Antonio Garrigues

"Es preciso regenerar la ética de las empresas"

Si por algo se caracteriza el abogado Antonio Garrigues es por la lucidez y claridad con las que expresa sus ideas, preferentemente las que tienen que ver con lo que ha de ser el comportamiento directivo. Sin miedo. Madrileño, de 69 años, presume de austero, una sencillez que se refleja en el atuendo: viste siempre de elegante azul marino con raya diplomática y lleva una sencilla corbata de punto.

Pregunta. ¿Qué le dicen nombres como Enron, Worldcom, Tyco o Parmalat?

respuesta. Que seguimos teniendo en el mundo empresarial un grave problema de comportamiento ético que hay que afrontar ya, con radicalidad. El mundo empresarial tiene que darse cuenta de que la reiteración de estas noticias acabará generando un problema de credibilidad en todos los sentidos, desde el mercado de valores hasta la propia imagen de la actividad económica. En Estados Unidos, los escándalos financieros afectaron más a la Bolsa y al funcionamiento del sistema económico que lo sucedido el 11 de septiembre. Es cierto que uno de los factores que tenemos que aceptar en el mundo rico es que los niveles de competencia empresarial están aumentando y la gente tiene mucho miedo a desaparecer de la escena y está dispuesta a hacer lo que sea antes de hundirse. Los problemas americanos surgieron de la idea de que una empresa no podía tener peores resultados que el año anterior, con el fin de mantener la cotización en Bolsa y de mantener los instrumentos de financiación. De ahí parte toda la base, de la idea de que era imprescindible ganar mucho más que el año anterior. A partir de ahora habrá que empezar a utilizar otros lenguajes. No es necesario ganar más un año que el anterior. Es necesario establecer otro tipo de criterios.

"Ofende un poco que una empresa que gana dinero decida cerrar e irse a otro país, pero es la lógica de la economía de mercado"

"Parecía que después de los escándalos financieros como Enron habría una onda nueva, pero está claro que no es así. Continuar en la misma situación no conduce a ningún sitio"

P. ¿Por ejemplo?

R. Estamos en un mundo tan sensible que cuando una compañía tiene un trimestre malo genera una especie de aceleración, de angustia que, en la mayoría de los casos, carece de sentido. Caben dos caminos, uno es por la vía legal, que consiste en seguir criminalizando conductas, en establecer nuevos delitos, que es un poco lo que hemos visto en los últimos años. Por la vía legal se deben y se pueden hacer muchas cosas, pero que nadie piense que esta vía es la definitiva. El mundo empresarial tiene que plantearse una regeneración ética, hay que llegar a comportamientos al margen de la ley. No es sólo cumplir la ley, es hacer lo que uno tiene que hacer, lo diga o no lo diga la ley. Una persona creerá que esto es angelismo, pero es que está claro y es cierto que las compañías que se comportan bien tienen más sostenibilidad y más futuro.

P. ¿Qué lleva a un ejecutivo a este tipo de comportamiento?

R. El miedo. La competencia feroz, el temor a desaparecer, a no ser el primero, a no estar en la carrera. Ese es el dato claramente preocupante. A los empleados se les exige tanto y están dispuestos a hacer cosas que no deben hacer que cuando eso se multiplica a toda la empresa puede llevar a situaciones complicadas. Parecía que después de los escándalos financieros, como Enron, habría una onda nueva, pero esta claro que no es así. Continuar en esta situación no nos conduce a ningún sitio. Al mismo tiempo, hay un intento de negar la evidencia porque nadie quiere caer en escándalos, que generen un mal funcionamiento de mercado.

P. Hay un sentimiento de euforia económica que puede volver a crear falsas expectativas, ¿qué recomendaciones daría a los empresarios?

R. Conviene recordar lo que ocurrió y es cierto que la gente puede pensar que puede haber una onda económica favorable. Parece que América va a ir mejor, yo no estoy muy seguro. Europa va a seguir pasando un momento difícil, pero la gente habla de una posible recuperación. Yo le doy mucha importancia a la recuperación de la economía japonesa. Esto, unido al fenómeno chino, puede dar para la zona de Asia-Pacífico unos índices de crecimiento espectaculares, de modo que se puede entrar otra vez en un ciclo de vacas gordas. Además, conviene recordar que la teoría de los ciclos no ha sido todavía superada. Forma parte de la condición humana. En esos ciclos de euforia hay que operar con prudencia, porque como sigamos pensando que el próximo año tenemos que seguir ganando más que el anterior, no vamos a lograr un sistema sano.

P. ¿Qué utilidad tienen los códigos de buen gobierno?

R. Mucha utilidad. Hablar de los códigos de conducta es bueno. Ni por vía legal ni por vía de códigos se arregla el tema. Es mucho más profundo y tiene que ver con los niveles de competencia que se están generando en el mundo económico, artístico y televisivo. La imagen televisiva sigue siendo importante. La presión de la audiencia también afecta al mundo económico y por la audiencia la gente hace lo que sea. En el sector económico también hay presión de la audiencia y eso nos puede llevar a que no haya límites al crecimiento.

