Estrategias de las empresas

Viena Capellanes, enseña de calidad desde hace 130 años

Desde la capital del imperio austro-húngaro trajo a España la fórmula del pan de Viena un galeno valenciano. El nombre de una capilla del cercano Palacio Real completó la marca.

Matías Lacasa, industrial aragonés, fabricó en España el pan de Viena durante 10 años en exclusiva. La fama de aquel pan, más fino y distinto a las libretas de blanco, las hogazas de moreno o el candeal de la época, se extendió como la pólvora. La historia de Viena Capellanes forma parte de la Historia, con mayúsculas.

Al morir Lacasa sin herederos, su viuda, Juana Nessi, recurrió a sus sobrinos nietos, los hermanos Baroja, Pío y Ricardo, para llevar el negocio.

Pocos años más tarde, Manuel Lence Fernández, entonces su encargado, inicialmente chico de los recados y prototipo de emprendedor hecho a sí mismo, con la colaboración de sus hermanos, también llegados de su Galicia natal, compraba el negocio a los Baroja que, finalmente, pudieron dedicar su talento a sus verdaderas vocaciones. Ricardo, la pintura y Pío, la literatura.

Madrid crece con el nuevo siglo y aquel chaval de los recados decide montar un servicio de entregas a domicilio. La familia Lence va salpicando la capital con establecimientos situados estratégicamente. El sistema de entrega de encargos puerta a puerta fue el primero motorizado y un ejemplo precursor de la moderna publicidad dinámica.

Los furgones de reparto, réplicas del autogiro del ingeniero español Juan de la Cierva, rodaban sobre las calles adoquinadas de Madrid.

Aquellos artilugios, parecidos a helicópteros por sus hélices, llamaban la atención y despertaban el apetito de los viandantes. Empresas de la época, Perfumería Gal, entre otras, impactadas por el efecto, imitaron la iniciativa.

Sin dejar de innovar, la empresa va creciendo. Amplía la oferta (pastelería, chocolates, fiambres, salón de té…). También la fórmula del negocio se ensanchó.

Corrían los años treinta cuando Lence ideó un nuevo modelo de relación comercial mediante el cual, su sociedad, Viena Capellanes, aportaba imagen comercial y productos a unos cuantos asociados, elegidos entre lo mejor del comercio madrileño.

Más de un siglo después, el estilo de gestión que imprimió Manuel Lence Fernández a su pequeño imperio familiar sigue vigente. ¢La fórmula es la misma. Compromiso de calidad, identidad propia, reinversión de beneficios y mucha, mucha dedicación¢, así resume uno de sus biznietos el día a día del grupo en la actualidad.

El modelo sigue siendo válido y sirve de materia de estudio en algunas de las universidades de negocios de Europa.

Si el innovador gallego levantara ahora la cabeza... Estaría encantado, seguro.

Vocación artesanal desde 1873

Antonio y José Antonio comparten nombre y empresa. Son la tercera generación de la saga Lence y regentan este grupo familiar que el pasado año facturó 6,37 millones de euros (1.060 millones de pesetas). Como hace 130 años, la elaboración de los más de 15.000 artículos que cada día salen de su obrador mantiene intactos dos principios: excelente materia prima (los ingredientes se ven) y una elaboración artesana de calidad. ¢Nos adaptamos sin renunciar a la tecnología. Facilita tareas y procesos. Para mantener el característico empaquetado de nuestros emparedados hubo que diseñar maquinaria y adaptar la disponible en el mercado¢, asegura Antonio Lence, director gerente. La fidelidad e implicación de la plantilla, 150 empleados en los 15 locales que Viena Capellanes tiene en Madrid, es un aspecto destacado por José Antonio Lence, consejero ejecutivo. ¢La historia se repite, muchos de nuestros encargados de ahora empezaron despachando¢.