Lealtad, 1

La mal llamada tensión geopolítica

El eufemismo no sólo tiene nombre de enfermedad. Lo es, y cada vez más contagiosa. La primera guerra de Irak -aquella de los daños colaterales- abrió la veda, y ahora las propias guerras se llaman intervenciones. Y las crisis internacionales son tensión geopolítica, como si se dispusiese de un aparato capaz de tomarle el pulso al mundo en general y a Oriente Medio en particular.

Los mercados financieros, pues, han de tomarse a diario la tensión geopolítica, cuyos niveles son altos y preocupantes. El precio del petróleo ya refleja la complejidad de la situación en Oriente Medio, por más que hoy por hoy la atención sobre el tema gire alrededor de los recortes de producción decididos por la OPEP, poco comprensibles y que parecen elegidos al buen tuntún.

El problema no es sólo la situación actual en la zona, sino las altas probabilidades de deterioro. El barril está a 38 dólares pero, por ejemplo, un agravamiento de la situación y una eventual parálisis de la producción no ya en Irak, sino en Arabia Saudí, puede poner al mundo al borde de un choque petrolero como aquellos de los años 70. Analistas como Stephen Roach señalan, en todo caso, que no se debería hablar de una crisis de precios hasta niveles cercanos a los 50 dólares. Pero, como resulta obvio, no es positivo que el barril esté 10 dólares por encima de lo que tenían presupuestado Gobiernos y organismos internacionales.

En este sentido, no falta quien señala que, precisamente, los altos precios del crudo son una forma de estabilizar a golpe de talonario la península arábiga, rica en petróleo, pobre en democracia y atosigada por el auge del integrismo. Acostumbrada como está -últimamente- la sociedad a teorías conspiratorias, esta no es de las peores.

En todo caso, la mal llamada tensión geopolítica -ojalá sólo fuese eso- ha traído un problema inesperado a los mercados financieros, como es el precio del barril. A este foco de incertidumbre se le ha de añadir el efecto de las perspectivas de subidas de tipos, un efecto que se refuerza con el petróleo caro y que, probablemente, se agudice tras el IPC de hoy.

El resultado es la creciente aversión al riesgo de los mercados financieros, que se deja ver en puntos de Ibex pero, sobre todo, en la huida de dinero desde activos de baja calidad.