Secretos de despacho

Serenidad en Norman Broadbent

Sobre su mesa de trabajo siempre hay algún billete de avión y el pasaporte en orden. Krista Walochik, nacida en Virginia (Estados Unidos) hace 48 años, vive entre Madrid y Londres, donde está la sede de la consultora de búsqueda de directivos NB Norman Broadbent, en la que trabaja como consejera delegada. Habitualmente pasa cuatro días fuera de España e intenta compaginar, de la mejor manera posible, su vida familiar con su puesto directivo.

Sabe que no es fácil combinar el binomio mujer-ejecutiva. 'Cuando te ofrecen un puesto como el mío es muy difícil rechazarlo, porque supone una gran oportunidad profesional y un gran reto para desarrollar y diversificar el negocio en el que llevo trabajando más de una década', afirma. A su carrera también contribuye su familia: un marido comprensivo y una hija de 12 años que desde pequeña aprendió a distinguir (como ya le inculcara a la propia Walochik su madre, de profesión catedrática) entre cantidad y calidad.

Reconoce que trabaja una media de 11 horas al día y que no conoce ninguna fórmula con la que poder atender sus funciones directivas en menos tiempo. 'Hay que medir la eficiencia, pero soy muy mala dividiendo los tiempos. Me gusta dedicar tiempo a las personas y no entiendo otra forma de hacer mi trabajo. Sería muy difícil asumir una posición como la que tengo empleando sólo seis horas al día', explica esta ejecutiva, que cuando está en Madrid suele reservarse una hora a mediodía para asistir a clases de canto o para mantenerse en forma con el método Pilates. Además de tiempo para su equipo, necesita trabajar en espacios serenos, que favorezcan la conversación. Por ello, y a pesar de que el azul no es su color preferido, decidió pintar la oficina, ubicada en el barrio de Salamanca de Madrid, en este tono.

'Somos poco hábiles al medirnos en función del éxito de nuestros colaboradores'

A Krista Walochik no le gusta la crispación y se define como una directiva que intenta ser justa en el trato con las personas. 'También le doy mucha importancia a la autonomía de los profesionales que trabajan en esta compañía. Me gusta que me reten, pero como tengo mucho carácter no se suelen atrever'.

Procura rodearse de personas inteligentes, que aporten ideas y sobre todo que tengan empatía, algo esencial para una empresa que se dedica a vender servicios. Y agrega que su trabajo siempre está orientado a resultados. 'No entiendo el negocio si no sé adónde vamos ni los recursos que vamos a tener. Una vez que tengo las cosas claras dejo que el resto de los profesionales tome sus propias decisiones'.

Considera, y habla desde la experiencia que le da trabajar en una consultora dedicada a la búsqueda y formación de directivos, que los ejecutivos españoles están perfectamente capacitados para competir en mercados internacionales. 'El talento es mayor del que pensamos. Exportamos profesionales muy bien formados y con experiencia en compañías maduras y en multinacionales. Tenemos una generación de directivos al frente de proyectos internacionales muy importantes', explica Walochik, quien señala como asignatura pendiente el desarrollo del trabajo en equipo. 'Somos muy buenos en planificación, en generar resultados, y somos poco hábiles al medirnos en función del éxito de nuestros colaboradores. Tendríamos que otorgar una mayor autonomía en la toma de decisiones'.

Krista Walochik es licenciada en Filología Española, llegó a España en 1975, vivió la transición y decidió quedarse. Inició su carrera en KPMG, donde fue una de las pioneras en la búsqueda y selección de ejecutivos. En 1994 se incorporó a Norman Broadbent. Quiere pensar que hace bien su trabajo y ahora está dispuesta a afrontar el nuevo reto profesional que se le presenta: implantar en Londres el modelo y la diversificación de negocio de consultoría que ha desarrollado en España.

El ábaco de la suerte

Junto a los libros de consulta, Krista Walochik guarda con cariño un objeto especial: un ábaco chino que le regaló su primer cliente en la consultora, con un consejo: en la vida no hay que medirlo todo ni hay que tener ideas preconcebidas. 'Lo llevo siempre conmigo y me ayuda a recordar que todo es flexible y que se trata de crear y de construir'.

Lo que sí quiere ahora es intentar medir el impacto del éxito dentro del sector en el que se mueve. Señala que su grado de transparencia va más allá del discurso y que necesita para trabajar ventanas por las que pueda entrar un chorro de aire fresco y luz natural.

Frente a su mesa, tiene un cuadro pintado por su hija, inspirado en la técnica y el colorido de Van Gogh. Y dos obras de uno de sus pintores preferidos: Joaquín Magariños. 'Me gustan porque tienen perspectiva y horizontes'.