Cine/Arte

Cooper y Lancaster, dos héroes de western

'Caravanas bélicas', una de las primeras películas del Oeste de gran presupuesto, y 'El valle de la venganza', el estreno de Lancaster como vaquero, hoy con Cinco Días

El Prado y el Torreón de Lozoya muestran en sendas exposiciones la influencia del pintor aragonés Por M. P.

ue vaquero antes que actor, por eso los papeles en películas del oeste no escondían secretos para él. Gary Cooper, considerado el símbolo del héroe americano por excelencia, empezó montando a caballo a raíz de un accidente de circulación que le lesionó la cadera. Del rancho familiar saltó a California, donde trabajó de extra y se especializó en westerns; de hecho, a lo largo de su filmografía este género se impuso sobre los demás. Su primera película importante fue Flor del desierto, de Henry King. Eran los tiempos del cine mudo, pero Coop no tuvo problemas para adaptarse a la llegada del sonoro -consiguió tres Oscar, uno por El sargento York, otro por Solo ante el peligro y el último, honorífico-.

Nacía el mito Gary Cooper. En 1931, la Paramount le reclama para Caravanas bélicas, junto con El valle de la venganza, la nueva entrega de la colección Obras Maestras del Cine Clásico que se vende todos los sábados con Cinco Días. Se trata de uno de los primeros westerns de gran presupuesto. La película está basada en una novela de Zane Grey, autor de aventuras ambientadas en el oeste que con 15 millones de ejemplares llegó a ser el escritor de Estados Unidos más famoso en los años posteriores a la Primera Guerra Mundial.

Gary Cooper es Clint, un joven explorador que viaja en una caravana rumbo a California. En ella viaja también Felice (Lily Damita), quien finge estar casada con él para sacar al héroe de un lío con la ley. El camino es largo y lleno de peligros, entre ellos la amenaza de un ataque de los indios. Se enamoran, por supuesto, aunque los viejos amigos de Clint intentarán evitar el romance.

Burt Lancaster tuvo su primera oportunidad en el género del oeste tras haber exhibido músculos en películas de aventuras. El inolvidable Dardo de El halcón y la flecha estaba dotado de un físico atlético que le llevó a trabajar en el circo. Fue al año de estrenar esta mítica película de aventuras cuando Lancaster cambia de registro y se pasa al western. Su papel en El valle de la venganza fue descrito como el típico interpretado por John Wayne, tipos buenos, sin complicaciones y heroicos.

La aparente facilidad sobre la silla de montar y apariencia de tipo duro demostraron que era perfecto para interpretar el papel de vaquero -la cuarta parte de los títulos de su carrera están dedicados al género-.

El valle de la venganza, rodada en Colorado, está dirigida por Richard Thorpe (Las nieves del Kilimanjaro), uno de los menos brillantes realizadores en nómina de la Metro. Burt Lancaster es Owen, capataz del rancho Strobie y un miembro más de la familia. Por amistad con Lee Strobie (interpretado por Robert Walker), le encubrirá en una acusación de paternidad. Los sucesos desencadenarán la tragedia.

En la vida real, Walker no resultaba menos conflictivo que en su papel en la película. Estaba enemistado con medio reparto, no así con Burt Lancaster, con el que entabló amistad fuera de las cámaras (breve, ya que el actor moriría a la edad de 32 años). Una química de la que da cuenta la película.

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'Caravanas bélicas' (1931)

Título original: Fighting caravans.

Director: Otto Brower / David Burton.

Guión: Agnes Brand Leahy, Edward E. Paramore Jr. y Keene Thompson.

Fotografía: Lee Garmes y Henry W. Gerrard.

Montaje: William Shea.

Música: Max Bergunker, Emil Biermanm A. Cousminer.

Dirección artística: Robert Odell.

Reparto: Gary Cooper, Lily Damita, Ernest Torrence, Tully Marshall, Fred Kohler, Eugene Pallete.

Género: Oeste. Nacionalidad: Estados Unidos.

Duración: 92 minutos.

'El valle de la venganza' (1951)

Título original: Vengeance Valley.

Director: Richard Thorpe.

