Lealtad, 1

El juego cotidiano de los mercados

De la página web de MEFF se puede descargar un programa informático que simula una sesión bursátil. El programa da la posibilidad de comprar y vender futuros ficticios para ganar y perder dinero de forma ficticia. La sesión simulada es una jornada bursátil de otro día, es decir, es real, pero no es actual.

El juego es de verdad entretenido y, aunque a veces vaya demasiado lento, la velocidad se puede regular. Ganar dinero es difícil, porque las compraventas se deciden con la única información de las posiciones de dinero y papel. El inversor ficticio sólo ve un gráfico con la evolución intradiaria del Ibex y el libro de órdenes de compra y venta con los precios de cada una. A partir de estos datos es como debe decidir sus operaciones.

Muchos días de Bolsa es complicado explicar por qué razones concretas el mercado está subiendo o bajando. Por qué Telefónica vale el 1% menos que antes si no ha pasado nada. Seguramente sea porque Wall Street está bajando. Pero ¿por qué baja? Seguramente -en la Bolsa todo es especular- por alguna razón que suene verosímil a ojos de quien la publica.

Ocurre que los operadores tienen que hacer eso, operar. Comprar y vender. Todos los días sin excepción. Y, si es posible, han de ganar dinero con ello. A veces hay noticias que cotizar, pero otras veces, como pasa en cualquier trabajo, hay menos que hacer. Es en esos momentos cuando el operador de mesa termina jugando al mismo juego distribuido desde la página web de MEFF, pero con dinero de verdad y un mercado de verdad.

Cada uno ve un mercado distinto, y por eso cuando se pregunta a quien está en las mesas qué está pasando con los mercados cada uno responde lo que ve, que no es necesariamente lo que está pasando. En general, lo relevante y lo que condiciona las decisiones de las personas no es la realidad en sí, sino la percepción que tienen de ésta. En la economía esta tendencia se agudiza más, y en la Bolsa aún en mayor medida. Porque como se gana dinero en la Bolsa es anticipándose al resto.

Por todo ello los mercados, cuando no hay nada que hacer, se dedican a subir y bajar. No es sin ton ni son, porque obedecen a las instrucciones enviadas por los operadores. Pero la relación causa-efecto no siempre se puede explicar de forma concreta.

Así pues, preguntarse por qué el euro ha marcado máximo ayer y no hoy, o por qué razón la cartera de telefónicas vale menos que antes puede conducir muchas veces a conclusiones erróneas, si no se tiene en cuenta el factor ruido al que están sometidos los mercados financieros.

nrodrigo@cincodias.es