Mercado único y alianzas: la fórmula Carney para Europa
Estamos ante un momento histórico para completar la integración desde la firma del Tratado de Maastricht en 1992
El discurso de Mark Carney en Davos reflejó la creciente sensación de urgencia entre quienes buscan una vía creíble para avanzar en medio de la turbulencia geopolítica actual. Su mensaje resonó mucho en Europa no porque ofreciera soluciones fáciles, sino porque reconocía una realidad que Europa ya no puede permitirse ignorar: el orden mundial que sustentó la integración europea durante décadas ha cambiado radicalmente. Con el segundo mandato de Donald Trump en la Casa Blanca, la vieja suposición de un Occidente cohesionado, fiable y dominante como pilar central del entorno estratégico de Europ...
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El discurso de Mark Carney en Davos reflejó la creciente sensación de urgencia entre quienes buscan una vía creíble para avanzar en medio de la turbulencia geopolítica actual. Su mensaje resonó mucho en Europa no porque ofreciera soluciones fáciles, sino porque reconocía una realidad que Europa ya no puede permitirse ignorar: el orden mundial que sustentó la integración europea durante décadas ha cambiado radicalmente. Con el segundo mandato de Donald Trump en la Casa Blanca, la vieja suposición de un Occidente cohesionado, fiable y dominante como pilar central del entorno estratégico de Europa ha llegado efectivamente a su fin. Las relaciones transatlánticas pueden perdurar, pero ya no pueden considerarse el marco de referencia a través del cual Europa deba organizar su seguridad, su política exterior o su economía. Europa debe buscar sus propias armas en este nuevo mundo.
Aunque los Estados miembros aún no se hayan puesto de acuerdo en una vía estratégica común a futuro, en Bruselas existe un consenso cada vez mayor y es que Europa tiene dos activos que le van a ayudar a manejar este cambio estructural. El primero es el mercado único, que sigue siendo el mayor espacio de integración económica del mundo y es una poderosa fuente de atracción e influencia en un contexto de incertidumbre económica mundial. El segundo es la amplia cartera de asociaciones, que incluyen acuerdos comerciales y diálogos institucionalizados, construida a lo largo de décadas y que abarca todos los continentes. En conjunto, estas herramientas constituyen la base sobre la que Europa puede reposicionarse.
Estamos ante un momento histórico para completar la integración del mercado único desde su creación con la firma del Tratado de Maastricht. Esto es sin duda el primer activo de la Unión. La presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, mencionó 2028 como la fecha final para terminar está tarea pendiente. La necesidad de complementar la integración del mercado único también se incluyó en las conclusiones del Consejo Europeo de octubre de 2025. Ahora lo que se necesita es la voluntad política. Según un informe reciente del FMI, “las barreras equivalen a un arancel medio de alrededor del 44 % para los bienes y del 110 % para los servicios dentro de la UE”. Europa ya no puede permitirse esto. Hay que explicar bien que la prosperidad de los ciudadanos europeos dependerá de la competitividad europea. Y la única manera de aumentarla se basa en completar la integración, principalmente en finanzas, en la energía y también en telecomunicaciones. Hay que regular mejor y repensar el tema de cohesión interterritorial en Europa.
Un manual de asociaciones
Y esto no sólo es un asunto interno. La promesa de acceso a mercado único, también abre muchas puertas en el mundo. Al final dos armas de la Unión Europea se autoalimentan. Muchos en Europa ya ven la diversificación de las alianzas como una obligación. El debate ha pasado de centrarse en si Europa debe ampliar sus redes de confianza a cómo y con quién debe hacerlo. Este reajuste no parte de cero. La Unión Europea ya cuenta con importantes activos que pueden movilizarse para llegar a potencias medias de diferentes regiones. En los ámbitos de comercio, tecnología, y defensa, hay ya varias conversaciones abiertas.
La dimensión externa de la integración del mercado único es encontrar la manera de maximizar el poder del libre comercio. Esto no es necesariamente fácil debido a las dinámicas políticas de los Estados miembros y del Parlamento Europeo. Desde el TTIP y el CETA, los acuerdos de libre comercio con Estados Unidos y Canadá, respectivamente, se ha producido una importante politización en torno a los acuerdos de libre comercio. Estos desacuerdos también van seguidos de guerras institucionales, con la Comisión aplicando provisionalmente algunos de los acuerdos, mientras que algunos líderes y grupos políticos y sociales libran guerras contra ellos.
Los recientes debates en torno al acuerdo comercial entre la UE y el Mercosur ilustran esta tensión. A pesar de sus posibles beneficios económicos y estratégicos, el acuerdo ha sido muy politizado, dejando al descubierto profundas divisiones entre los grupos políticos, los gobiernos nacionales y las partes interesadas de la sociedad. Dicho esto, el comercio exterior de la UE sigue siendo mayor que el de Estados Unidos. Es el único actor global que puede construir una coalición de voluntarios para el libre comercio inspirada en la OMC, junto con las potencias medias.
La cartera de coaliciones de la UE no se limita únicamente al comercio. Desde la política de ampliación hasta las alianzas en tecnología y seguridad, existe una amplia gama de activos disponibles para su uso. Se usa y se usará aún más. Esto es una cartera de poder para la UE. Junto con el mercado único, son dos armas Carney de Europa.
Como ha dicho Enrico Letta recientemente a los lideres europeos, el completar la integración del mercado único con un roadmap es la mejor respuesta a competencia entre grandes potencias. Europa no es débil. Con su mercado único y sus aliados por el mundo, es una región con mucha riqueza. La pregunta es si va a poder construir un futuro seguro y próspero para ella.