Convivencia asimétrica
El Banco Central Europeo (BCE) se decidió finalmente a mover ficha y bajó los tipos de interés al 2%, un nivel desconocido en Europa desde 1948. Una acción decidida en un momento en el que las grandes economías del continente oscilan entre el estancamiento y la recesión. Para Alemania, que por sí sola representa el 30% del PIB de la Unión Europea, la rebaja monetaria era crítica. Sin embargo, a medio y largo plazo, la vuelta de la locomotora europea a la senda del crecimiento no depende tanto del dinero barato como de las reformas estructurales. El canciller Gerhard Schröder ha presentado sus planes en este sentido y ha obtenido un indiscutible respaldo de su partido, el SPD. Pero, a corto plazo, un recorte de tipos se antojaba ya hace tiempo como imprescindible para evitar el estrangulamiento de la economía alemana, afectada duramente por la reducción de las exportaciones a EE UU.
El ministro alemán de Economía, Wolfgang Clement, hablaba ayer de la amenaza de que se produzca una contracción severa del crédito (credit crunch), y eso ya son palabras mayores. Además, el FMI alertó recientemente sobre el peligro de deflación que se cierne sobre esta y otras economías europeas. Tanto Schröder como Jacques Chirac se saltaron el protocolo en la última reunión del G-8 para pedir sin ambages al equipo de Wim Duisenberg que bajase de inmediato los tipos de interés oficiales. Y todos los indicadores recientes confirman la falta de vigor de la Unión Europea. Con este escenario, una actitud pasiva del BCE ayer no sería síntoma más que de autismo.
En el caso de España, la rebaja del BCE se produce en un momento en el que la economía crece de forma moderada (2%), pero muy por encima de la media europea, y la inflación está en el 3,2% en tasa normalizada, frente al objetivo oficial del Gobierno y del propio BCE, que sigue en el 2%.
La rebaja monetaria supondrá un alivio importante para millones de familias endeudadas, pero también puede avivar un mercado crediticio que crece a ritmos muy superiores al conjunto de la economía. El Banco de España ha lanzado ya claras advertencias sobre el creciente ritmo de endeudamiento de las familias españolas y está aconsejando a las entidades financieras extremar el rigor en la concesión de créditos. Conviene recordar que, de tener una política monetaria independiente, sería impensable que el banco central español estuviese manteniendo los tipos de interés oficiales en una tasa negativa del 1,1%.
Es posible que la decisión tomada ayer por el BCE llegue tarde. No sería la primera vez. Lo que resulta seguro es que no será la panacea de las economías de la eurozona, pero, si insufla energía a las principales, todas sacarán provecho. A la vez, pone de manifiesto que en la eurozona se han de tomar en ocasiones medidas que no benefician a todos por igual. Es hora de acostumbrarse, de una vez por todas, a una convivencia asimétrica que bien llevada beneficia a todos.