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Lealtad, 1

El inversor huye hacia la calidad

Se aprecia en todos los mercados. En los de deuda y en los de renta variable. El inversor está dispuesto a pagar primas cada vez más altas por activos que se suponen de calidad. Ello ha impulsado el mercado de bonos del Tesoro y la deuda de las empresas más solventes frente a la renta fija de baja calificación o, lo que es lo mismo, de alto riesgo.

De hecho, mientras en la deuda de empresas como Jazztel se llega a pagar una rentabilidad del 50%, los bonos de las grandes telecos europeas han registrado fuertes subidas desde el mes de abril (caídas en la rentabilidad y reducción del diferencial con la deuda del Estado) a pesar de que el sector emite más y más papel.

El inversor huye hacia la calidad, y esta huida (señal de aversión al riesgo) es lo que ha generado muchos de los problemas financieros de Argentina. Si las subastas de deuda que ha tenido que hacer Cavallo no se hubiesen cerrado con tipos de interés estratosféricos, el Gobierno no habría tenido que presentar un plan de ajuste fiscal tan draconiano como el que acaba de poner en marcha. Un plan que pone en duda la propia estabilidad política. Los problemas para colocar la deuda, además, acentuaron las huidas de capital, lo que agudizó la crisis.

La crisis argentina se ha desatado en los mercados, pero está enraizada más profundamente. El tipo de cambio fijo es, cuando menos, difícilmente sostenible, y sacrifica el dinamismo económico del país. El mercado se limita a expresar las dudas que todos tenemos en forma de movimientos de capital, pero esos movimientos no son el problema.

Por eso las finanzas solamente darán una solución temporal. Argentina puede estabilizarse, se puede recuperar el bono y el riesgo-país y desaparecer el miedo a una devaluación inmediata. Pero el problema de fondo no va a acabar.

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