Revista de Prensa

La lección de Chirac al amigo Bush

Francia es amiga de EE UU, pero no su lacaya. El presidente Jacques Chirac, en una entrevista publicada en The New York Times (...), ha tratado largamente la cuestión de una hipotética intervención militar contra Irak (...). La amistad no impide ponerse en guardia.

Antes de que el presidente George Bush se dirija el jueves a la ONU y desvele sus proyectos sobre Irak a los 190 países miembros, se trataba, para Francia, de trazar una hoja de ruta. Incluso si, finalmente, no se puede garantizar que EE UU no seguirá su propio camino. Chirac deja una puerta abierta para una intervención militar, pero bajo mandato de la comunidad internacional. Nada de golpes unilaterales.

Con esta visión multilateral, el presidente francés rechaza la nueva doctrina de Bush del ataque preventivo. Una doctrina extraordinariamente peligrosa y que puede tener consecuencias dramáticas. Según Chirac, esta doctrina abre la puerta para que otros países solucionen así sus propios conflictos: China su relación con Taiwan, India con Pakistán, Rusia sobre Chechenia, Gran Bretaña con Zimbabue. En resumen, hace falta un orden para manejar los asuntos del planeta.

La guerra es la opción más segura

Numerosas y habituales objeciones a la guerra contra Irak no han recibido respuesta. Aquí hay algunas.

¿Por qué ahora? (...) Los ataques del 11-S han fortalecido enormemente la voluntad de actuar de EE UU y han obligado a Occidente a afrontar la amenaza terrorista. Sadam Husein ha seguido desarrollando armamento de destrucción masiva y continúa apoyando activamente el terrorismo. Resulta especialmente difícil protegerse contra la combinación de esos dos factores, que permitiría a los terroristas utilizar ese armamento contra la población civil (...).

¿Por qué no declaramos la guerra a los otros Estados que suponen una amenaza, como Irán o Corea del Norte? (...) La razón práctica para lidiar primero con Irak es que EE UU y sus aliados están ya familiarizados con la región, después de haber luchado en la guerra del Golfo y haber mantenido 11 años la zona de exclusión aérea (...).

¿Qué puede hacer Sadam con su armamento? (...) Ha utilizado ya armamento químico para matar miles de iraquíes e iraníes. Debe asumirse que tiene todavía municiones de agentes altamente tóxicos como el ántrax o el botulismo y puede también haber desarrollado otros más letales, como la viruela o el ébola (...). ¿Una acción contra Irak no pondría más en peligro nuestras vidas? No puede excluirse la posibilidad de una represalia, bien por las fuerzas de Sadam Husein o por los terroristas. Este pequeño riesgo, sin embargo, debe compararse con la casi total certeza de que, si no se para pronto a Sadam, él utilizará su armamento contra los Estados vecinos o contra Occidente; probablemente, contra ambos (...).

Revisar el Pacto de Estabilidad

Quienes sienten la tentación de comparar la situación de Europa con la de EE UU para justificar un relajamiento de la disciplina presupuestaria obvian importantes diferencias (...). Ante los problemas económicos, EE UU ha consagrado decenas de miles de millones de dólares a apoyar sectores enteros de su economía. (...) A diferencia de Europa, EE UU disponía el año pasado de enorme superávit presupuestario (...). Esto demuestra la capacidad de EE UU para aprovechar los ciclos y contraciclos de la coyuntura (...). Europa ha demostrado que nunca ha aceptado la necesidad de dotarse, mientras las condiciones se prestan a ello, de margen de maniobra para acometer las reformas apropiadas, especialmente las fiscales, sociales e industriales (...).

En lugar de lamentarse sobre una posible reforma del Pacto de Estabilidad, ha llegado la hora de preguntarse cómo aprovechar este momento difícil para que las finanzas públicas de los principales países de la zona euro puedan ser más eficaces (...). El sacrosanto ratio entre déficit público y PIB no permite distinguir en las finanzas públicas entre gastos coyunturales e inercias estructurales. Esto es lo que cuenta en la relación entre un crecimiento económico y el peso del Estado en la economía. Dotarse de un instrumento que diferencie tipos de gasto permitiría saber hacia dónde tirar (...).