Ir al contenido
_
_
_
_

Casi un millón de españoles vive con menos de 267.000 pesetas al año

Las cifras sobre creación de empleo, actividad económica o el consumo de las familias, entre otras, continúan siendo favorables en España, pese a haber entrado en un ciclo de desaceleración mundial. Sin embargo, la distribución de la riqueza ha registrado escasas variaciones. Después de seis años de bonanza económica, 840.000 españoles (el 2,1% de la población) tiene que sobrevivir con menos de 267.000 pesetas anuales, exactamente el mismo porcentaje que a principios de los noventa.

El último informe elaborado por la Fundación de las Cajas de Ahorros Confederadas (Funcas) pone de manifiesto cómo a principios de la década de los noventa, el 19% de los hogares españoles (2.146.717 familias en total) estaba calificado como pobre, ya que su nivel de gasto se situaba por debajo del 50% del consumo medio anual per cápita (establecido en 1.187.651 pesetas, de 2000, en términos de IPC). Pero la situación se agrava aún más al tener en cuenta que el 2,1% de la población (840.000 personas o 237.269 hogares) está considerado como pobre extremo, al tener que sobrevivir con menos del 25% del consumo medio: en total unas 267.000 pesetas.

El estudio sostiene que tomando como referencia la variable de los ingresos medios per cápita (1.068.492 pesetas de 2000) la proporción de hogares por debajo de la línea de la pobreza representaba en las mismas fechas el 16,6% de la población, mientras que los considerados como pobres extremos continúan siendo el 2,1% de los españoles.

Según el citado estudio, en 1996 la distribución de la riqueza ha variado sensiblemente, siendo el grupo de los considerados como pobres el más beneficiado. Por contra, los pobres extremos continúan representando exactamente idéntico porcentaje.

El 35% de las familias con rentas netas equivalentes más bajas ha aumentado su participación en el total de las rentas desde el 15,9% que obtenía en 1985 al 18% de 1996, lo que representa una ganancia relativa del 13,2%.

Por su parte, el 30% de las familias con rentas más elevadas ha visto reducir su parte en el total de la riqueza nacional desde el 52,5% al 49,7% entre los mismos años (lo que equivale a una pérdida del 5,3%).

Desde el punto de vista de su distribución regional, el mayor porcentaje de pobres se da en Extremadura, donde hay más de un 40% de hogares cuyo consumo está por debajo del umbral, siguiéndole Ceuta y Melilla, con un 37,3%.

Equipamiento

En otras ocho comunidades, a saber: Andalucía, Castilla-La Mancha, Canarias, Murcia, Castilla y León, Galicia, Comunidad Valenciana y Aragón, al menos uno de cada cinco hogares es pobre desde el punto de vista de sus niveles de gasto.

Al margen de las cifras absolutas de distribución de la riqueza, cabe destacar cómo los hogares españoles, incluso los clasificados como pobres o extremadamente pobres, tienen unos niveles de equipamiento bastante aceptables y, aunque con dificultades, suelen llegar a fin de mes sin contraer deudas.

Sorprende que casi en el 60% de los hogares considerados extremadamente pobres la vivienda es en propiedad, una superficie media de 75 metros cuadrados y el 22% de los mismos dispone además de coche.

Así, dentro de este colectivo apenas el 16% reconoce tener dificultades con frecuencia para llegar a fin de mes con sus recursos y sólo el 2,6% reconocer la necesidad de tener que contraer deudas para hacer frente a sus pagos.

El informe elaborado por Funcas pone de manifiesto que la mejora observada en la distribución de la renta hasta principios de los noventa ha tenido continuidad posteriormente, aunque a un ritmo de avance notablemente inferior.

La carencia de estudios incrementa el riesgo de padecer pobreza extrema

Aunque no es fácil establecer una definición exacta de la pobreza, el informe elaborado por Funcas sostiene que es la condición social ligada a la carencia de medios para satisfacer las necesidades básicas de los individuos.

Pero a renglón seguido de esa definición surgen los distintos enfoques. De hecho, en los países desarrollados se suele considerar como pobres a los colectivos que están excluidos de ciertos usos y prácticas comunes a la mayoría del grupo social, aunque en términos absolutos dicho colectivo no sufra carencias indispensables para cubrir las necesidades mínimas de subsistencia. Al margen de cuantos debates suscite la terminología, existe evidencia empírica, según subraya Funcas, de la enorme vinculación existente entre el nivel de vida de los individuos y su nivel educativo, midiendo este con la variable de los años de escolarización.

Todos los informes que se han realizado hasta la fecha concluyen que a mayor nivel educativo, le debe corresponder una menor probabilidad que tiene un hogar de ser pobre, dado que los ingresos medios de las familias aumentan cuando se incrementa el nivel de estudios del sustentador principal de la unidad familiar.

Calculando el nivel medio de estudios del sustentador principal por comunidades autónomas, se obtiene que en las regiones con mayor peso de los hogares pobres el nivel de estudios medio del sustentador principal se sitúa por debajo de la media nacional, que es de 8,15 años, mientras que en las comunidades con menor porcentaje de pobres, el fenómeno es el contrario.

En Extremadura y Andalucía la media de escolarización son 6,38 y 6,53 años, respectivamente. Mientras que en Madrid y Cataluña el nivel de estudios se eleva a 9,72 y 9,31 años, respectivamente.

De este modo, la distribución desigual del capital humano entre las autonomías está en consonancia con una distribución no homogénea del fenómeno de la pobreza.

También cambia la comparación según sea el sustrato de edades a tener en cuenta y si se está considerando la variable del gasto o los ingresos. Medida sobre el gasto, la mayor proporción de pobres extremos corresponde a los mayores de 65 años, mientras que si se utilizan los ingresos, los ciudadanos de 30 a 44 años son los más perjudicados.

Archivado En

_
_