Aniversario

Europa cumple 50 años de paz, carbón y acero

El Tratado de la Comunidad Europea del Carbón y del Acero (CECA) expira hoy tras 50 años de existencia. La bandera de seis estrellas negras (carbón) y seis estrellas azules (acero) que ha representado el símbolo de este periodo de la historia, será arriada hoy después de 'haber creado los medios para poner al servicio de la paz dos elementos que sirvieron para hacer la guerra', según explicó el portavoz de Loyola de Palacio, vicepresidenta de la Comisión Europea y comisaria de Transportes y Energía.

El 9 de mayo de 1950 Robert Schuman, ministro de Exteriores del Gobierno francés, siguiendo la inspiración de Jean Monnet, comisario del Plan francés, propone a una desorientada Alemania compartir la producción del carbón y del acero bajo una nueva autoridad supranacional. Fue el punto de partida de una solidaridad que haría 'cualquier guerra entre ambos países no sólo impensable, sino materialmente imposible'. Los dos países, tradicionalmente enfrentados, abrían además su proyecto a cuantos socios quisieran adherirse.

Con esta voluntad daba comienzo un tratado que hoy deja de existir después de haber sentado las bases de un proyecto que ha cambiado el curso de la historia en Europa, y 'que nos permite contemplar con orgullo el largo camino recorrido desde entonces', según expresó Loyola de Palacio

El acuerdo eliminaba los aranceles a la exportación del acero y del carbón, facilitando su comercialización entre los países firmantes, y haciendo posible a Alemania deshacerse de los 14 millones de toneladas de acero que había acumulado después del fin de la Segunda Guerra Mundial en 1945. La nueva comunidad facilitaba además la modernización y el desarrollo de la producción, así como la exportación a los países terceros. Alemania, Francia, Bélgica, Luxemburgo, Países Bajos e Italia firmaron el tratado el 18 de julio de 1951 y entró en vigor el 23 de julio de 1952.

Los beneficios no tardaron en llegar. La CECA creó un fondo para investigación, que permitió avanzar significativamente en las técnicas de extracción de carbón, disminuyendo los riesgos de explosión de grisú, hasta entonces muy elevados.

Si bien la CECA 'ha fundado la base de una solidaridad energética en Europa', como expresó el portavoz de Loyola de Palacio, el sector hullero ha sufrido desde entonces una decadencia que lo ha llevado prácticamente a la desaparición. La producción de carbón ha descendido de 500 millones de toneladas en los años cincuenta a 78 millones de toneladas hoy. Sólo en Alemania, España y el Reino Unido se sigue extrayendo de forma mínima, y del millón y medio largo de mineros en activo en 1955, sólo quedan 90.000 actualmente. La UE ha prorrogado las ayudas al sector hullero hasta el año 2010.

El acero, sin embargo, ha salido ganando desde el periodo de creación de la CECA, época en que Europa necesitaba reconstruirse después de una guerra devastadora, favoreciendo la demanda de acero, muy elevada durante un tiempo. Tras varias crisis, esta industria se ha modernizado, convirtiendo a la UE en un sector competitivo, tanto que Estados Unidos ha aumentado los aranceles al acero europeo de un 8% a un 30% desde el pasado 20 de marzo. El sector del acero europeo ha vuelto a marcar la pauta de la economía europea y tres de sus empresas más representativas, la española Aceralia, la francesa Usinor y la luxemburguesa Arbed, protagonizaron el año pasado una fusión a tres bandas, pionera en las operaciones transfronterizas. La empresa resultante, Arcelor, ha sido además la primera en anunciar oficialmente que estrenara el recién creado modelo jurídico de Societas Europea

Las ventajas económicas de la CECA suponían sólo un primer paso hacia el verdadero objetivo con que el visionario Schuman había tomado la iniciativa del proyecto: la creación de una 'federación europea', unos Estados Unidos de Europa.

La ambición de una integración política de los ciudadanos europeos no sólo de los Estados, impregnó la declaración de Schuman en 1950, pero hoy parece casi tan lejana como la meta del final del proyecto.

300 millones de europeos comparten ya moneda y tipos de interés de referencia en sus hipotecas, pero el vértigo del próximo paso parece atenazar a los miembros de la Unión Europea.

La parálisis, según algunos, obedece a las dudas sobre el remate del proyecto -¿federación de Estados o Estados Unidos de Europa?-. Para otros, como el primer ministro luso, José Manuel Barroso, que debutó a nivel comunitario en el Consejo Europeo de Sevilla, 'la falta de liderazgo' ha convertido a la Unión Europea 'en un gigantesco avión Boeing 747 (...) sin piloto'.

La ampliación en ciernes, con 10 candidatos del Este preparados a ingresar en 2004, también aventa temores demográficos, presupuestarios y organizativos. En 1950 la respuesta fue el salto adelante. En 2002, el peligro es el salto atrás.