Productor: Nicholas Nayfack.

Guión: Irving Ravetch (basado en la novela seriada de Luke Short).

Fotografía: George J. Folsey.

Montaje: Conrad A. Nervig.

Música: Rudolph G. Kopp.

Dirección artística: Malcolm Brown y Cedric Gibbons.

Reparto: Burt Lancaster, Robert Walker, Joanne Dru, Sally Forrest, John Ireland, Carleton Carpenter, Ray Collins, Ted de Corsia, Hugh O'Brian.

Género: Oeste. Nacionalidad: Estados Unidos.

Duración: 83 minutos

Universo Goya

Eugenio Lucas (Madrid, 1817-1870) fue uno de los artistas del XIX que siguió las huellas de Goya, hasta tal punto de que muchas de sus pinturas fueron atribuidas al pintor aragonés, como la Corrida de toros, actualmente en el Museo del Prado, subastada en Christie's en 1924. La impronta de Francisco de Goya en la obra de Lucas Velázquez y otros autores del siglo XIX es abordada en la exposición La estela de Goya. Zapata, Alenza y Lucas en la colección de dibujos del Museo de El Prado, inaugurada en la pinacoteca madrileña el pasado miércoles (hasta el 12 de octubre, sala de dibujos del ala sur del museo). La muestra consta de 32 dibujos procedentes de los fondos del Prado, muchos de ellos inéditos y la mayoría nunca expuestos hasta la fecha.

El campo en que la herencia de Goya se hizo más accesible a los artistas del Romanticismo fue el de la estampa. José Zapata (Valencia, 1763-1837) fue un caso muy particular, ya que se inspiró en Los Caprichos, que sin duda conoció. Sin embargo, la colección de 24 dibujos de Zapata tiene una intención moralizante y conservadora, muy alejada del espíritu goyesco. Leonardo Alenza (Madrid, 1807-1845) y Lucas son, sin embargo, dignos herederos de lo que Lafuente Ferrari llamó la veta brava goyesca. Los dibujos del primero muestran una clara afinidad con Goya, en la elección de los temas y en su tratamiento estilístico. En Lucas, la conexión con el pintor de Fuendetodos es patente en las obras sobre papel, muy próximas a las series grabadas de Goya (el madrileño poseyó cuatro de las planchas de los Disparates) y también cercanas a las intuiciones de las últimas etapas del maestro, que Lucas conoció de primera mano, por haber intervenido en la tasación de las Pinturas negras.

Pero la herencia de Goya ha resultado a veces envenenada, por cuanto que su autoría es cada cierto tiempo cuestionada -en mayo un especialista ponía en duda precisamente la autoría de las Pinturas negras-. La atribución de obras al maestro es un tema delicado que la exposición Goya y lo goyesco en la Fundación Lázaro Galdiano (hasta el 31 de agosto en el Torreón de Lozoya -obra social de Caja Segovia-, Pza. San Martín, 3. Segovia) pone de actualidad. La investigación previa a la muestra ha permitido volver a atribuir al pintor La Magdalena penitente, que había sido descartada en 1970. Entre el conjunto exhibido figuran algunas de las magníficas e indiscutibles obras de Goya que la Fundación Lázaro Galdiano posee (el boceto del cartón para tapiz con el tema de La era, Conjuro, la serie de los Toros de Burdeos, El Retrato del Padre La Canal, etc., a las que se suman las procedentes de la Calcografía Nacional hasta completar un total de 20 obras) junto con otras más polémicas, adquiridas como originales por el fundador. Junto a ellas figuran también obras de Lucas y Alenza.

La atribución a Goya topa con varios escollos. Para empezar, en su etapa de formación el pintor recibió las mismas influencias que otros artistas. Por otro lado, los numerosos retratos oficiales de Carlos IV y María Luisa de Parma que se pintaron hicieron necesario que Goya recurriera a colaboradores. Además, la fama de su arte tras su fallecimiento despertaron la codicia de coleccionistas y viajeros, propiciando la aparición de imitadores y copias de sus obras.

Dos exposiciones para revivir el gusto por lo goyesco.