Bolsa

Lladró vota hoy la salida a Bolsa con los fundadores enfrentados

Juan, José y Vicente Lladró se retiraron el pasado mes de septiembre, pero siguen al mando de la compañía. Más exactamente, siguen peleando por el mando, según fuentes cercanas a la familia propietaria de la famosa empresa de figuras de porcelana. En el habitual clima de falta de acuerdo que impera en la compañía desde hace años, los tres fundadores y sus 10 hijos votarán hoy, y previsiblemente rechazarán, la propuesta de Rosa María Lladró de que la empresa cotice en Bolsa.

Los 10 integrantes de la segunda generación son propietarios del 100% de las acciones, pero sus padres mantienen el usufructo y los derechos políticos sobre el 50% del capital, es decir, del 16,66% cada uno. Según fuentes cercanas a Rosa María Lladró, Vicente es quien dirige la compañía en la sombra, gracias al enfrentamiento que parece irreconciliable entre sus dos hermanos mayores, de manera que siempre cuenta con el apoyo de Juan o de José, para imponer sus tesis.

Así ocurre desde hace años y contra esto se rebeló la hija de José Lladró, Rosa María, que hace meses que anunció que quería vender su 11,11% y que ahora pide que la empresa cotice en Bolsa para que le paguen el valor de mercado, y no el que ha fijado Deloitte & Touche, que ha valorado el 100% de la compañía en 623 millones. Rosa María Lladró fue apartada de la dirección en 1997 porque, según afirma ella, se impuso la costumbre de que la empresa deben dirigirla los varones. De los 10 descendientes, sólo dos son varones, ambos hijos de Vicente, y uno de ellos, Juan Vicente, fue elegido presidente tras la salida de los fundadores del consejo.

En la votación de hoy se impondrá la voluntad de los fundadores, aunque según el entorno de Rosa María Lladró, algunos de sus primos no sólo desean vender parte de sus acciones, sino que ya lo han hecho, a sus padres. La compañía no ha confirmado este extremo, aunque su presidente, Juan Vicente Lladró, sí admitió recientemente que Rosa María podría no ser la única interesada en vender.

Rosa María Lladró cree que la mejor opción para quienes quieren vender es que la empresa cotice en Bolsa, 'porque se está asfixiando al accionista al no repartir dividendos ni permitirle que venda a precio de mercado', según las citadas fuentes. La valoración efectuada por Deloitte & Touche es considerada interesada.

Con este panorama, la junta de accionistas de hoy se prevé sin demasiadas sorpresas habida cuenta de que en el caso de que José Lladró respaldase a su hija, sólo por la reacción natural Juan votaría en contra y Vicente está cómodo con la situación actual de la empresa. Sin embargo la tensión que se ha instalado en la mítica empresa de porcelanas no augura un futuro de aguas tranquilas y este episodio parece un punto y seguido.

'Annus horribilis'

El 2003 no ha sido el mejor año para la compañía que fundaran los hermanos Lladró. Por lo que se refiere a la sociedad, fue el año en el que estalló, al menos públicamente, la batalla en el seno de la familia. La decisión de Rosa María Lladró de lanzar un vino al mercado desde su bodega Terra Reial con la marca Duque de Lladró desembocó en una agria disputa en los tribunales entre la compañía de porcelanas y una de las socias, hija del por entonces presidente, por el uso del apellido de la familia.

La escalada del enfrentamiento acabó con el anuncio de Rosa María de vender su participación en la empresa, una valoración polémica de la misma y la petición de la interesada de salir a Bolsa para lograr un precio razonable al que vender su participación.

Pero además de esta pugna, estaba como trasfondo un mal ejercicio que llevó a la empresa a cerrar el año con pérdidas por primera vez en su historia, con unas cuentas lastradas especialmente por la ruinosa inversión en Terra Mítica.

Los número rojos, 5,3 millones de euros, que se avecinaban obligaron a la firma de porcelanas a emprender un plan de 119 despidos -que los sindicatos creen que seguirá este año- para reducir gastos. Todo en el año en el que al menos sobre el papel, tocaba a los fundadores abandonar la gestión de la compañía y dejársela a la segunda generación.