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¿Cuánto vale Groenlandia?

Si sumamos su posición como muralla ártica y su potencial minero, los 700.000 millones son solo el principio

Una gorra antiMAGA con la bandera de Groenlandia.THOMAS TRAASDAHL (EFE)

En las primeras semanas del inicio de 2026, una cifra ha sorprendido a la opinión pública y a la diplomacia europea: 700.000 millones de euros. Este es el valor que, según filtraciones de la prensa estadounidense, académicos y antiguos funcionarios de la primera administración Trump han asignado a Groenlandia. Tras este importe hay una operación estratégica que no puede ser comprendida a través del mapamundi convencional de Mercator.

Para entender la magnitud de los 700.000 millones, conviene en primer lugar revisar los precedentes en los que la soberanía cambió de manos mediante una transacción. La historia demuestra que el precio lo determina principalmente la urgencia política, no el valor intrínseco del suelo. La Florida, en 1819, fue esencialmente una liquidación: España no recibió dinero, sino que Estados Unidos asumió 5 millones de dólares en deudas, una salida diplomática para un territorio que ya no podía defender. Alaska, en 1867, representó el gran retorno de la inversión: adquirida por 7,2 millones de dólares a una Rusia temerosa de perderla sin compensación frente a los británicos, inauguró la era de los recursos potenciales no previstos por el mercado. Cuba, en 1848, marcó el límite del mercado: Estados Unidos ofreció cien millones de dólares y España lo rechazó por razones identitarias y políticas. Optó por el desgaste antes que aceptar el cobro, recordando que no todo activo es líquido. En geopolítica, junto a los clásicos valores de cambio y de uso de Adam Smith, emerge un tercer componente: el valor de identidad.

Si se actualizan aquellas grandes adquisiciones territoriales de la historia de Estados Unidos a la inflación acumulada y se expresan en dólares actuales, el resultado es revelador. Alaska, comprada en 1867, equivaldría hoy a unos 158 millones de dólares –aproximadamente un dólar por hectárea– mientras que la cesión de la Florida alcanzaría unos 8,5 dólares por hectárea.

Respecto a Groenlandia, la mayor isla del planeta, si se toma como referencia la valoración estratégica filtrada recientemente, estaríamos hablando de 3.240 dólares por hectárea. La comparación no sólo es desproporcionada: revela que se estaría entrando en otra fase histórica. Mientras Alaska y Florida representan un mundo en el que los territorios se negociaban como activos físicos, Groenlandia encarna un escenario en el que el valor reside en su posición geopolítica, sus recursos críticos y su papel en un tablero global completamente distinto.

Pagar 700.000 millones de euros podría parecer una temeridad contable. Pero la cuestión es si se está infravalorando el futuro. Al igual que en 1867 nadie previó que Alaska acabaría siendo la gran reserva de crudo de una nación automovilística, hoy resulta imposible anticipar el valor de Groenlandia en un escenario de saltos tecnológicos disruptivos. Un análisis técnico de The American Action Forum apunta a importantes recursos energéticos y minerales críticos: ¿podrían convertirse en el “petróleo“ de una nueva revolución industrial y tecnológica? Si así fuera, lo que hoy parece caro podría ser recordado en 2100 como uno de los negocios del siglo.

En cualquier caso, conviene no ser ingenuos. Al filtrar esta cifra se está ejecutando un anclaje de negociación. Al poner precio a lo “invalorable”, se condiciona el inicio de la conversación. Ya no se discute si se vende, sino por cuánto. Es una valoración estratégica que orienta la negociación antes de que comience.

Finalmente, para entender este precio debemos dejar de mirar el mapamundi convencional de Mercator. Si situamos el Polo Ártico en el centro, Groenlandia deja de ser una isla periférica y se revela como la gran barrera natural estratégica. Para Estados Unidos, es el cerrojo del hemisferio norte con el que controlar las rutas del deshielo y la seguridad global.

¿Cuánto vale Groenlandia? Si sumamos su posición como muralla ártica y su potencial minero ante industrias que probablemente aún no conozcamos, los 700.000 millones son solo el principio. Incluso las sociedades de tasación integradas en la AEV, que dedican su actividad a desarrollar metodologías adecuadas a cada tipo de activo con el mayor nivel posible de rigor técnico, reconocerían la complejidad de valorar un territorio cuyo precio depende de tecnologías futuras y de un tablero geopolítico en transformación. La historia enseña que el precio es lo que se paga, pero el valor es lo que el tiempo, la tecnología y la correcta interpretación del mapa terminan por revelar.

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