El difícil camino hacia una Europa popular
La Convención sobre el Futuro de Europa, organismo encargado de redactar un borrador de constitución para una Unión Europea en expansión, está a mitad de camino de su tarea y haciendo más progresos de lo que algunos habían previsto. Esto es debido a la astucia de Valéry Giscard d'Estaing, el antiguo presidente francés que la dirige. Incluso, ha elaborado un bosquejo de Constitución sin enfrentamientos (...).
Un prometedor inicio no siempre significa un fácil final. Giscard d'Estaing ha causado revuelo al sugerir que espera que la armonización de los impuestos se incluya en el borrador de Constitución y ha dado un paso más allá al cuestionar las aspiraciones de Turquía de unirse a la UE (...).
El Parlamento Europeo ha madurado: la extensión de su autoridad sobre los gastos en agricultura se da por hecha y podría facilitar un acuerdo sobre la responsabilidad del déficit. Hay acuerdo dentro de la convención sobre la necesidad de involucrar a los Parlamentos también, pero no sobre cómo hacerlo.
Las propuestas han ido tan lejos -para permitir que los Parlamentos nacionales cuenten con una oportunidad para oponerse a las proposiciones de la comisión sobre los motivos de la subsidiariedad- (...) que no han sido universalmente bienvenidas. Se necesita más trabajo en este apartado concreto.
Si la legitimidad de la Unión Europea responde a la necesidad de ser realzada ante los ojos del público, la convención no sólo tiene que establecer los asuntos sobre los que el poder debe descansar, sino que también debe encontrar persuasivos métodos de apoyo para tener en cuenta a aquellos que lo ejercitan.