Viajes

Bohemia dorada y tropical

La isla de la diosa maya de la fecundidad se ha convertido en refugio de artistas y vividores y en uno de los reclamos más golosos y coloristas de la sofisticada Riviera Maya, en el Caribe mexicano

Una isla con ese nombre, en medio del Caribe, se presta a toda clase de cálidas fantasías. De hecho, un puñado de leyendas tratan de justificar el rótulo; entre otras, se dice que los corsarios y filibusteros dejaban allí a buen recaudo a sus hembras, mientras ellos salían a ganarse el pan saqueando galeones españoles. Pero no. El nombre se debe seguramente a un factor de tipo científico o arqueológico: cuando Francisco Hernández de Córdoba exploró la isla descubrió al parecer muchas figurillas femeninas de terracota. Tal vez efigies o exvotos de la diosa Ixchel, que tenía allí un santuario al que acudían peregrinos de toda la costa maya. El ara sigue, recompuesta, en el extremo oriental de la isla, dentro del parque de ocio El Garrafón: la diosa madre atrapada como una atracción más de feria.

El parque en cuestión es como un vicio: difícil determinar si le está haciendo daño o bien a Isla Mujeres. Lo cierto es que está acabando a marchas forzadas con su inocencia. Todavía conserva la isla mucho candor (autenticidad sería un término controvertible), y eso es precisamente lo que buscan allí los ricachones de Cancún. De forma oblonga, y con apenas ocho kilómetros de largo por uno de ancho, su único poblado es un decorado de película. Colores rabiosos, tabernas indolentes, todo parece moverse al ralentí.

La única actividad apreciable se desarrolla en el puerto, sólo allí se mide el tiempo y se cumplen (más o menos) los horarios: se acoge o se despacha a los transbordadores y barcos de turistas que golpean la orilla de la isla, como para despertarla. Las playas de Isla Mujeres tienen nombres que son toda una divisa o programa de vida: Paraíso, Cocoteros, Garrafón. Arenas solitarias, blancas y brillantes como polvo de gemas o de coral, barreras de cocoteros inclinando sus penachos sobre las aguas someras y turquíes: es como bañarse dentro de un anuncio. Claro que todo esto no pasa desapercibido, y las avalanchas cada vez mayores de visitantes están alterándolo todo. Proliferan incluso atracciones espurias pensadas para ellos: ver hacer monadas a los delfines y nadar con ellos, visitar una granja de tortugas y enterarse de que a esos seres dichosos la memoria no les atormenta más de tres minutos, echar un vistazo a la finca de un célebre filibustero y tratante de esclavos, Fermín Mundaca, o a su tumba, en el precioso cementerio marino (dicen que le echaron el guante por andar enamorado).

Puede que con el tiempo toda la isla acabe fagocitada, asimilada, convertida en 'parque temático-sección refugio bucanero'

El parque (¿natural?) El Garrafón es como una isla dentro de la isla; quiero decir que tiene poco que ver con el ambiente bohemio de Mujeres, y se aproxima en cambio al paladar de Cancún. Hay una parte que es parque marino protegido, de belleza y colores deslumbrantes, y allí están el altar maya y una colección de esculturas modernas (dentro del caché alternativo de la isla se incluyen encuentros de artistas, talleres y cosas por el estilo). Pero al mismo tiempo el parque tiene esa cara de opulencia y eficiencia que es la marca de la americanizada Cancún. Paradoja: los turistas de Cancún vienen a Isla Mujeres buscando su aliento bohemio, y en Isla Mujeres cambian las cosas para adaptarlas al estilo sofisticado de Cancún.

Puede que con el tiempo toda la isla acabe fagocitada, asimilada, convertida en parque temático-sección refugio bucanero. No sería la primera vez que ocurre. Puerto Morelos, al sur de Cancún, era un pueblito de pescadores, con cuatro casuchas y cuatro pescadores; ahora es un pueblo típico de pescadores, con docenas de tabernas tradicionales, restaurantes carísimos, mariachis errabundos, cajeros automáticos y un ambientazo nocturno de muchísimo cuidado. Otra cosa es Xcaret; difícil calificarlo, ni es exactamente un parque de atracciones ni un parque temático ni mucho menos un parque natural, pero lo es todo un poco a la vez. Cancún, y la explosión de su litoral, se calculó con ordenadores. Y Xcaret es un poco el culmen de ese diseño, un pequeño universo donde cabe de todo, desde nadar por un río subterráneo, contemplar pumas en libertad o mariposas cautivas o guacamayos mediopensionistas; hasta los más tópicos espectáculos de adelitas a caballo, el juego de pelota maya o una apoteosis final, un espectáculo nocturno que es como una enciclopedia breve de México entero, tópica y colorista, pero que está requetebién, aunque a algunos nos cueste reconocerlo.

Localización

Cómo llegar. Desde Puerto Juárez (a unos 13 km al norte del centro de Cancún) sale un transbordador cada hora, en ambas direcciones, desde las 6.00 hasta las 20.00, cuesta sólo 8 pesos el trayecto; el barco-jet, más rápido, cuesta 22 pesos. También se puede tomar otro tipo de barcos desde el centro de Cancún (muelles de Playa Langosta o de Playa Linda); son viajes para turistas, de ida y vuelta, con música a tope, y cuestan alrededor de 13 dólares; si se trata de una excursión completa de un día, incluido tour de la isla, buceo y comida, el precio sube a 30 dólares. Alojamiento. En Isla Mujeres el hospedaje es bastante básico, en general; se puede contactar con la Asociación de Hoteles, tel. (987) 70279. Hay un lugar fuera de serie, de verdadero ensueño, al norte de Cancún: es el Paradisus Rivera Cancún, de la cadena Meliá: escondido entre extensos manglares y la playa, con espacios y edificios abiertos, un gusto exquisito y todo tipo de servicios y comodidades, sólo acepta a clientes en régimen de todo incluido. Cuenta con varios restaurantes a la carta y un bufé excelente, juegos y animación para quien lo desee y espectáculos de variedades por la noche. Una suite para dos personas (régimen de todo incluido) se consigue a partir de 228 dólares, unos 235 euros (impuestos incluidos). Información y reservas: Solres, 902 144 444. Comer. Tayné's, especializado en comida mexicana tradicional y cocina isleña, Avda. Hidalgo Norte, 12. Mirtita, restaurante y bar de ambiente familiar, Avda. Rueda Medina (junto al banco). Sunset Grill, al borde del mar en la Playa Norte, con música en vivo y ambiente festivo (tipo 2 x 1 bebidas nacionales), 8770785.