Yang Zhilin, un amante del rock que sueña con la otra cara de la IA
Con tan solo 34 años, el fundador de Moonshot presenta un nuevo modelo que acorta la distancia entre China y EE UU en la carrera de la inteligencia artificial
Hay libros que pueden cambiar la vida de una persona. Y la historia de un país. Si China adelanta finalmente a Estados Unidos en la carrera por la hegemonía en inteligencia artificial, tendrá que agradecérselo, al menos en parte, al escritor japonés Haruki Murakami. Uno de sus personajes empujó a Yang Zhilin (Shantou, China, 1992) al mundo de las ciencias de la computación, ...
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Hay libros que pueden cambiar la vida de una persona. Y la historia de un país. Si China adelanta finalmente a Estados Unidos en la carrera por la hegemonía en inteligencia artificial, tendrá que agradecérselo, al menos en parte, al escritor japonés Haruki Murakami. Uno de sus personajes empujó a Yang Zhilin (Shantou, China, 1992) al mundo de las ciencias de la computación, y ahora pilota Moonshot AI, el último cohete en acercar el sorpasso del país asiático, a ritmo de The Dark Side of the Moon, de Pink Floyd.
Moonshot calentó motores y el suelo de Silicon Valley tembló. Su último modelo de IA, Kimi K3, que estará disponible a partir de este lunes, se presentó al mundo con rendimientos en la liga de los más potentes de OpenAI y Anthropic, pero con un coste menor. Y, a diferencia de sus competidores estadounidenses, es un sistema de pesos abiertos, el más grande del mundo hasta la fecha, que permite descargarlo, modificarlo y construir sobre él de manera gratuita. “Es un modelo bastante bueno”, dice Greg Brockman, presidente de la desarrolladora de ChatGPT. “No hay dudas al respecto”, añade. Houston, tenemos un problema.
Como era de esperar, la onda expansiva llegó a Wall Street y el índice de semiconductores PHLX acabó por entrar en espacio bajista. De nuevo, un modelo chino ponía en aprietos la supremacía estadounidense a pesar de los esfuerzos por frenar su avance. Si la vida te da limones, haces limonada. Si EE UU prohíbe las exportaciones de sus semiconductores más avanzados, inviertes en tu propia industria y mejoras la eficiencia de tus algoritmos para operar con menores recursos. Hace apenas un par de meses, Dario Amodei, consejero delegado de Anthropic, estimó que los modelos chinos estaban entre seis y 12 meses por detrás de Claude. Tal vez tenga que volver a echar cuentas.
Detrás de todo este revuelo está un joven de 34 años con cara de adolescente. Su historia no es la de un niño prodigio pulido por un sistema educativo competitivo y unos padres exigentes, sino la de un chaval inteligente con la libertad suficiente para desarrollar su autonomía y soñar con ser una estrella del rock o un poeta errante. “Casi todas las decisiones importantes en mi vida las tomé yo mismo”, dijo en una entrevista en el medio chino Sohu en 2020.
Las olimpiadas regionales de Informática que ganó en el instituto le abrieron las puertas de la Universidad Tsinghua (Pekín), alma mater del presidente Xi Jinping. También superó el examen de ingreso específico de la institución y el estatal, el temido gaokao. Comenzó Ingeniería Térmica y, a los dos años, cambió de rumbo tras leer una novela de Murakami. No recordaba la historia, pero sí el personaje de un programador habilidoso y sentir el anhelo de dar vida a la tecnología para cambiar el mundo. “Todo lo que ocurrió después me convenció de que transferirme al departamento de Ciencias de la Computación fue la decisión más importante y acertada que he tomado”, aseguró.
Entre línea y línea de código también había espacio para su pasión por el rock. Formó una banda, de la que era batería y compositor, junto a dos amigos, y la llamaron Splay, en alusión a una estructura de búsqueda de datos. La música se convirtió en un vehículo para expresar la presión a la que se enfrentaban y lo absurdo que sentían el contexto general en el que se movían.
Doctorado en EE UU
En 2015 se licenció y se mudó a EE UU para hacer un doctorado en la Universidad Carnegie Mellon (Pittsburgh, Pensilvania), bajo la supervisión de dos pesos pesados de la industria, Ruslan Salakhutdinov, entonces en Apple, y William W. Cohen, vinculado después a Google. “Es absolutamente brillante”, escribió Salakhutdinov sobre su pupilo en X. Se doctoró en cuatro años, firmó investigaciones seminales en aprendizaje automático y fue becario en Google y Meta.
Podía haberse quedado en el epicentro de la innovación. Pretendientes no le faltaron, pero Yang quería volver a China y construir algo propio. “Recuerdo que me dijo que si no intentaba crear su empresa se arrepentiría el resto de su vida. Lo respeto. Y tenía razón”, contó su mentor. El lanzamiento de ChatGPT en 2022 lo sumió en una rapsodia de emociones entre la frustración de no estar involucrado en ese avance y el entusiasmo por las oportunidades que abría.
A finales de ese mismo año se fue a EE UU a tantear el terreno, y, haciendo números una noche, confió en poder recaudar 100 millones de dólares para poner en marcha su proyecto. En marzo de 2023 fundó la compañía, cuyo nombre chino es el título del célebre tema de Pink Floyd The Dark Side of the Moon (El lado oscuro de la luna), y acabó levantando casi 300 millones, principalmente de inversores de su país natal. La última ronda hasta la fecha, de acuerdo con Bloomberg, partía de una valoración por encima de los 31.000 millones. Moonshot, por la que han apostado gigantes como Alibaba o Tencent, quiere aprovechar el tirón de su modelo más reciente y, según la agencia, se prepara para salir a Bolsa con la ambición de alcanzar los 50.000 millones.
Yang tiene una misión: pisar el lado oscuro de la luna. Para él lo importante no es qué producto de IA conquistará el mercado el próximo año, sino cómo cambiará el mundo dentro de 20. “Cuando se alcance la IA general [un agente universal capaz de llevar a cabo cualquier tarea] o incluso una inteligencia superior, todo lo que existe hoy se reescribirá”, comentó a Tencent News en 2024. No renuncia al desarrollo de aplicaciones o servicios, pero considera que la IA general es lo único que tendrá sentido en la próxima década; una tecnología que ve con optimismo y capaz de llevar a la humanidad a la siguiente etapa de desarrollo.
En sus años de universidad escribió una canción sobre soñar despierto con montar una start-up de éxito y hacerse rico de la noche a la mañana. Lo hizo a modo de recordatorio, para no convertirse en alguien movido únicamente por la ambición material. Las carreras tecnológicas son impredecibles y es posible que Yang no consiga su alunizaje. “Acepto la posibilidad de fracasar, no es tan importante”, dijo a Tencent. “Esto ya ha cambiado por completo mi vida y estoy muy agradecido”. A veces, para poder tener la cabeza en la luna, es bueno mantener los pies en la tierra.
Acusaciones de juego sucio
Poco después del lanzamiento de Kimi K3, Michael Kratsios, director de la Oficina de Política Científica y Tecnológica de la Casa Blanca, acusó a Moonshot de haber accedido a chips de Nvidia a pesar de las prohibiciones.
También culpó al laboratorio chino de haber “destilado” el modelo de Anthropic para entrenar al suyo.