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Gestión

Las empresas descubren su responsabilidad social

Empresas como la conservera Calvo, la aragonesa Arpa o la ETT Manpower han aprovechado la I Feria de Acción Social para contactar con asociaciones y ONG y desarrollar de forma conjunta programas solidarios con proyección de futuro.

Calvo, la popular conservera gallega, colabora con una asociación de disminuidos psíquicos subcontratando servicios puntuales, cede productos a la ONG Nuevo Futuro para que pueda financiar sus programas de acogida de niños, ha aportado ayudas a El Salvador después de los terremotos y ha facilitado material de sus barcos atuneros para la limpieza tras el desastre del Prestige y conservas para los voluntarios. Sin embargo, aún no tiene claro cómo estructurar de manera ordenada todas sus ayudas. Es una de las muchas empresas que ya han tomado conciencia de que su papel ante la sociedad debe abarcar algo más que la obtención de beneficios, el respeto a la legislación y el compromiso con sus trabajadores.

La mayor parte de las compañías españolas todavía no saben lo que significa la responsabilidad social corporativa, pero muchas de ellas ya han comenzado a realizar algún tipo de acción solidaria en línea con lo que está empezando a exigir la sociedad. Frente a un pequeño grupo de compañías con programas de responsabilidad social corporativa bien estructurados como Inditex, Repsol YPF, Telefónica o el BBVA, hay un segundo nivel cada vez más amplio de empresas que ya han puesto en marcha alguna iniciativa solidaria pero que aún no tienen un proyecto bien definido de cara al futuro.

'Queremos responder a las necesidades de la sociedad, pero todavía estamos estudiando cómo hacerlo y dudamos entre seguir colaborando con asociaciones y ONG o constituir una fundación', comenta Paz Calvo, responsable de producto de la conservera y asistente a la I Feria de Acción Social que se ha celebrado entre el 15 y el 17 de mayo en Valencia. 'Hemos venido aquí para tomar ideas y definir nuestro proyecto', matiza Paz Calvo.

Y es que este certamen ha intentado 'concienciar y motivar a los empresarios para que emprendan acciones de responsabilidad social, pero sobre todo, acercar a empresas y entidades sin ánimo de lucro para que colaboren y emprendan acciones conjuntas', señala Mari Carmen Sans, directora de la feria.

En este sentido, una de las iniciativas que ha cuajado es la que ha llevado a cabo la empresa aragonesa Arpa, una pyme de unos 70 empleados que factura casi seis millones de euros, con una asociación alicantina que ayudas a mujeres víctimas de la prostitución. Arpa diseña, fabrica y mantiene equipamientos logísticos transportables como tiendas y hospitales de campaña, plantas de tratamiento de agua e instalaciones prefabricadas. Sus clientes son el Ministerio de Defensa y asociaciones juveniles, pero también Cruz Roja o Cáritas, que han desarrollado proyectos en Mozambique, Angola y Venezuela a través de fondos de ayuda al desarrollo. 'Estas acciones nos han dado una experiencia que queremos ofrecer a aquellas ONG sin recursos que tienen paralizados proyectos por falta de financiación', explica Ana Hernández, comercial de Arpa.

En este contexto, ha acordado con la Asociación Mujeres de Noche Buscando el Día su aportación gratuita de ingeniería, diseño y desarrollo para construir un centro de acogida, así como su compromiso para buscar otras empresas que aporten la financiación que resta. 'Ya sólo nos queda que alguien nos ceda un terreno en algún pueblo de Alicante', añade Paquita de Lucas, la presidenta de la asociación.

Inserción laboral

Otra pyme, la peluquería valenciana Vernon Estilo, ha contactado con la Confederación Empresarial de la Economía Social que representa a 25.000 empresas para exponer su idea de contratar a personas socialmente excluidas y formarlas en este oficio. Vernon también quiere llevar la peluquería al domicilio de discapacitados.

La inserción laboral de colectivos marginados y, especialmente, de discapacitados, forma parte de la acción social que lleva a cabo la empresa de trabajo temporal Manpower. 'La responsabilidad social corporativa no es nueva en la multinacional; cada país tiene su plan y en España hemos desarrollado un proyecto de inserción laboral de estos colectivos en igualdad de condiciones para demostrar al empresario que lo que importa es la capacidad del trabajador y no otros aspectos. Además, hemos creado una fundación para asesorar, formar e investigar en todo aquello que no abarca la empresa', comenta Ramón Giró, responsable de acción social corporativa de Manpower.

En otros casos, como ocurre con Amena (que también tiene su programa social), son los trabajadores, apoyados por su compañía quienes realizan proyectos solidarios. Los empleados grabaron un CD con villancicos en el que participó la dirección y lo obtenido con su venta se ha destinado a un proyecto elegido por votación.

Una alternativa a la aportación pública

El llamado tercer sector, es decir, el que no es ni el mercado ni la administración pública, cobra cada vez mayor importancia. Organizaciones no gubernamentales, asociaciones, fundaciones y todo tipo de instituciones sin ánimo de lucro toman la bandera de la acción social en áreas tan diferentes como el arte, la investigación, el medio ambiente o la inserción laboral. A ellas se suman las empresas con acciones de responsabilidad social. En este contexto las nuevas leyes de Fundaciones y de Mecenazgo quieren incentivar que la sociedad civil sea una alternativa a la actividad pública, según explica Vicente Martínez Pujalte, portavoz de Economía y Hacienda del grupo Popular: 'El objetivo es que desde la sociedad civil surjan iniciativas a favor de la colectividad'.Juan Reig, presidente de la Feria de Acción Social y de la plataforma del Voluntariado en España, cree que la financiación pública para realizar proyectos desde este tipo de entidades es poco deseable ya que impide actuar con plena independencia y libertad. Ve preferible la aportación privada lo más amplia y variada posible. Reig reconoce, no obstante, que es una práctica que se está introduciendo en España 'tímidamente' y que 'algunas compañías, por pudor, prefieren realizar estas aportaciones en silencio, sin que se sepa'. Una forma de mantener el anonimato es actuar desde un colectivo. La Confederación de Empresarios de Zaragoza, por ejemplo, ha contribuido a los ámbitos de la cultura, el patrimonio artístico, la formación e integración de grupos desfavorecidos.

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