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El limitado poder de Fox frena la aplicación de reformas en México

Vicente Fox llegó a la Presidencia de México el 1 de diciembre de 2000 con un enorme gancho entre la población y un reto: sacar adelante una transición política tras los 71 años del Partido Revolucionario Institucional (PRI) en el Gobierno. Un año después, su popularidad ha caído del 90% al 70%, y la transición política es una tarea en la que suma tantos avances como tropiezos.

La promesa de un crecimiento del 7% anual se encontró con la desaceleración económica de EE UU, consumidor del 85% de las exportaciones. Los atentados del 11 de septiembre empañaron aún más el panorama, y 2001 será un año de crecimiento cero.

"El resultado es el mejor posible dadas las restricciones políticas que ha afrontado el Ejecutivo en esta etapa de infancia democrática", matiza Manuel Sánchez González, economista jefe de BBVA Bancomer. A una inoportuna caída de la actividad se suma el limitado poder que tiene Fox en contraste con la hegemonía de los gobernantes priístas: el Partido Acción Nacional (PAN) tiene 207 diputados, y el PRI, 209. Ambos viven tensiones internas de cara a la renovación de listas para las elecciones legislativas de 2003. A ello se suman las propias divisiones en el seno del PAN, ante las que Fox no ha logrado forjar consensos.

Las cosas no están tan mal cuando se mira a otros países del entorno como Argentina o Brasil. El peso mexicano mantiene una fortaleza inesperada, con una revaluación del 4,6% frente al dólar en lo que va de año, principalmente por la entrada de inversión extranjera. La inflexible política monetaria del Banco de México abatió la inflación hasta el 6%, su menor tasa en décadas. Paralelamente, los tipos de interés se han recortado a la mitad, con lo que la banca ha superado el temor al riesgo desde la crisis de 1994. Con to-do, la caída de los precios del crudo hace prever que antes de fin de año se recortará el Presupuesto, el cuarto desde enero.

En respuesta a una necesidad creciente, el Gobierno presentó en abril un proyecto de reforma fiscal que aspiraba a reducir la dependencia de los ingresos petroleros, que aún suponen un 30% del total. Su propuesta se basó en eliminar la exención del impuesto del valor añadido (IVA) que tienen los alimentos y medicinas. El PRI respondió con no rotundo.

El Congreso negocia ahora una reforma alternativa que, según las partes, distará mucho de cumplir con los objetivos que se esperaban de ella. "La original tiene buenas bases para recaudar, eliminar distorsiones. Ahora habrá que ver, porque hay mucha confusión", opina Sánchez.

El mismo problema tiene la reforma energética. La insuficiencia de recursos gubernamentales para invertir en las empresas del sector y los límites constitucionales a la participación privada han hecho saltar las alarmas. La caída de los flujos de electricidad y el temor sobre el abastecimiento de la materia prima que garantiza su producción, el gas natural, exigen un acuerdo nacional. La falta de apoyo parlamentario obliga al Gobierno a trampear con contratos de servicio y suministro que la empresa estatal Petróleos Mexicanos (Pemex) firma con las multinacionales del sector.

Entre los logros, el Congreso dio el visto bueno a una nueva legislación dirigida a convertir a la Bolsa en una fuente de financiación para las empresas. Los accionistas minoritarios tienen potestades reforzadas y la transparencia informativa es ya una obligación empresarial. Fox también ha conseguido cierta calma con los zapatistas con una ley que reconoce los derechos y la cultura indígena. El Gobierno también empieza a mirar de frente al pasado, "pese a las reticencias en todos los niveles a que desaparezca la estructura de corrupción y narcotráfico", opina Jonathan Heath, economista jefe de Latin Source.

¿Le falta a Fox capacidad de liderazgo? "æpermil;se no es el problema, sino que tiene enfrente tres partidos con agenda e intereses propios, que no pasan por apoyar al presidente", apunta Heath.