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El negocio de las balas perdidas en Brasil

La rentabilidad puede salir de las cosas más insospechadas, incluso de una bala perdida. Mientras la violencia desatada el sábado por una guerra entre favelas azota las calles de Río de Janeiro y mantiene en vilo a los cariocas, alguien saca partido: las empresas dedicadas a la seguridad. La firma especializada en blindajes de coches Piquet Blindages Especiais ha hecho su agosto: en cuatro días ha cerrado doce contratos, sólo tres menos que los quince logrados en todo marzo.

'La demanda aumentó muchísimo, tuvimos que abrir el Sábado y el Domingo de Pascua. Las llamadas y los mensajes por correo electrónico no cesaban. Y cada día que pasa aumentan por la preocupación de la gente', dice Ernani Júdice, copropietario de la empresa. La última vez que recuerdan un aumento de demanda, que en todo caso fue menor que la de ahora, tuvo lugar hace unos dos meses, cuando se produjo una muerte accidental por una bala perdida.

Y es que el crecimiento del negocio de los coches blindados va en paralelo al de la violencia. Según las estadísticas conocidas esta semana, Brasil sufrió una media anual de 30.000 muertes violentas en los últimos 20 años, más del doble que las bajas en la guerra de Irak. En ese periodo la tasa de homicidios ha aumentado un 130% y la prensa hasta habla de 'guerra civil brasileira'. En consonancia, el mercado de coches blindados creció en 2003 más de un 100%. El año pasado se blindaron alrededor de 6.000 coches, lo que sitúa a Brasil a la cabeza del ranking mundial de este mercado, donde comparte protagonismo con países como Colombia y México.

El tipo de demanda cambia según la coyuntura. La violencia de los últimos días, que ya ha dejado 12 muertos en la ciudad brasileña, ha propiciado que los clientes que llegaban a Piquet pidieran coches nuevos con el blindaje ya incorporado. 'No querían esperar ni un día' para tener un vehículo blindado, puntualiza Júdice. Normalmente el producto más vendido es el que blinda contra las balas de una pistola tipo Mágnum 44, enfocado a la protección contra los habituales atracos que se producen en las calles de Río. Esta semana, sin embargo, ha aumentado la demanda de un blindaje más completo, que protege el coche contra las balas perdidas de fusil. Más sofisticado y menos común, existe el blindaje contra bala directa de fusil, en el que los cristales de las ventanillas son tan gruesos (cuatro centímetros) que ni permiten subirlos o bajarlos. Este blindaje aumenta el peso del coche unos 700 kilos y está destinado a jefes de Estado y grandes personalidades, pero en Brasil también lo usan ciudadanos de a pie.

Además, ha crecido mucho la demanda de blindaje de coches pequeños, más discretos, como el Volkswagen Golf o el Toyota Corolla. Antes el mercado estaba orientado principalmente a las empresas, pero la caída del precio -las piezas ya no se tienen que importar porque hay producción local- y la creciente inseguridad han hecho que la clase media se incorpore a la lista de clientes. Los precios varían desde 50.000 reales (14.000 euros) a 200.000 reales (57.000 euros), una cantidad aún elevada para un país en el que el salario medio no alcanza los 100 euros.

La perspectiva de negocio es buena. Mientras el Gobierno federal y el estatal mantienen un rifirrafe para aclarar responsabilidades en la lucha contra la violencia, Piquet Blindages Especiais acaba de abrir su tercera fábrica en Brasil, una de las mayores del país, y proyecta expandir el negocio a Reino Unido. La empresa cree que el miedo al terrorismo les abre una oportunidad de negocio en Europa.