COP31: acelerar la electrificación, acelerar la acción
Sustituir combustibles fósiles por electricidad solo recorta emisiones si esa electricidad es limpia, y en 2025 el sistema español fue en sentido contrario
La presidencia de la COP 31 ha publicado recientemente una carta con sus prioridades. Con las reglas del Acuerdo de París plenamente desarrolladas, aprobado el primer Balance Mundial, y unas 130 partes habiendo presentado sus nuevos compromisos, aun siendo el esfuerzo global insuficiente, Antalya presenta la implementación como lo verdadera...
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La presidencia de la COP 31 ha publicado recientemente una carta con sus prioridades. Con las reglas del Acuerdo de París plenamente desarrolladas, aprobado el primer Balance Mundial, y unas 130 partes habiendo presentado sus nuevos compromisos, aun siendo el esfuerzo global insuficiente, Antalya presenta la implementación como lo verdaderamente apremiante.
Desde París hasta la fecha, se ha ido concretando cómo alcanzar los objetivos allí acordados. El Balance Mundial indicó que el camino pasaba por triplicar las renovables, duplicar la eficiencia y abandonar los combustibles fósiles. Antalya da un paso más y, aun no siendo obligatorio, apunta a la imperiosa necesidad de la electrificación.
Conocemos la meta y el camino. Es tiempo de echarse a andar, con prisa y sin pausa. Nos lo pide la presidencia de la COP y el planeta. Es momento de que cada uno se centre en sus propias acciones, especialmente en las necesarias para avanzar hacia la electrificación. La presidencia apunta un objetivo de un 35% en 2035. Ambicioso pero alcanzable, nos dice.
La Comisión Europea lleva tiempo lanzando iniciativas para acelerar la electrificación en la UE. Se acumulan las razones: a las climáticas, la reducción del consumo y de la dependencia de los combustibles fósiles, reducción de la volatilidad y de los precios de la energía, reducción de la exposición a crisis geopolíticas, ahorro en importaciones… Se acumulan las medidas anunciadas (Fit for 55, REPowerEU, Plan UE para las Redes, Plan para una Energía Asequible, hasta el muy reciente Plan para la Electrificación), y se acumulan las peticiones a los Estados miembros para que aborden la parte que les corresponde (recientemente la presidenta Von der Leyen en el Debate del Estado de la Unión). No hay excusa para la falta de acción debida: se sabe lo que se debe hacer para avanzar más rápido, eficaz y eficientemente.
Con un nuevo objetivo climático, reducir en 2040 el 90% de las emisiones de 1990, aún en la senda de alcanzar el objetivo a 2030 de reducción del 55%, la Comisión Europea planteó en junio el objetivo de electrificación del 46% del consumo final de energía en 2040, partiendo del 23% actual. De nuevo la UE irá a la COP con sus deberes anticipados.
La Comisión recuerda a los Estados miembros que deben levantar los frenos y barreras que en cada uno persisten para acelerar la electrificación, fundamentalmente: desarrollo de redes, digitalización de las mismas, interconexiones y posibilidad de integrar las renovables, baterías, bombeo y almacenamiento, flexibilidad, desarrollo de energías limpias; todo bajo una debida planificación. Insiste en la necesidad de acelerar permisos y ejecución, de una regulación económica que atraiga inversión, lo que requiere estabilidad regulatoria y la rentabilidad, de una fiscalidad que no penalice la electrificación, que la incentive, de estímulos para aumentar la demanda de electricidad limpia en industria, transporte, edificios, calor y frío industriales, vehículo y flotas eléctricas, infraestructura de recarga, flotas pesadas, ferrocarril y electrificación portuaria, de desarrollar innovación y competencias profesionales...
Hay un matiz importante que destacar: no basta hablar de electrificación, debemos hablar de electrificación limpia. Lo que hoy sucede en España lo explica bien: la electrificación es del 25%, por encima de la media europea. Si atendemos al PNIEC, establece un objetivo importante, el 35% en 2030. Pero la realidad es que en 2025 el sistema eléctrico español aumentó sus emisiones en un 5,5% debido al mayor uso de ciclos combinados, consecuencia de la operación reforzada, tras el apagón de abril de 2025. Es precisamente en la generación eléctrica donde España más ha aumentado sus emisiones de GEI en 2025.
No basta electrificar, debe hacerse con energías limpias. Por ello, el cierre de Almaraz hubiera supuesto un retroceso imperdonable, tanto para acelerar la electrificación limpia, como para reducir la dependencia de las importaciones de gas, para reducir la volatilidad y para bajar los precios de la electricidad, como para aumentar la estabilidad del sistema eléctrico.
Y lo que vale para Almaraz vale para el resto de nucleares, hoy y en el largo plazo.
La electrificación limpia no sucederá automáticamente solo por ser ricos en territorio, viento, orografía y sol. Se requiere generación, redes, almacenamiento, sistemas flexibles, planificación, mercados que remuneren, transparencia, incentivos fiscales y condiciones favorables a la inversión. Se requiere un compromiso con la energía nuclear. Y ello supone estabilidad regulatoria y certidumbre, incluyendo la fiscalidad. Máxime cuando la Comisión Europea nos pide una reforma, ya que en España la electricidad está peor tratada impositivamente que los combustibles fósiles.
En 2017 España podía afirmar que cumpliría con las obligaciones para 2020 en materia climática. Con las medidas en vigor y las proyecciones actuales, no puede garantizarse que se alcancen todos los objetivos acordados para 2030, si bien recientemente se han anunciado medidas para aumentar la inversión en redes, que contribuirán a desatascar, al menos parcialmente, uno de los principales cuellos de botella para la demandada electrificación.
Pero se necesitan, además, ejecuciones en plazo, una regulación atractiva en términos de estabilidad, retribución, incentivos por calidad; un marco integral de almacenamiento, permisos y conexiones, acelerar las interconexiones…
El tiempo apremia. El camino, aun complejo, es conocido, y la COP 31 lanza un mensaje claro: para avanzar actuemos, implementemos; y ello requiere ser cada uno diligente en sus propias responsabilidades.