Fusión abortada

Yukos y Sibneft firman definitivamente su divorcio

Menos de un año ha durado el matrimonio de las petroleras rusas Yukos y Sibneft, que en abril anunciaron una fusión con la pretendía crear la cuarta empresa de crudo mundial. Ambas han firmado hoy un protocolo que anula formalmente una operación suspendida el 28 de noviembre de 2003 y deshecha el 16 de diciembre, a raíz del acoso judicial y político emprendido contra Yukos, líder del sector en Rusia.

Los problemas comenzaron con la puesta en prisión de su entonces presidente, Mijaíl Jodorkovski, acusado de fraude a gran escala y evasión fiscal. El caso dejó entrever la mano del Kremlin, deseosa de controlar la petrolera. En abril, ésta anunció junto a Sibneft un proyecto de fusión que alumbraría un rival en potencia para colosos como Chevron o British Petroleum. El nuevo consorcio se haría con el 29% de la producción petrolífera de Rusia, llenaría más de 2,3 millones de barriles diarios y supondría unas reservas de unos 19.400 millones.

El pacto establecía que Yukos adquiriría un 92% de las acciones de Sibneft, y ésta compraría el 26,01% de los de su compañera. Cuando se desató sobre Jodorkovski la tormenta de la Fiscalía General rusa, Yukos interpretó que ésta obedecía los dictámenes del presidente Vladímir Putin, descontento con las veleidades políticas del magnate petrolero y deseoso de relevarlo por uno de sus delfines.

Sibneft levantó la liebre por sorpresa a finales de noviembre, asegurando que la operación estaba en suspenso. El anuncio se realizó justo antes de comenzar la junta de accionistas del nuevo grupo, en la que se pretendía aprobar la fusión y nombrar los miembros del consejo de administración.

Unos días después, ya asumida la separación por las dos partes afectadas, el ministro de Desarrollo Económico y comercio Herman Gref tuvo que salir a la palestra a explicar que no era "ninguna tragedia" (las acciones de Yukos se desplomaron y, con ellas, la bolsa moscovita), además de verse obligado a desmentir los rumores sobre el presunto deseo del Kremlin de nacionalizarla. Aunque la dirección y el accionariado de Yukos manifestaron que no querían el divorcio, el goteo de ejecutivos encarcelados y que la ruptura acarrease compensaciones indeseadas motivaron que éstos cambiaran de planes.