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Comercio Electrónico

Compras seguras en la Red

La mitad de los 525,12 millones generados en España el año pasado en transacciones electrónicas entre particulares y empresas se realizó a través de tarjetas de crédito

La desconfianza es mala consejera de la compra y ha frenado el impulso comprador de muchos internautas. En 2001, más de un millón de españoles adquirieron un artículo o servicio a través de Internet, según la Asociación Española de Comercio Electrónico (AECE), lo que supone el 12,9% de quienes navegan (un total de 7,7 millones de personas según el Estudio General de Medios).

El medio de pago más utilizado en estas operaciones, que generaron un negocio de 525,12 millones de euros, es la tarjeta de crédito (con un 49,7%), a la que siguen la fórmula de pago contrarreembolso (36,6%), la domiciliación bancaria (8,9%) y la transferencia (7,4%). A éstas se unen otras alternativas, aún de uso incipiente. Su misión se centra en reforzar la seguridad y fomentar el comercio electrónico.

Además, los nuevos medios de identificación y pago tienen a su favor un precio asequible y la sencillez de uso. Sin embargo, su empleo masivo exige varias condiciones que hoy en día no se cumplen. Entre ellas, figura 'homogeneizar las distintas plataformas existentes, a través de un estándar universal que reduzca costes y facilite las gestiones', apuntan desde Visa. En ello trabajan firmas emisoras de tarjetas, entidades bancarias e incluso operadoras de telefonía -para facilitar el pago a través de móviles-. Otro de los requisitos es disponer de una infraestructura adecuada, 'en la que juegan un papel destacado los directorios LDAP, que especifiquen los usuarios y servicios a los que van a acceder', detalla Pedro Galatas, director de estrategia del mayorista de soluciones de seguridad Afina. La tercera condición, para Galatas, sería 'ligar estas tarjetas a un documento oficial, como el DNI, o su posterior desarrollo, el DNI digital'. Según las previsiones de este experto, la difusión masiva de estos medios, que combinarán mecanismos de identificación y pago, no se producirá hasta 2006 o 2007.

Ibercaja, La Caixa y BBVA ya han emitido cientos de miles de tarjetas virtuales sin estar vinculadas a datos personales e incluso sin soporte físico

Tarjetas con chip, cibertarjetas, llaves USB (de conexión externa) y sus programas asociados (certificados digitales y otras aplicaciones de seguridad) representan la alternativa a los medios de pago convencionales. Su porcentaje no es aún representativo en un mercado de 45,5 millones de tarjetas bancarias, con el que se realizaron el 10,4% de las compras en España el pasado año. Cada uno de estos sistemas conlleva ventajas e inconvenientes, unas sirven exclusivamente como medio de pago, otras como identificador y las menos combinan ambas posibilidades.

Las denominadas cibertarjetas, que permiten comprar sólo en Internet, no tienen existencia física ni se vinculan a tarjetas de crédito ni a cartillas de ahorro. Sólo se componen de un número y una fecha de caducidad que proporcionan algunas cajas y bancos. El coste suele ser gratuito y, si el solicitante lo demanda, la entidad puede emitir un soporte para esos datos, de cartón u otro material distinto al de las tarjetas de crédito, que sirva como simple recordatorio al titular.

La modalidad de prepago en la que se basan facilita el proceso de compra: el usuario carga el número con la cantidad que desee a través del cajero, la web o la oficina de la entidad bancaria que la emita, y lo hace cuantas veces sea necesario. 'Recomendamos cargar el importe exacto para que una vez autorizada la operación no pueda hacerse un uso fraudulento al no existir saldo', sugiere Jesús Carlos Tejedor, responsable de marketing de la sección medios de pago de Ibercaja.

A los datos de la cibertarjeta, el usuario debe añadir su número secreto de identificación personal (PIN) en el momento de la compra. Como no está vinculada a datos personales, el anonimato se garantiza y, al no existir soporte físico, no se puede robar. Ibercaja ha emitido más de 105.000 tarjetas virtuales, si bien 'su utilización aún no es muy alta si lo comparamos con el resto de tarjetas', apostilla Tejedor. La Caixa es otra de las entidades que facilitan este soporte, que se emite bajo Visa y Mastercard, lo que permite comprar en todas las web que acepten estas marcas. Pueden solicitarlo de forma gratuita tanto clientes como no clientes de la entidad y recargarlo con cantidades entre 5 y 1.510 euros. Algunas cajas de ahorros y entidades, como el BBVA, ofrecen un número de tarjeta diferente para cada transacción, a través de un programa que se descarga de Internet, la seguridad queda así aún más reforzada.

La segunda alternativa es la tarjeta inteligente, que añade un chip al formato convencional de plástico. Su seguridad es notablemente superior a la de las tarjetas de banda magnética, pero los costes que supone transformar los sistemas informáticos, sustituir miles de millones de tarjetas y cientos de millones de terminales y cajeros han ralentizado su evolución. La situación puede cambiar de aquí hasta 2005, cuando Visa y Mastercard dejarán de hacerse responsables de los fraudes cometidos con las tarjetas que no incorporen un microprocesador bajo el estándar EMV (tecnología desarrollada por Europay, Mastercard y Visa para reducir las tasas de fraude de las tarjetas de banda magnética), lo que trasladará la responsabilidad a los bancos, el establecimiento o, en el peor de los casos, al propio titular de la tarjeta.

