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CincoSentidos

Un mismo nombre en mil fachadas

Ha sentido alguna vez la curiosidad de saber cuántos establecimientos de hostelería comparten el mismo nombre? Si lo hace, tendrá que pensárselo dos veces antes de concertar una cita, sin concretar el número de la calle, en bares como Avenida o Casa Paco.

La coincidencia de rótulos es un problema que preocupa cada vez más a las patronales del sector, ante las crecientes protestas de los empresarios más antiguos. Y es que no siempre la coincidencia es achacable a la simple falta de imaginación, sino que, en ocasiones, esconde el propósito de situar un negocio nuevo al abrigo del éxito alcanzado por un competidor.

Emilio Gallego, secretario general de la Federación Española de Hostelería, reconoce que la coincidencia de nombres ha motivado ya varios conflictos en los tribunales. 'Es lógico que, cuando existen más de 300.000 negocios abiertos, algunos estimen que otros puedan haber obrado de mala fe, aprovechándose del prestigio de un nombre anterior', explica.

La patronal exige un registro especial para establecimientos de hostelería

No obstante, matiza Gallego, resulta bastante difícil avalar que alguien tenga la propiedad de nombres tan generalizados como Pepe o Paco. 'Existe una apropiación mucho más racional, que es por la vía de que el negocio con ese nombre destaque por su volumen o por su calidad'.

Esta circunstancia no impide que algunos nombres comunes no deban ser utilizados, por estar registrados como marcas. Es el caso, por ejemplo, de Parador, por el ente público Paradores, o Coyote, por una multinacional. En el caso de los nombres más generalizados, cuando el asunto llega a los tribunales, los jueces suelen recurrir a las patronales del sector para tomar en cuenta factores como la antigüedad del negocio o la cuota de mercado.

La Asociación de Bares y Restaurantes de La Rioja reclama la implantación de un registro especial para combatir las coincidencias. Enrique Arévalo, abogado de la patronal riojana, subraya que 'la culpa no es de los empresarios, sino de un vacío legal que resultaría bastante fácil de cubrir por la Administración central o las autonómicas, que disponen de datos suficientes para evitar que un establecimiento nuevo comparta el nombre con un competidor más antiguo'. Según señala, la normativa actual sobre marcas y rótulos fue pensada para evitar entre las grandes empresas conflictos que sí tienen las pymes. La Administración sólo interviene cuando un nombre o rótulo es soez u ofensivo, normalmente a instancia de los vecinos.

Furor por los lugares clásicos de EE UU

Dice la sabiduría popular que hacerse un nombre es tarea harto difícil. Pero, una vez ganada la fama, puede el agraciado echarse a dormir, aunque la competencia se encargará de que el sueño resulte breve. Esta regla no cuenta en el caso de los pequeños establecimientos de hostelería, donde ninguna normativa impide a los propietarios bautizar como quieran a sus negocios, salvo que la denominación ofenda la moral pública.La proliferación de bares, restaurantes y cafeterías con el mismo nombre se ha visto favorecida por dos factores. En primer lugar, la implantación de numerosas franquicias, pero en este caso no hay duplicidad, ya que el nombre constituye el signo identificativo del negocio. El segundo factor ha sido la influencia cultural norteamericana, que ha llevado a la proliferación de nombres de lugares que, con la globalización, parecen cercanos.Es el caso de poblaciones que podrían hacer millonarios a sus ciudadanos si cobraran royalties por la utilización de sus nombres. ¿Se imaginan los ingresos de Manhattan, California o New York? En el caso de los apellidos o de los nombres los royalties están en la satisfacción personal de los propietarios, que se encogen o estiran al compás de la marca del negocio. Son quienes peor llevan el cargar con los alborotos que se han producido en otros establecimientos con los que comparten el nombre.

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