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‘SaaSpocalipsis’: la IA puede estar empezando a borrar parte del valor del ‘software’ en la Bolsa

El usuario ya no necesita aprender la herramienta, solamente precisa saber pedirle cosas a la máquina

La inteligencia artificial (IA) no solo está cambiando productos, está cambiando relatos. Y en Bolsa, las narrativas son capital. En lo que va de 2026, varias compañías de software han sufrido caídas abruptas que no se explican solo por malos resultados trimestrales o por un ajuste típico de valoración. Lo que el mercado está empezando a descontar es algo más profundo. La posibilidad de que la IA vuelva en parte obsoleto el modelo de negocio sobre el que se construyó la industria del software empresarial durante las últimas dos décadas. El software moderno, especialmente el empresarial, se ven...

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La inteligencia artificial (IA) no solo está cambiando productos, está cambiando relatos. Y en Bolsa, las narrativas son capital. En lo que va de 2026, varias compañías de software han sufrido caídas abruptas que no se explican solo por malos resultados trimestrales o por un ajuste típico de valoración. Lo que el mercado está empezando a descontar es algo más profundo. La posibilidad de que la IA vuelva en parte obsoleto el modelo de negocio sobre el que se construyó la industria del software empresarial durante las últimas dos décadas. El software moderno, especialmente el empresarial, se vendía con una lógica casi perfecta. Cada empleado era una licencia, cada equipo un paquete, cada nueva necesidad un módulo adicional. El crecimiento no dependía únicamente de innovar, sino de expandirse dentro del cliente. La famosa fórmula del “pago por asiento” (pago por usuario) funcionaba porque el trabajo humano era el cuello de botella. Pero con la IA generativa y, sobre todo, con la aparición de agentes capaces de ejecutar tareas completas, la ecuación empieza a romperse. Si una empresa automatiza una parte significativa del trabajo administrativo, creativo o analítico, puede necesitar menos empleados y, por tanto, menos licencias. No es que el software deje de ser útil –porque además ha incorporado muchas mejoras y servicios con IA–, es que puede dejar de ser necesario en la misma cantidad.

Ese miedo ha encontrado nombre propio en Wall Street, con un tono casi apocalíptico: SaaSpocalypse, el colapso del SaaS (Software as a Service, Software como servicio). Se están están deshaciendo posiciones en compañías de software ante la sospecha de que la IA no será un complemento, sino un sustituto parcial de muchas herramientas digitales tradicionales. En una sola semana de ventas intensas, firmas como Adobe retrocedían más de un 10%. El mensaje es inquietante. Si un asistente de IA puede ayudar a declarar impuestos o gestionar clientes con instrucciones en lenguaje natural, el valor del software tradicional se difumina. El usuario ya no necesita aprender la herramienta, solamente precisa saber pedirle cosas a la máquina.

La señal más clara de que el mercado ya no teme una IA abstracta, sino productos concretos, se vio en un sector inesperado por su aparente solidez, el legal. El lanzamiento de un complemento jurídico de Anthropic para Claude actuó como catalizador de una ola de ventas en empresas que hasta hace poco parecían blindadas. Se desplomaron por ejemplo Relx, Wolters Kluwer y Thomson Reuters en el entorno de un 12-15%. Son compañías que han vivido durante décadas de vender información estructurada, bases de datos, análisis documental y servicios de suscripción de alto margen. Su fortaleza residía en el contenido propietario y en la dificultad de cambiar de proveedor. Pero la IA introduce una amenaza distinta como es la desintermediación. Si un abogado puede preguntar directamente a un modelo que resume jurisprudencia, redacta borradores y encuentra precedentes sin necesidad de navegar sistemas complejos, la interfaz –y la licencia– dejan de ser el centro del valor.

En Europa, otro golpe simbólico llegó desde SAP, uno de los tótems del software corporativo. SAP era una de las ganadoras naturales de la transición digital: migración a la nube, contratos recurrentes, grandes clientes. Sin embargo, el problema es que la nube no inmuniza frente a la IA. Asimismo, el castigo bursátil se está extendiendo como una mancha de aceite por todo el sector. El ETF de referencia del software estadounidense, el iShares Expanded Tech-Software Sector (IGV), cayó más de un 15% entre finales de enero y comienzos de febrero,. Un movimiento así en un índice diversificado sugiere que no estamos ante un problema puntual de una empresa, sino aparentemente ante un reajuste de expectativas generalizado.

Hay otro factor que está acelerando la corrección: el coste. La IA requiere chips, centros de datos, energía y una inversión constante en entrenamiento e inferencia. El Financial Times subrayaba cómo el mercado empieza a inquietarse ante planes de gasto masivo en IA por parte de las grandes tecnológicas. La ironía es que, incluso si la IA termina siendo un gran negocio, puede serlo con márgenes distintos a los del SaaS tradicional. Y el SaaS tradicional vive con buenos márgenes. Todo ello plantea una pregunta incómoda: ¿cuántas empresas de software estaban vendiendo verdadero valor? Si el cliente puede pedirle a un agente de IA, por ejemplo, “redáctame un informe financiero”, la frontera entre producto y servicio se difumina. Si además el valor se desplaza hacia el modelo fundacional –OpenAI, Anthropic, Google, Meta– el software de capa intermedia corre el riesgo de convertirse en un simple contenedor prescindible.

En este contexto, 2026 puede estar siendo el primer año en que la Bolsa acepta que la IA no va a añadir una nueva línea de ingresos al software existente, sino que puede devorar parte del negocio anterior. La industria del software corporativo se construyó sobre la premisa de que la digitalización siempre implica más complejidad y, por tanto, más licencias. Pero la IA sugiere lo contrario y puede implicar menos herramientas, menos interfaces y menos necesidad de aprender sistemas enteros. El mercado no está afirmando que el software vaya a morir sino que tal como se monetizaba, no va a funcionar igual. Que el futuro no se pagará por usuario, sino por resultado. Y que muchas compañías tendrán que rediseñar su forma de cobrar antes de que la Bolsa termine de rediseñar su valor.

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