Este tipo de tarjeta aúna las funciones de las tarjetas de crédito, débito y monedero, su utilidad se extiende a Internet, teléfonos móviles y la televisión interactiva. Para ello han de equiparse con lectores de tarjetas compatibles con la norma PC/SC. Se calcula que, a finales del pasado año, circulaban más de 20 millones de tarjetas inteligentes EMV en Europa, una cifra discreta en comparación con los 2.015 millones de tarjetas con chip que, según Eurosmart, firma que reúne a las 10 empresas responsables del 90% de la producción de estas tarjetas, existen en todo el mundo.

Millones de llaves

Las pequeñas llaves de identificación USB (conexión externa al ordenador personal) tienen a su favor no necesitar lectores específicos para llevar a cabo su misión: memorizar información, credenciales personales, claves de encriptación y certificados digitales. 'Estos datos no quedan grabados en el disco duro, a riesgo de fallos del sistema, virus o intromisiones de personas no autorizadas', explica Karl Buffin, director de canal para el sur de Europa del fabricante Rainbow. Esta empresa presume de haber vendido más de 26 millones de unidades en todo el mundo y su directivo asegura que 'la clave privada debe estar fuera del ordenador para asegurar la confidencialidad'.

La mayor virtud de estas llaves, cuyo precio ronda los 10 euros, consiste en garantizar la identidad del usuario en las operaciones para evitar el fraude y el acceso a datos confidenciales. Tanto las tarjetas con chip como las llaves de identificación pueden equiparse con distintas aplicaciones de seguridad, como las desarrolladas por Activcard, Gemplus o Calyx, y certificados digitales, ya que 'los soportes no son más que un eslabón en la cadena de seguridad', sostiene Juan Carlos Pascual, director técnico de Ipsca, 'sus propiedades se multiplican al reforzarlas con sistemas de firma y certificación digital'.

A esta diversidad de sistemas se unirá el DNI electrónico antes de que acabe el próximo año, según las previsiones de quien se encarga de su desarrollo, el Ministerio del Interior. En este proyecto se emplea en estos momentos la Dirección General de la Policía en colaboración con la Fábrica Nacional de Moneda y Timbre. Con un aspecto bastante similar al DNI actual, el nuevo soporte empleará el mismo material que las tarjetas de crédito e integrará un chip que asegurará, entre otras funciones, la identificación en Internet, favoreciendo, previsiblemente, una mayor seguridad en las transacciones no presenciales. Las compras y la firma de contratos a través de Internet entre empresas están esperando al citado documento.

Apuesta por el móvil para compras en tiendas y en web

 

Los expertos coinciden al señalar al popular teléfono móvil como uno de los medios de pago con más posibilidades a corto y medio plazo, lo que habrá de demostrarse cuando se implante la telefonía de tercera generación en España (UMTS).

 

 

 

 

 

 

 

Y lo mejor es que se notará su utilidad tanto en pagos presenciales, sustituyendo a la tarjeta de crédito o débito, como en compras virtuales a páginas web. En el primer caso, el cliente ha de proporcionar al vendedor del establecimiento su número de móvil, al que previamente ha vinculado con su número de tarjeta en el banco emisor y su PIN (número de identificación personal). El comerciante teclea este número en su terminal punto de venta (TPV) y el banco llama al propio teléfono móvil para confirmar la compra. Si el importe es correcto, el cliente teclea en el móvil su PIN, quedando cargada esa cantidad en su número de cuenta.

 

 

 

Para realizar compras virtuales se deberá encajar un pequeño dispositivo lector de tarjetas (los próximos modelos en el mercado dispondrán ya de una ranura para tal función). Una vez realizada la adquisición, el móvil recibe un mensaje con el importe gastado y pide la clave personal. Es entonces cuando se comprueba la solvencia de la tarjeta y el recibo llegará en forma de mensaje al terminal.

 

 

 

Actualmente existen varias plataformas de pago a través de terminales móviles que han nacido bajo la incertidumbre de cuándo comenzarán a obtener beneficios.

 

 

 

La más activa es Paybox que, avalada por Deutsche Bank, permite enviar, recibir dinero y pagar desde el móvil sea cual sea la operadora de telefonía y entidad bancaria de la cuenta corriente a la que se vincula el número del terminal. La cuota anual de mantenimiento se cifra en 0,99 euros al mes y no se cobran comisiones por envío de dinero ni por pagos a páginas web o tiendas. Sus previsiones para España para finales de este año son conseguir 300.000 usuarios, 400 tiendas virtuales y 3.000 comercios tradicionales.

 

 

 

El segundo en contienda es Mobipay, donde se posicionan Telefónica, Vodafone, BBVA, SCH y los emisores de tarjetas Visa, Mastercard y 4B, con una inversión inicial de 42 millones de euros. El lanzamiento comercial tuvo lugar el pasado 28 de mayo en Valladolid y está previsto que su extensión por toda España tenga lugar a lo largo del último trimestre de este año.

 

 

 

Visa Móvil, finalmente, que está respaldado por Visa Internacional, cuenta con la plataforma de La Caixa y la Federación Catalana de Cajas de Ahorro, entre otras firmas.

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