CincoSentidos

Comprar un monasterio

El monasterio de Sopetrán está en venta. Los 120 propietarios, todos naturales de la comarca del río Badiel, han decidido desprenderse de esta propiedad, un tanto singular, situada en el término municipal de Hita (Guadalajara). Aspiran a conseguir 2,7 millones de euros.

El consejero delegado de la asociación de propietarios, José Luis Gómez Recio, señala que adquirieron el monasterio hace 12 años a los Hermanos de San Juan de Dios por 660.265 euros. Esta orden religiosa pretendía instalar un centro de rehabilitación de drogadictos. Los vecinos pensaron en darle otro uso, incluida la posibilidad de que se asentaran monjes (lo hicieron los benedictinos durante un tiempo). Pero al final han desistido. Como resalta Gómez Recio, 'es muy difícil crear un monasterio en el siglo XXI'.

Lo llamativo es que este monasterio no es un caso aislado. Como destaca Antonio Herrera Casado, escritor e historiador de Guadalajara, es imposible saber cuántos bienes de interés cultural hay en España en condiciones de abandono, de ruina o desaprovechados, pero son muchos los que están en manos de particulares o de pequeños ayuntamientos con presupuestos insuficientes para abordar su restauración.

Otro caso similar es el monasterio de Bonaval, propiedad del Ayuntamiento de Retiendas y que según Casado está siendo desvalijado.

Los Gobiernos regionales tienen la competencia sobre la protección del patrimonio cultural. En los casos de Sopetrán y de Bonaval, la encargada es la Dirección General de Patrimonio de Castilla-La Mancha, que no se ha pronunciado sobre el futuro de estos dos monasterios.

Wifredo Rincón, jefe del servicio de publicaciones del Consejo Superior de Investigaciones Científicas e investigador, asegura que todas las autonomías no son igual de cuidadosas con su patrimonio. Navarra, una de las comunidades con mayor nivel de renta, mantiene todo su patrimonio conservado frente a autonomías como Andalucía, Castilla-La Mancha y Castilla y León, menos conservacionistas.

Además, actualmente existe un mercado inmobiliario de casas singulares, cuyo destino final suele ser la hostelería. No hay que olvidar que el enclave de los monasterios, conventos, castillos, etc., es privilegiado.

Sopetrán, al igual que otros monasterios españoles, se encuentra en manos privadas a raíz de la desamortización de Mendizábal de 1865, cuando el Estado se hizo con la propiedad de muchos bienes de la Iglesia. Más tarde ese patrimonio se vendió en subasta pública y fue adquirido por particulares.

A partir de ahí, y ya en manos privadas, Sopetrán sufrió el robo de su piedra, incluidos los sillares (piedras talladas), y un incendio durante la Guerra Civil, que contribuyó al deterioro de una construcción cuyos orígenes se remontan al siglo VII por iniciativa del rey visigodo Gundemaro.

Sopetrán consta de más de 15 hectáreas, de las que 4.500 metros cuadrados están construidos y 2.000 están ocupados por una hospedería, cerrada actualmente.

Pese a los robos, aún conserva el claustro renacentista, que es la joya del monasterio, donde columnas y arcos se mantienen casi completos. Asimismo, cuenta con un torreón y un arco gótico y restos de la capilla gótica.

La desamortización de Mendizábal puso en manos privadas bienes religiosos

La hospedería está actualmente alquilada

La hospedería, que también se incluye en la venta, lleva dos años cerrada, pero abrirá sus puertas en breve, una vez que finalicen las obras de remodelación que están llevando a cabo los particulares que la han alquilado para su explotación.

Fue regentada de 1995 a 2002 por los monjes benedictinos de Leyre (monasterio de Navarra), que llegaron a Sopetrán con la idea de crear una unidad monacal. Durante su estancia, pusieron en marcha los oficios religiosos en una capilla y la convirtieron en foro de presentaciones de libros, cenas, coloquios, conferencias o reuniones de trabajo con presencia de personajes relevantes y autoridades.

Consta de 10 habitaciones dobles con baño, refectorio para 50 comensales, zona de estar, biblioteca y un salón multiuso, que antes era la capilla, con capacidad para 100 asistentes. Además tiene cocinas y licorería.

Cuando terminen las obras contará también con baños y rampas para minusválidos.