Coyuntura

Fox aplaza su agenda de reformas por la falta de apoyo político

El mercado ha aprendido a distinguir y ha demostrado que la economía de México es ahora diferente a la de 1994. æpermil;se es el mensaje coincidente de analistas y miembros de la Administración mexicana respecto a la situación del país.

Desde principios de año el peso se ha depreciado un 8,2%, pero los expertos vinculan la caída, más acentuada desde abril, a la depreciación del dólar y no a la situación de Brasil o Argentina. De hecho, el BBV considera que el hecho de que el déficit por cuenta corriente aún se sitúe en el 2,5% del PIB, pese a la recesión económica, sugiere que la divisa aún está sobrevaluada.

La diferenciación respecto a las crisis suramericanas tiene su mejor medida en el riesgo-país, que ha sufrido una variación de 27 puntos básicos en lo que va de año, hasta situarse en los 331 puntos. Lejos, por tanto, de los 979 puntos que alcanzó en enero de 1999 con la crisis del real brasileño.

Las perspectivas de crecimiento apuntan que el fin de la recesión llegará en el segundo trimestre, aunque el Gobierno deberá afrontar un nuevo recorte de gastos para cumplir con la meta de déficit fiscal.

México afronta, pues, un escenario de relativa estabilidad económica -salvo que EE UU lo impida- que no tiene igual reflejo en el panorama político. El enfrentamiento entre el Partido Revolucionario Institucional (PRI), que pasó a la oposición en 2000 tras 71 años en el poder, el Partido de la Revolución Democrática (PRD) y el Partido de Acción Nacional (PAN), de Fox, ha llegado a un punto que hace prácticamente imposible la gobernabilidad.

El PAN ostenta la mayoría en el Congreso, pero sin votos suficientes para sacar en solitario sus propuestas, lo que obliga a largas negociaciones y a cambios sustanciales en los proyectos del Gobierno.

El enfrentamiento entre los tres partidos es tal que el Congreso ha llegado, incluso, a denegar el preceptivo permiso al presidente, como exige la Constitución, para viajar recientemente a Canadá y EE UU, cuando las agendas ya estaban cerradas.

Ludolfo Paramio, director de la Unidad de Políticas Comparadas del CSIC, explica el fondo del problema, informa Fernando Martínez. La estrategia del Gobierno Fox es utilizar a la opinión pública como arma de presión para forzar la aprobación de las reformas. El PRI no tiene tradición de negociación y atraviesa una dura división interna entre liberalizadores y conservadores en el seno del partido. El PRD se ha posicionado como partido antisistema. Estas posiciones impiden toda negociación.

El embajador de México en España, Gabriel Jiménez Ramos, reconoce que en este contexto la agenda reformista de Fox está paralizada y la única esperanza a medio plazo son las elecciones de julio de 2003. Entonces, los mexicanos deberán elegir a sus representantes para la Cámara de Diputados, lo que podría dar a Fox la mayoría absoluta en la Cámara Baja.

La campaña de acusaciones de cara a los comicios no ha hecho más que empezar y el propio embajador reconoce que los sondeos no favorecen las aspiraciones de Fox. Las reformas energéticas exigen cambios en la Constitución mexicana que deben ser respaldados por dos tercios de los votos del Congreso, lo que dado el grado de enfrentamiento hace imposible su apertura al sector privado, al menos en esta legislatura.