La opinión del experto

Tan sólo los imprescindibles

En los últimos meses hemos visto publicadas noticias sobre reestructuraciones de los comités de dirección o ejecutivos, es decir, el grupo de directivos que reporta directamente al jefe ejecutivo máximo de una compañía (director general, consejero-delegado o presidente ejecutivo según los casos). Estos cambios del organigrama directivo han tenido lugar en empresas de sectores diversos, desde telecomunicaciones hasta constructoras. Casi todos en la dirección de reducir el número de miembros (como ocurre con los consejos de administración) y de nominar responsables de los negocios o procesos clave de las compañías. A pesar de su importancia, los comités de dirección han sido olvidados en el debate sobre gobierno corporativo que tanto nos ocupó el pasado año. æpermil;ste se centró sobre todo en el consejo de administración y en la junta general de accionistas. En cuanto que el órgano interno de apoyo al jefe ejecutivo máximo, los comités de dirección son también gobierno corporativo. Además, algunos componentes de un comité de dirección pueden formar parte del consejo de administración, son los consejeros internos. Asimismo, los comités de dirección elaboran para el consejo buena parte de los datos sobre el que éste se pronuncia, tanto para el seguimiento de la marcha de la empresa como para la formulación de las alternativas estratégicas básicas.

Los comités de dirección no son grupos fáciles de diseñar y hacer funcionar productivamente. Muchos altos directivos reportan altos niveles de insatisfacción con los mismos. Las causas de estas dificultades son numerosas. La principal es su tarea difícil y heterogénea: decisiones al mismo tiempo sobre el entorno interno y externo de la organización. También porque exigen un comportamiento político muy intenso, ya que es un grupo que consigue sus objetivos a base de influir otros directivos, y toda tarea política exige esfuerzo y tiempo. æpermil;ste se da además, a menudo, en un entorno de competencia por la sucesión del ejecutivo máximo, con los candidatos normalmente presentes en el comité. Hay que tener en cuenta la visibilidad y repercusión de sus decisiones, que se someten a un grado de escrutinio y crítica muy elevado. Finalmente, podemos mencionar el papel único del jefe ejecutivo máximo, ya que no hay autoridad superior a la que los componentes del comité puedan apelar en recurso.

¿Cuáles son los factores básicos a tener en cuenta en el diseño de un comité de dirección? El primer factor es el tamaño. Son todavía frecuentes en España los comités de dirección demasiado numerosos, como muchos consejos de administración. Una de las causas de la superpoblación en los comités ejecutivos es que sus componentes se nombran con frecuencia con un criterio de representatividad: pertenecen al mismo los jefes de las unidades con más estatus en la organización. Sin embargo, en un comité ejecutivo deberían estar aquellos directivos relevantes para decisiones de integración (que afectan a toda la empresa) y decisiones estratégicas. Y éstos no son muchos. Yo recuerdo un comité ejecutivo con 22 participantes. Ese comité era una especie de club honorario más que un grupo para la toma de decisiones. Funcionaba al margen de ese comité oficial, muy eficiente, una coalición dominante informal de cuatro directivos.

El segundo factor, quizás el más importante, para el diseño de un comité de dirección es su heterogeneidad, el mix de capacidades y experiencias. El criterio clave para componer un comité ejecutivo es que éste contenga tanta diversidad de experiencias y competencias como variado sea el contexto al que tiene que adaptarse la organización. El reto es que cuanta más heterogeneidad de experiencias y perspectivas, más intensa ha de ser la gestión del conflicto interno en el comité.

Finalmente, está el factor liderazgo. Como en el caso de los consejos, su líder ha de promover divergencia y debate, independencia, como se dice ahora. En este caso, sin embargo, ésta es mucho más difícil de conseguir por la dependencia en remuneraciones y carrera de los miembros hacia su jefe ejecutivo máximo. Se trata de que no ocurran fenómenos análogos al de un comité en que el director general, antes de cada reunión, tenía encuentros separados con cada uno de los ejecutivos donde se acordaban su posición y voto. Los comités tenían lugar en una dinámica negativa ejemplar. Cada directivo trabaja individualmente en sus papeles, levantando sólo la cabeza de los mismos para asentir en las decisiones según lo acordado. Nunca comentaban temas que no afectase directamente a sus unidades y los diálogos eran radiales y según el guión, del líder con los componentes, nunca éstos entre sí. Mientras que los comités ejecutivos no son obviamente claves para la transparencia y responsabilidad de las empresas ante los accionistas, una tarea propia de los consejos de administración, sí lo son como grupo de apoyo para la toma de decisiones estratégicas, otra de las actividades clave del gobierno corporativo. De hecho, una vez asegurados los mínimos normativos, sociales y legales de éste, es de esperar que futuros debates sobre el mismo se centren, precisamente, en cómo se toman esas decisiones estratégicas.

Vicedecano del Instituto de Empresa