Lealtad, 1

El dinero fluye hacia los parqués

Si se analizan los informes de estrategia, las declaraciones públicas de los gestores y demás información sobre el sentimiento del mercado en los últimos seis meses se puede sacar la conclusión de que los inversores están totalmente volcados en la renta variable. Durante medio año han apostado por ella. Sin embargo, el dinero no ha empezado a entrar de verdad hasta el mes de diciembre. Es cuando ha repuntado el volumen de negociación.

Ahora mismo no debería quedar capital fuera de la renta variable y, según el viejo dicho, 'cuando el último bajista se vuelve alcista hay que venderlo todo rápidamente'. Es una forma de señalar que, cuando no queda dinero que esté fuera del mercado, no queda gasolina para alimentar nuevas ganancias. Por eso habría que vender en estos casos.

Sin embargo, la Bolsa actual no da señales de sobrecompra alarmantes. Los recientes ascensos hacen verosímil e incluso deseable una moderada corrección de las cotizaciones pero, a ojos de la mayor parte de los expertos, un movimiento de este tipo respondería sólo al corto plazo. Nadie, por el contrario, sugiere siquiera que la Bolsa se haya inflado demasiado y, precisamente por eso, ven con buenos ojos un alto en el camino.

Superado este bache o respiro temporal, afirman algunos, la entrada de dinero se acelerará, pues cada vez hay más inversores dispuestos a mojarse. Incluso se afirma que los valores más agresivos, como la tecnología seguirán tirando del mercado gracias al creciente apetito por el riesgo. No obstante, el sentimiento general es más cauto, y hay quien rota hacia defensivos a estas alturas.

Queda por llegar al mercado dinero tanto de los inversores particulares como de los institucionales como fondos de pensiones. En España el auge de los fondos garantizados está cortando las alas a los productos de renta variable, pero en Estados Unidos los minoristas están contratando fondos a ritmos dignos de la burbuja.

La baja volatilidad de la Bolsa es otro aspecto que invita a un cauto optimismo. Los inversores apenas tienen incentivo a esperar precios bajos para entrar en el mercado, pues las correcciones, a no ser que cambien mucho las condiciones del parqué, serán de cuantía limitada. De ahí la parsimonia con la que fluye el dinero hacia la Bolsa.

Por otro lado, la Bolsa ha mostrado una solidez sorprendente ante jarros de agua fría como Parmalat o el estancamiento del mercado laboral estadounidense, que no han erosionado el ánimo comprador. Lo que significa que el dinero no está esperando una excusa para realizar beneficios.