Tenemos que darnos cuenta de que una compañía puede tener un año difícil y seguir siendo una empresa magnífica y segura. Eso implica empezar a pensar en el largo plazo. Hemos entrado en una dinámica en la que seis meses es la eternidad. Necesitamos voces que digan que las cosas serias siempre son serias. Hay que buscar la calidad más que la cantidad. Los niveles de incertidumbre aumentan y eso favorece actitudes insolidarias y pragmáticas. Estamos en un clima permanentemente electoral en todos los sentidos. Lo que pase en Norteamérica nos afecta a todos, como lo que ocurra en Alemania o Francia.

P. Varios estudios publicados recientemente denuncian el mal funcionamiento de los consejos de administración.

R. Seguimos viviendo del carisma personal y del autoritarismo. Todo el mundo reconoce que en una empresa alguien tiene que mandar, pero se puede mandar de una manera muy democrática y descentralizada. Las cosas ya no son como antes. Anteriormente, los consejos de administración tenían una infraestructura que respondía a un clima de estabilidad económica. Eran incluso hereditarios. Ahora se necesita otro modelo. Ahora se va a la reducción de consejos, lo cual me parece lógico. Estamos permanentemente cambiando y tendremos que ir adaptando las instituciones a esos cambios. Se nota crujir la globalización, que ya estamos en una nueva época económica. Hay que estar alerta permanentemente y no podemos vivir de espaldas al cambio.

P. Parece que a la alta dirección le da miedo que alguien pueda cuestionar su manera de gestionar.

R. Siempre ha pasado, pero ahora creo que más. Es bueno tener ese miedo porque, en efecto, están cuestionados. Todo en esta época está cuestionado. Por ejemplo, no podemos tener políticos ni empresarios que no estén pensando en términos globales. El grado de internacionalización de la empresa española tiene que ser más amplio. España no está haciendo los deberes internacionales. Hay que mirar a los países del Este, hacia India, China, Japón. La agenda del Pacífico es más interesante que el Atlántico. A mí el tema de los mares me fascina. El Mediterráneo ya no está en el medio de la tierra, el Atlántico fue interesante, pero ahora hay que mirar al Pacífico.

P. ¿Por qué cree que son reacios los empresarios españoles a emprender nuevos negocios en otros mercados, por ejemplo, en los países que se incorporan a la UE?

R. Ellos dicen que no pueden con todo, que ya tienen comprometidos gran parte de sus ahorros en Latinoamérica, en otros países y que no tienen capacidad. Creo que es un error, tienen que tener capacidad. No puedes abandonar este sector. España tiene que estar ahí. Y lo curioso es que el empresario español siempre que ha tenido experiencias internacionales ha demostrado una capacidad de acción y de éxito muy grande. Me sorprende que de pronto no lo tengan.

P. ¿La responsabilidad social de las empresas pasa por que una empresa como Samsung traslade su fábrica de país y despida a sus trabajadores?

R. España vivió de la deslocalización de muchas industrias en Europa porque ofrecía un coste laboral mejor. Muchos países se enfadaron porque la moda era invertir en España. Las cosas han cambiado. Ahora hay países que ofrecen mejores oportunidades. Y no podemos luchar contra esa realidad. Ofende un poco a la sensibilidad que una empresa que gana dinero decida cerrar e irse a otro país, pero eso hay que entenderlo en la lógica de que la economía de mercado es así. A España ya no vendrán grandes inversiones industriales.

'Ya no soy necesario para Garrigues'

Si algo le fascina a Antonio Garrigues Walker es Estados Unidos. De allí era su madre. Habla de la superioridad americana, aunque lanza algunas críticas, como por ejemplo al sistema electoral. Y alaba, por experiencia, la manera de gestionar empresas de los anglosajones.

¿Cómo se consigue mantener un despacho entre las principales firmas de abogados?

Ahí sí tiene que ver el tema de la sostenibilidad y la adaptación al mundo global. Es el despacho más grande en toda Europa continental. Solamente hay cuatro o cinco despachos que nos superan en número de profesionales. No hay ningún despacho en el mundo que tenga la implantación territorial que tenemos nosotros. Eso lo atribuyo al hecho de que hemos aprendido de la relación que tuvimos con Andersen. Aplicando técnicas gerenciales adecuadas las cosas funcionan. He vivido la época tradicional de Garrigues y el abogado antes presumía de que no sabía nada de cuentas. No tenía organización interna. Lo que han inventado los anglosajones es crear una institución que sobreviva al fundador.

¿Ha pensado en la retirada?

Por supuesto. Me retiraré en breve. Soy el único Garrigues que queda en el despacho. Creo que ya no soy necesario ni indispensable. Incluso creo que marchándome las cosas mejorarían en algún sentido. Me siento orgulloso porque hemos pasado de una fase familiar a una fase institucional en el despacho.