Revista de Prensa

'Calígula' y la economía argentina

El infortunio que ha caído sobre la Argentina parece dar razón a la ironía de Jacques Prévert cuando decía que 'el Ministerio de Economía debería llamarse de la Miseria, pues al Ministerio de la Guerra no se le llama nunca de la Paz'. Tanta y tan lamentable sumisión de los hombres a las políticas económicas nos recuerda la que pinta Albert Camus en su magistral tragedia Calígula.

Allí, con el criterio de que lo primero es el tesoro público, el César dispone que todos los patricios deshereden a sus hijos y testen a favor del Estado. A renglón seguido, para satisfacer las necesidades económicas generales, resuelve que se haga morir, en orden aleatorio, a cuantas personas convenga. 'Esas ejecuciones -observa el tirano- tienen todas la misma importancia, lo que demuestra que no la tienen', para agregar en seguida: 'Si el tesoro tiene importancia, la vida humana no la tiene. (...) La vida no vale nada, ya que el dinero lo es todo'.

Así como la caridad no alimenta las arcas de ningún Estado, tampoco es aquí el amor el que iguala a los súbditos del imperio. Ni siquiera lo es el odio (...). Es la economía, cuando se reduce a pura lógica y cómputo, la que corta a todos con la misma tijera (...).

La conclusión de Calígula es obligada: 'La utilidad del poder es dar oportunidades a lo imposible', aunque en ello nos vaya la vida. Si de eso se tratara, y si fuera cierto que los gobernantes contemporáneos sólo van por los carriles que les traza la lógica usual de los economistas, es probable que estemos perdidos. En este caso, habrá que esperar el resultado, previsible, de confiar las ovejas al lobo.