Lealtad, 1

Entre Irak, Nokia y el desempleo

No hay manera de aclararse en la situación actual, tan cambiante como el tiempo primaveral. Tan pronto se estropean las perspectivas de mercado para los próximos meses y los gestores no esconden el perfil defensivo de sus carteras como la situación se soluciona de un día para otro. Hasta que vuelve a estropearse. Unas oscilaciones harto diferentes de la estabilidad de meses atrás, que había conducido a los inversores a una somnífera complacencia.

Los mercados, tanto los de renta fija como los de renta variable, cotizan ahora mismo en niveles anteriores al fatídico 11 de marzo. Algunos analistas, acertadamente, comentaban días después de los ataques que el dato de empleo de Estados Unidos de marzo, si resultase positivo y en caso de no mediar nuevos atentados, restablecería la situación. Una situación que se había complicado ya antes del 11-M a causa, precisamente, del empleo de febrero.

Aunque esta profecía sí se ha cumplido, el efecto de los atentados de Madrid -en el plano bursátil, se entiende- no ha pasado. Y no sólo porque, según todos los expertos y según el propio FMI, los inversores sean ahora especialmente sensibles a los riesgos terroristas. El 11-M ha introducido la volatilidad en el panorama de mercado actual.

De este modo, las noticias positivas y negativas se suceden con un orden no siempre coherente. Tras la famosa cifra de empleo -reafirmada con el índice ISM de servicios- viene Nokia a estropear el cuento de la lechera de los mercados. Justo cuando las grandes empresas estadounidenses tienen que confesar sus resultados. Por si fuera poco, la situación en Irak ha pasado de ser complicada e impredecible a totalmente incontrolable.

Los mercados europeos, con todo, capean la situación con una cierta solidez. Cierto es que las valoraciones están menos ajustadas que en Estados Unidos. Pero ello no ha sido óbice para que, en los últimos meses, la volatilidad fuese muy superior en la zona euro. Esta semana las tornas han cambiado.