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Cuevas de yeso en el desierto de Tabernas

A primera vista, el desierto tiene poco que ofrecer al turista convencional y sin ambiciones de aventura. Pero no es el caso de Tabernas (30 kilómetros al noroeste de Almería), la zona más desértica de la Península, donde, por sorprendente que parezca, uno puede toparse con un centro de recuperación de cetáceos y otras especies marinas, Equinac, que atiende en sus piscinas a las tortugas, delfines y marsopas varadas en las playas almerienses.

Si de animales se trata, se puede visitar la reserva zoológica incluida en el parque Mini-Hollywood, el más turístico de los tres poblados del oeste de Tabernas. La reserva alberga más de 200 especies, desde felinos hasta reptiles o aves como los guacamayos.

Como alternativa a ver los animales tras una reja, Tabernas ofrece la opción de montarlos, ya sea mediante la tradicional ruta a caballo (centro ecuestre Rayo del Sol) o, ya que estamos en el desierto, a través de un paseo en dromedario en la finca Malcaminos, que también ofrece rutas en 4x4 para los que prefieran algo más rápido y movido. Aunque si lo que se quiere es velocidad, mejor darse una vuelta en moto en el circuito de Tabernas.

Si se buscan espacios cerrados, nada mejor que sufrir un poco de claustrofobia en las cuevas, simas y oquedades de Sorbas, a pocos kilómetros al este de Tabernas, uno de los mayores karst en yesos del mundo, plagado de estalactitas, estalagmitas y reflejos de los cristales de yeso, brillantes en la oscuridad.

Dónde ir

La Hospedería de Tabernas, de tres estrellas, ofrece 22 habitaciones y suites (con hidromasaje) entre olivos, respetados e integrados en su construcción. Tiene un amplio restaurante y ofrece paseos en helicóptero.

La joya gastronómica del entorno está en la finca Castillo de Tabernas, cuyo aceite de oliva virgen extra, de sólo 0,1 grados de acidez, figura ya entre los más prestigiosos del mundo.