Reglamento

La UE suaviza las normas sobre control de fusiones empresariales

La reforma, propuesta el año pasado por el comisario de Competencia, Mario Monti, tras recibir varios varapalos judiciales, se aprobó por unanimidad y su entrada en vigor está prevista para el 1 de mayo de 2004. Alemania mantuvo en el aire el acuerdo durante varias horas hasta que se aceptó su exigencia de una definición más precisa sobre los criterios para juzgar las fusiones.

El nuevo reglamento requería la unanimidad, y en todo caso, ni el Consejo de Ministros de la UE ni el comisario deseaban aprobarlo en contra de los intereses de Berlín. No en vano, como recordó Monti en la rueda de prensa posterior al acuerdo, la política comunitaria de competencia es heredera directa de la tradición germana, uno de los primeros países que creó una autoridad en esa materia.

Pero el punto más polémico del texto era, precisamente, el que intenta emanciparse de un ascendiente que se ha convertido en lastre. Las sentencias del Tribunal de Primera Instancia de la UE que el año pasado anularon tres vetos de Monti a otras tantas fusiones empresariales han puesto de manifiesto los límites de las normas actuales, creadas en 1989 a imagen y semejanza de las que aplicaba el Bundeskartel alemán.

El modelo de EE UU

El nuevo reglamento intenta refinar el método de evaluación sobre el impacto de una fusión en la competencia. La tentación era sustituir el actual, basado en la creación o reforzamiento de posiciones de dominio, por el que aplica desde hace más de tres décadas Estados Unidos.

Washington calibra en qué medida una fusión reduce sustancialmente la competencia, con independencia de que la empresa resultante sea o no dominante. Se trata de un criterio más gradual que toma muy en cuenta las repercusiones de la operación sobre el consumidor o el cliente

La Comisión asegura que ambos criterios llevan casi siempre a la misma conclusión. Pero la discrepancia sobre la fusión de General Electric y Honeywell, autorizada en EE UU y vetada por la UE, puso de manifiesto en 2001 la necesidad de una convergencia.

La UE no se ha atrevido a adoptar el modelo estadounidense totalmente, en parte por la resistencia de Alemania, pero en parte también porque se hubiera perdido la jurisprudencia del Tribunal de la Unión Europea de más de 10 años.

Según el nuevo reglamento, la Comisión podrá prohibir las fusiones que 'impidan significativamente la competencia'. La aplicación de ese principio deja abierto, según los abogados especializados en competencia, un cierto margen de discrecionalidad.

La mayoría de los abogados confía en que la Comisión Europea lo aproveche para adoptar una actitud más flexible hacia las futuras fusiones.

Pero no falta quien teme que también pueda devenir en un arma para la intransigencia. 'Tengo la certeza de que el nuevo reglamento dotará a la UE de un régimen excepcional', intenta tranquilizar Monti.

Análisis

La Comisión ha revisado 2.300 operaciones de concentración empresarial desde 1990. El 90% de ellas se saldó con el visto bueno tras un examen más o menos rutinario de sólo un mes. El resto pasó a la segunda fase: cuatro meses de análisis.

Ventanilla única con más tiempo para la revisión

El nuevo reglamento de fusiones amplía de cinco a ocho semanas el plazo para que la Comisión se pronuncie sobre las operaciones de mayor envergadura. Se mantiene así el calendario estricto para pronunciar un veredicto, señalado por los abogados como una de las mayores ventajas del modelo europeo, pero se amplía la posibilidad de negociación de las empresas.

Las compañías podrán además solicitar que Bruselas revise su fusión para evitar un procedimiento repetitivo en varios países. La ventanilla única estará abierta para todas las operaciones con impacto en tres o más países de la UE.

La norma actual abortó 18 operaciones

El reglamento de fusiones actual pasa a la historia con 18 muescas en la culata. Desde que entró en vigor el 21 de diciembre de 1990, la Comisión ha revisado más de 2.300 operaciones de concentración empresarial. El 90%, insiste la Comisión, se saldó con el visto bueno tras un examen más o menos rutinario de sólo un mes.

Pero los casos más importantes sufrieron la temible segunda fase, cuatro meses de escrutinio en los que Bruselas suele exigir importantes concesiones a cambio de la luz verde a la operación. 18 fusiones no fueron capaces de superar esa prueba, y operaciones multimillonarias como la de General Electric y Honeywell se estrellaron contra Bruselas. Otras empresas renunciaron a la unión al considerar que no merecía la pena ante las desinversiones o los compromisos que exigía la Comisión Europea.

El periodo más duro de la Comisión coincide con la llegada de Mario Monti a la cartera de Competencia en 1999, aunque también es cierto que hasta 2001 la economía mundial vivió una de sus mayores etapas de consolidación.