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El otoño de Praga

Se trate de un encuentro primerizo o de un reencuentro nostálgico, Praga siempre sacude las conciencias. Es una de las grandes capitales históricas de la Vieja Europa, que se adelantó en muchas cosas a las demás. Su esqueleto medieval está relleno de una espléndida carnadura barroca. En ella se han originado o fermentado aconteceres políticos y religiosos de primera fila (Guerra de los Treinta Años, tras la Defenestración de Praga, Reforma Husita, Primavera del 68 y Revolución de Terciopelo de 1989 contra la bota comunista). Mozart estrenó allí su Don Giovanni, y Smetana, Dvorak o Jánacek elevaron el estro nacionalista a las nubes. Como ciudad literaria, Praga no admite parangón, no sólo por ser el hogar de Kafka, sino sobre todo por la legión de poetas y narradores de la talla de Nezval, Rilke, Gustav Meyrink y Oskar Wiener que abrieron cátedra en los cafés y cervecerías de esta gran rebelde con causa.

Abarcar todas las facetas de esta auténtica hidra moldava es misión imposible, a menos que adopte uno la sana costumbre de volver por allí de vez en cuando. Por ejemplo tomando como excusa los espléndidos festivales de primavera y otoño; allí se puede ir a la ópera como aquí se va al cine, sin mayores problemas y sin arruinarse. Aunque dentro ya de la Unión Europea, la vida, de momento, se puede disfrutar sin cortapisas financieras y sin otros límites que nuestra propia curiosidad o capacidad.

Tanto si es la primera cita como si es reencuentro, el diálogo con Praga debería empezar en lo que viene a ser su ombligo, la plaza de la Ciudad Vieja. Allí, bajo el reloj astronómico y sus autómatas, en el Ayuntamiento gótico, suelen quedar los indígenas o iniciar los grupos de turistas su exploración. Esta plaza junto con la colina del castillo (Hradcany) conforman los dos polos entre los cuales se dispara la corriente voltaica de visitantes. La iglesia de Nuestra Señora de Tyn, con esos pináculos que a Nezval parecían 'reunión de nigromantes', preside esta plaza llena de símbolos y evocaciones, como ese monumento a Jan Hus, precursor de la Reforma, o las casas medievales y edificios clasicistas y modernistas por los que se movió aquel empleado de seguros que escribía en alemán, pero que encarna como nadie el espíritu kafkiano de esta ciudad.

Kafka era judío y nunca se alejó mucho del círculo mágico de esta plaza, a cuyas espaldas queda el Josefov, el histórico barrio hebreo, demolido en 1893 para sanearlo, perdonando tan sólo el cementerio (más de 12.000 lápidas), el Ayuntamiento judío y algunas sinagogas, como la Española y la Altneu o Staronová (Vieja-nueva).

Para ascender al otro polo, la colina del castillo, hay que atravesar el puente de Carlos: medio kilómetro de sillería gótica y crestería barroca, con una treintena de santos y angelotes contrarreformistas y teatreros. Ese tramo, lleno a rebosar de pintores, artesanos, músicos soñadores y hasta algún que otro pillo, es un auténtico zoco planetario. Al cabo del puente, tras franquear otra puerta y torre góticas, se remansa el barrio de Malá Strana, en torno a la pomposa iglesia de San Nicolás. Luego, subiendo la cuesta criminal de la calle Nerudova -donde vivió Jan Neruda, de quien tomó prestado su alias literario el Nobel chileno Neftalí Ricardo Reyes- se accede por fin al castillo: un reducto o ciudad palatina donde residieron los reyes de Bohemia y reside ahora el presidente de la República, y donde se alzan dos templos fabulosos, el monasterio de San Jorge (convertido en galería de pintura antigua) y la catedral de San Vito, empezada en 1352 y rematada en 1929.

Desde los miradores que ciñen aquellas alturas, Praga se ofrece como una fruta cuya pulpa más íntima permanece sumergida bajo la costra de torres, cúpulas y tejados; como lo que ha sido y sigue siendo: un enigma.

El diálogo con la ciudad debe empezar en lo que viene a ser su ombligo, la plaza de la Ciudad Vieja. Bajo el reloj astronómico suelen iniciar los turistas su exploración

Guía para el viajero

Festival de otoño

Conciertos en el Rudolfinum en la segunda quincena de septiembre: Orquesta de Xalapa (día 17), Filarmónica Checa (día 21), Orquesta de la Radio Checa (día 22). Palacio de Lucerna: Paco Peña con su grupo (día 28). Más información: www.pragueautumn.cz, reserva de entradas: vstupenky@pragueautumn.cz, o fax: 420 222 540 415. Precios entre 3 y 36 euros.

Cómo ir

CSA Czech Airlines (915 426 166, www.czech-airlines.com) tiene dos vuelos diarios y directos desde Madrid a Praga y un vuelo diario directo desde Barcelona. La línea de bajo coste Smart Wings (00 800 1718 1920, www.smartwings.net) tiene un vuelo diario desde Madrid (excepto los jueves), a partir de 49 euros por trayecto.

Dormir

Hotel Barceló Praha (Na Strzi 32, +420 241 440 022, www.barcelo.cz) un cuatro estrellas bien comunicado por metro. Hotel Andel's (Stroupeznickeho, 21, 420 296 889 688, www.andelshotel.com). Hotel Corinthia Towers (Kongresova 1, 420 261 191 111, www.corinthia.cz).

Comer

Klasterni Pivovar (Strahovske nadvori, 302 -en el complejo del monasterio de Strahov, una de las visitas obligadas de Praga-, 420 233 353 155). Triton (plaza San Wenceslao, 26, en el hotel Adria, 420 221 081 111. Lobkowicz Palace Café (Jirska, 3, en el castillo de Praga, 420 315 709 111). Café Imperial (Na Porici 15, 420 222 316 012) en hotel histórico de estilo modernista; menú italiano por 3 euros. Ceská Kuchyne (Havelská 23, 420 224 239 331), autoservicio a un paso de la plaza de la ciudad vieja, se puede comer bien por 3 euros.