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Viajes

Brujas, capital cultural de Europa

Desde el 20 de febrero pasado, la ciudad belga ha iniciado su reinado cultural, que ofrece ya algunos de sus acontecimientos más señalados

Brujas es demasiado bonita, ése es su problema. Demasiado rica en tesoros antiguos. Hace tiempo que le colgaron el rótulo de ciudad-museo. Un belga del círculo simbolista, Georges Rodenbach, escribía a finales del siglo XIX Brujas, la Muerta, novela clave en la cual los verdaderos protagonistas eran las calles pulidas y desiertas, los canales de aguas estancadas, los fúnebres campanarios y las sombras: una geografía del alma. Más piadosa fue con la ciudad Marguerite Yourcenar (también belga) al revivir en Opus nigrum el siglo dorado de Brujas, cuando era un organismo inquietantemente vivo, tan inmundo o admirable como los seres efímeros que habitaban su fulgor. En suma, Brujas es una ciudad eminentemente literaria, una excursión obligada para jubilados europeos y viajeros acomodaticios.

Pues bien, ése es el reto: pulverizar esa imagen. Quieren los de Brujas que haya un antes y un después de este año capicúa (y por tanto alquímico) en que va a compartir capitalidad cultural con Salamanca. Y quieren hacerlo de forma irrevocable, con implantes que transmuten (como buscaban los alquimistas locales) si no la esencia, sí al menos la apariencia corporal de su ciudad. Un nuevo auditorio, el Concertgebow Brugge, abrió sus puertas al iniciarse el duunvirato cultural, uniendo su perfil al cielo inalterado desde siglos. En el burgo medieval (Burg), el japonés Toyo Ito ha infiltrado un pabellón que con sus fórmulas de vidrio y agua trata de ser una transparente equivalencia de la entraña anfibia de esta Venecia del norte. Y sobre el río Coupure, en pleno cogollo monumental, un nuevo puente peatonal hace alarde de técnica innovadora, al ser un artilugio móvil, aunque no levadizo, que permite el paso ocasional de embarcaciones. Estos nuevos elementos fijarán la fisonomía de Brujas tanto como el Befroi (la torre cívica), la Basílica de la Santa Sangre, las rimeras de hastiales góticos y burgueses, la madeja de canales y rincones de encaje o los viejos molinos.

Naturalmente, estas mejoras patrimoniales no dejan de ser una premisa para la avalancha de actos programados. En el campo de la plástica, habrá dos exposiciones especialmente significativas: una sobre el paisano Jan van Eyck y la influencia de la escuela flamenca en los países mediterráneos (15 de marzo a 30 de junio) y otra sobre el mundo hanseático y el comercio naval y textil que llevó a Brujas a esa edad de oro tan bien reflejada por la Yourcenar (24 de mayo a 8 de septiembre); a esto hay que sumar Octopus, una intervención de arte contemporáneo que como un pulpo extenderá sus tentáculos multidisciplinares por plazas y callejas desde mayo a septiembre. La música estará presente de manera continua, y tendrá momentos álgidos como el Festival de Música Antigua (en el que no podía faltar nuestro Jordi Savall y su conjunto Hesperion XX; del 26 de julio al 11 de agosto), el Festival de Jazz (agosto) o un Festival de música clásica contemporánea. Y muchas más cosas, claro está, algunas tan vistosas y apropiadas como Sail 2002, un encuentro de veleros en el puerto, a finales de agosto.

Quieren los de Brujas que haya un antes y un después de 2002. Y quieren hacerlo con implantes que transmuten la apariencia cultural de su ciudad

Para los españoles hay un factor añadido de interés: las afinidades de Brujas con nuestra historia. Y no me refiero a la etapa en que la plaza fue española y tuvo burgomaestres españoles, como Juan Pérez de Malvenda, sino al episodio concreto en que, precisamente ese regidor, escondió y salvó para la feligresía, durante los días de terror calvinista, la reliquia de la Santa Sangre de Cristo (que había sido traída de Tierra Santa cuando las Cruzadas y se sigue venerando en el más emblemático templo de Brujas). Más atractiva me parece la vinculación a través de la figura de Juan Luis Vives, humanista valenciano nacido en 1492 que vivió y enseñó en Brujas, se movió por círculos europeos, propugnó valores como la piedad, la concordia y la tolerancia, y falleció en Brujas con apenas 48 años. Otra cosa que nos une: el Colegio de Europa, una idea que fletó Salvador de Madariaga en 1948 y que ha recalado en Brujas, un espacio donde licenciados de diversos países estudian y conviven, alimentando desde hace años el llamado espíritu de Brujas: otra baza refrescante para los buenos tiempos europeístas que ahora corren.

Localización

 

Cómo ir. Iberia (902 400 500) tiene cinco vuelos diarios desde Madrid a Bruselas, a partir de 248 euros i/v . Desde el aeropuerto de Bruselas, salen dos trenes cada hora en dirección a Brujas, el trayecto es de hora y media, aproximadamente. Si se va en coche, las autopistas belgas son gratuitas.

 

 

 

 

 

 

Año cultural. Las reservas para actos y exposiciones se puede hacer en www.brugge.be/trade/en/hoereserveren.htm, o bien en TicketWorld, Plaza de España 18, Madrid, 915 428 598, y Diputación, 300, Barcelona, 933 023 212. Existe un Pass Brugge 2002 para tres días, para acceder a las exposiciones, sencillo (una persona, 25 euros) o doble (dos personas, 35 euros).

 

 

 

 

 

 

Alojamiento. Uno de los hoteles más recomendables es el Montanus, un cuatro estrellas en pleno centro, en Nieuwe Gentweg, 78, teléfono 32 50 331176. También el Relais Oude Huis Amsterdam, en Spiegelrei, 3, 32 50 341810.

 

 

 

Ver: www.brugge.be/Verblijf/en/hotelse.htm

 

 

 

 

 

 

Comer. Recomendable es el restaurante Den Dyver, especializado en platos refinados a base de cerveza, Dijver, 5, 32 50 336069. Marieke van Brugghe, Mariastraat, 17,

 

 

 

32 50 343366. Spinola, en Spinolarei, 1, 32 50 341785.

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