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Los gobiernos y su papel en los riesgos de la inteligencia artificial

Los inquietantes avisos de los líderes de la IA obligan a los poderes públicos a abandonar su peligrosa pasividad

Logo de la plataforma de IA Hugging Face.Dado Ruvic (REUTERS)

Los temores, todavía nebulosos, apuntados por las principales corporaciones y líderes del mundo implicados en el desarrollo de la inteligencia artificial (IA) deberían despertar a las administraciones públicas, poco activas a la hora de abordar los riesgos que incorpora una tecnología tan disruptiva. Los gobiernos, por ejemplo, se han mostrado hasta ahora diletantes a la hora de plantear siquiera una reflexión seria sobre el ya evidente impacto laboral que tendrá una herramienta revolucionaria. La inquietud por la fractura social, de hecho, circula más entre las empresas que entre los líderes políticos. En el ámbito académico se ha puesto sobre la mesa, por ejemplo, propuestas como trabajar menos días por semana, una renta universal o que puedan tributar las licencias de modelos de IA. Hay muchos más efectos preocupantes de esta tecnología por medir: para la privacidad de los usuarios o para la salud mental de los menores, por no mencionar el riesgo de manipulación política por un oligopolio empresarial. Estas realidades, sin embargo, no han logrado permear un debate político gestionado desde el cortoplacismo.

Los decibelios, empero, han subido este fin de semana. Las advertencias lanzadas por los gurús del sector van un paso más allá de la derivada sociolaboral y deberían servir como una inevitable llamada de atención. “No hay que entrar en pánico, pero existen peligros reales”, afirmó Dario Amodei, jefe de Anthropic, respaldando la especulación sobre riesgos de seguridad mayores. En esta línea, Sam Altman, presidente de OpenAI, certificaba el aplazamiento de la salida a Bolsa de la compañía. Al menos, la incertidumbre generada por tan enigmáticos discursos y drásticas decisiones alienta el temor a lo desconocido. El presidente de EE UU, Donald Trump, minimizó los avisos y aseguró que su principal preocupación era quedar atrás con respecto a China en la carrera de la IA. No obstante, también dejó caer que existe la posibilidad de “poner salvaguardas”. Más allá de los mensajes populistas, debe al menos considerarse echar el freno, para reflexionar sobre el desarrollo de la tecnología y debatir sobre el papel que debe jugar el sector público en favor de los ciudadanos.

El analista Robert D. Kaplan glosa en su reciente libro Tierra baldía las “maravillas” que vienen de la mano de la IA en ámbitos como la medicina. Sin embargo, también avanza que, “en lo que concierne a la democracia y la sociedad de masas (...), una pequeña élite podría controlar la IA: un mandarinato científico que no respondería ante nadie”. Son muchos los riesgos y cada vez más necesarios los contrapesos.

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