primera modificación estratégica se basa en que no sean las operadoras (como ocurrió con el GSM) quienes den la cara ante los ayuntamientos y las comunidades de vecinos responsables de los edificios y las localidades donde se quiere instalar un repetidor celular de tercera generación.

En la mayoría de los casos Telefónica Móviles, Vodafone y Amena quedan en un segundo plano. Son sus suministradores de red, Ericsson, Siemens y Nortel, y las empresas instaladoras subcontratadas por ellos, quienes, primero, entablan las negociaciones con los administradores locales y los vecinos; y, posteriormente, quienes suscriben los contratos de arrendamiento de los emplazamientos donde se ubicará el repetidor.

Mimetización

La segunda modificación en la estrategia del despliegue es seguramente la más llamativa. Los suministradores de equipos ofrecen a los ayuntamientos y a las comunidades de vecinos propietarias de los inmuebles un amplio catálogo de antenas. Los nuevos modelos de repetidores presentan formas exteriores completamente diferentes de esa estructura fea y monótona de un mástil cargado de bocinas característico del GSM, que se ha hecho habitual en los tejados de las ciudades y en los márgenes de las carreteras.

La nueva gama de antenas de tercera generación de móvil cuenta con las formas más variadas.

Siemens, por ejemplo, tiene modelos con forma de chimenea, cornisa o farola. Nortel ofrece antenas con apariencia de anuncio luminoso, árbol o sillar de cantería.

Ambos fabricantes explican que los nuevos equipos repetidores han sido diseñados con estas formas con el fin de que 'puedan mimetizarse con el entorno urbanístico en el que van a quedar instalados de manera permanente'. Se trata, en definitiva, de ofrecer productos tecnológicos a la carta, cuya forma externa no destaque ni llame la atención en relación con el entorno.

Los suministradores aseguran que la nueva línea de productos responde 'al intento de los fabricantes por adaptarnos al avance de la conciencia urbanística y medio ambiental que se ha desarrollado con fuerza en las ciudades españolas durante la última década'.

Expertos del sector reconocen, no obstante, que con la nueva forma de las antenas, el sector pretende dar respuesta al clima contrario al despliegue de repetidores que se ha adueñado de la conciencia colectiva en muchos municipios del país.

Argumentan que al 'camuflar la presencia de muchas de las instalaciones, el rechazo que provoca su presencia explícita tenderá a mitigarse'.

Afirman estos expertos que 'el recurso al camuflaje de las antenas es absolutamente legítimo'. Lo justifican porque 'todos los estudios disponibles demuestran que las emisiones radio eléctricas de la telefonía celular no son nocivas para la salud. Cualquier síntoma de enfermedad que se alegue por esta causa tiene que tener un origen psicosomático. Tales síntomas no pueden sino mejorar con la desaparición de aquellos elementos que aparentemente los causan'.

Ubicación compartida

La tercera de las estrategias puestas en marcha en este nuevo despliegue consiste en utilizar para los repetidores de UMTS, en muchos casos, las mismas ubicaciones en las que ya había equipos de GSM. Los fabricantes han desarrollado equipos mucho más pequeños y donde antes cabía solo una estación de GSM, ahora conviven los equipos de red móvil de segunda y tercera generación.

Respaldo legal, técnico y sanitario

Otra modificación significativa en la estrategia de los operadores y fabricantes para afrontar con garantías este momento de despliegue intensivo de las redes de UMTS, consiste en ofrecer un amplio argumentario y un sólido soporte técnico, legal y sanitario a los equipos que buscan por toda la geografía nacional nuevos emplazamientos para las antenas.

Una propuesta real de contrato de arrendamiento que hace a una comunidad de vecinos uno de los tres suministradores de equipos de red citados anteriormente, asociado a un instalador, contiene más de 110 páginas.

En este voluminoso expediente se incluyen ocho documentos diferentes.

El primero es la propuesta de contrato de arrendamiento. El segundo es una descripción, con múltiples gráficos y leyendas, en la que se detallan las características de la instalación que se va desplegar en la finca del arrendador.

El tercero es un catálogo en el que están fotografiadas otras antenas ya instaladas. En ellas se aprecian las formas distintas que pueden adquirir los equipos para camuflarse o mimetizarse con el edificio en el que van a ser colocados.

El cuarto papel es un estudio amplio en el que se recogen la normativa aplicable en este caso sobre protección de la salud.

El quinto papel es una copia de un decreto ley de 2001 en el que se aprueban las condiciones de protección del dominio público radioeléctrico y sus restricciones. El sexto documento es un estudio del Ministerio de Sanidad y Consumo titulado 'Campos electromagnéticos y salud pública'.

El séptimo papel es una carta del decano del Colegio de Ingenieros de Telecomunicaciones que avala la inocuidad para la salud de la instalación. El último documento es una copia de las ordenanzas municipales aplicables de la ciudad donde se ubicará la antena.