La FIFA, el único ganador económico del Mundial
Las sedes no están teniendo muchos ingresos, pero tampoco habían hecho una gran inversión previa

El Mundial corona solo a un ganador económico: su organizador, la FIFA. Las ciudades sede buscan cómo empatar el marcador, pero suelen acabar superadas por unos compromisos de gasto principescos. Las metrópolis norteamericanas que acogen la edición de 2026 del torneo masculino disfrutan de repuntes modestos en hostelería, pero, más importante aún, han hecho inversiones más pequeñas y específicas en transporte, seguridad y renovación de estadios. Comparado con anteriores elefantes blancos, ofrece algunas lecciones de cara al futuro, aunque lo máximo a lo que se pueda aspirar sea un empate.
Los patrocinios del Mundial, los derechos de retransmisión y otros acuerdos oficiales deberían generar unos 13.000 millones de dólares (11.000 millones de euros). Para los estadounidenses que aún se lamen las heridas de la eliminación de su selección del torneo, sin embargo, eso sirve de poco consuelo: ese dinero va a parar a la FIFA.
Las 16 ciudades sede –11 en Estados Unidos, tres en México y dos en Canadá– tuvieron que desembolsar entre 100 y 200 millones de dólares (90-170 millones de euros) cada una, según un estudio de la Universidad Estatal de Carolina del Norte. Personajes como el exalcalde de Chicago Rahm Emanuel lo vieron como un mal negocio para municipios con las arcas apuradas y optaron por quedarse fuera. El Congreso de EE UU sí aprobó 625 millones (538 millones) en subvenciones de seguridad que sufragan costes locales como las horas extras policiales y ayudaron a proyectos como la mejora de las conexiones de transporte de Nueva Jersey con el MetLife Stadium, sede de la final.
Debería haber una lluvia de ingresos por acoger a millones de aficionados entregados llegados de todo el mundo. En las tres semanas anteriores al 27 de junio, el gasto presencial en restaurantes y bares subió un 5,3% respecto al año anterior en las ciudades sede actuales, frente a un 3,8% en el resto de Estados Unidos, según Bank of America. Eso casi con toda seguridad subestima el impacto, ya que los datos proceden de titulares de tarjetas estadounidenses. Como aprendió por las malas el jugador de EE UU Folarin Balogun, las tarjetas americanas no lo son todo. Las llegadas de destino final a los aeropuertos que dan servicio a Houston –una de las sedes del Mundial– aumentaron un 17,3% en junio.
Está bien, pero no son cifras como las de Messi en la fase de grupos. El repunte de hasta 40.000 empleos en contratación ligada al evento que esperaban los economistas de Bank of America no se ha materializado. Es posible que los aficionados al Mundial simplemente hayan desplazado a otros turistas en destinos siempre populares y ya al límite de su capacidad, como Los Ángeles, Nueva York y Miami.
El ingenio estadounidense, en este caso, puede resumirse en lo que los anfitriones optaron por no hacer. Hay tantos estadios nuevos como goles marcó España contra Cabo Verde: cero. Qatar levantó ocho para 2022, Rusia construyó nueve para 2018 y Brasil, siete para 2014. El gasto estimado de la FIFA y el sector público este año, de 5.500 millones (4.740 millones), resulta así de los más bajos de los últimos 30 años. Evitar la tentación de levantar grandes obras faraónicas, aprovechar la ocasión para reforzar modestamente las infraestructuras locales y dirigir a los turistas hacia metrópolis ya preparadas para acogerlos no es apasionante, pero puede que sea la mejor estrategia para el deporte rey.
Los autores son columnistas de Reuters Breakingviews. Las opiniones son suyas. La traducción, de Carlos Gómez Abajo, es responsabilidad de CincoDías