Los 20.000 puntos, un gran paso con mucho simbolismo
La ausencia de tecnológicas juega a favor del Ibex 35 que alcanza niveles récord


Si un pequeño paso de Neil Armstrong marcó un antes y un después en la historia aeroespacial, la consecución de los 20.000 puntos permite al Ibex alcanzar nuevas cotas. El selectivo español ha logrado por primera vez en sus 34 años de historia semejante proeza y lo ha hecho de la mano de otras Bolsas mundiales, que al igual que el índice patrio se afanan en marcar nuevos máximos al calor de unos resultados empresariales que siguen creciendo.
El Ibex no cabalga solo. En Europa plazas como París o Fráncfort han visto también la consecución de nuevos récords por parte del Cac o el Dax, mientras que el S&P 500 se aferra a niveles récord. El mercado ya descuenta desde hace tiempo que el conflicto en Oriente Próximo no se enquistará y que Estados Unidos e Irán serán capaces de pactar una suerte de paz, lo que ha servido para evitar que el petróleo Brent se fuera por unos derroteros que solo amenazaban con una nueva crisis inflacionaria.
Con el barril de nuevo por debajo de los 80 dólares y la posibilidad de que el estrecho de Ormuz se reabra, si no como antes del estallido de los ataques, sí bajo una fórmula consensuada por Irán y Omán y con el visto bueno de Washington que permita la reapertura de una de las principales rutas comerciales de combustible de todo el mundo, se antoja más una reafirmación de la visión de los estrategas del mercado que un catalizador.
La Bolsa española ha logrado hacer valer su idiosincrasia. Esa falta de empresas tecnológicas, en la era de la inteligencia artificial, ha jugado a favor de su principal índice bursátil, que en lo que va de año consigue un mayor rendimiento que otros con un elevado componente tecnológico como el S&P 500, que sube un 12%, frente al casi 16% del Ibex. Una idiosincrasia que durante años ha ido en contra del índice español. El elevado peso del sector bancario fue la cruz de un selectivo que tuvo que digerir el empacho provocado por la Gran Crisis Financiera, gestada al otro lado del Atlántico. Si a ello se suman la crisis de deuda, el rescate bancario y una era de tipos a cero que dejó maltrechos los márgenes del sector financiero, que el Ibex tardara 18 años en recuperar los niveles alcanzados en 2007 es más entendible.
Más allá de la consecución de nuevas cotas, la Bolsa española adolece de problemas graves para los que no hay aún tratamiento. A la escasa liquidez de muchos de sus valores, a excepción de los más capitalizados, se suma la escasez de nuevas caras y unas operaciones de consolidación que siguen reduciendo el número de empresas cotizadas.