Los inversores cuestionan las valoraciones de la IA y agitan las Bolsas
La corrección se extiende desde Asia a Wall Street y el Nasdaq pierde más de un 1%. El ‘brent’ supera los 87 dólares y el Ibex 35 cae un 0,8% en la semana
El principal motor de las Bolsas durante los últimos años, las tecnológicas y su entusiasmo por la inteligencia artificial, vuelve a activar la incertidumbre entre los inversores ante sus elevadas valoraciones. Durante meses, los sólidos resultados empresariales y las expectativas generadas por esta tecnología permitieron a los inversores relegar a un segundo plano la incertidumbre geopolítica. Ahora, con la crisis en Oriente Próximo en una encrucijada de difícil solución, las dudas se reactivan.
El cambio de sentimiento ya está dejando huella en los mercados. El Nasdaq ha logrado moderar este viernes las pérdidas registradas al inicio de la sesión, pero concluye con un descenso del 1,4%. Entre los inversores crece la inquietud por las exigentes valoraciones alcanzadas por el sector tecnológico. Tras meses de ascensos vertiginosos de los fabricantes de chips y semiconductores en Bolsa, el mercado empieza a asumir que las expectativas asociadas a la IA han corrido más deprisa que los fundamentales. La fría reacción a los resultados récord de TSMC y a la mejora de sus previsiones sugiere que los inversores empiezan a cuestionar no el crecimiento del sector, sino el precio que estaban dispuestos a pagar por él.
Wall Street, que ha logrado hasta el momento sortear con relativa holgura las tensiones geopolíticas, se muestra ahora mucho más vulnerable. Parte de esa fragilidad se ve agravada por un fenómeno que ha marcado la evolución de los mercados en los últimos años: la creciente concentración de las ganancias en un reducido grupo de compañías. A medida que las tecnológicas avanzaban en Bolsa, también aumentaba su peso en los índices y en los fondos que los replican. La expansión de la gestión pasiva, que reproduce la composición y el comportamiento de los índices, ha reforzado esta dinámica al canalizar una proporción creciente del ahorro hacia las empresas de mayor tamaño. En los periodos de euforia, este mecanismo actúa como un poderoso motor para las Bolsas. Pero cuando cambia el sentimiento, el efecto es justo el contrario. Las ventas se concentran en los mismos valores que impulsaron las subidas y amplifican las correcciones. El resultado es un mercado cada vez más dependiente de la evolución de un puñado de compañías.
A las dudas sobre unas valoraciones cada vez más exigentes, los riesgos de concentración y la capacidad de rentabilizar los multimillonarios planes de inversión se suma un nuevo foco de preocupación: la irrupción de modelos competidores. Como ya ocurrió en 2025, cuando DeepSeek sacudió al mercado con un sistema capaz de igualar el rendimiento de sus rivales estadounidenses con unos costes significativamente inferiores, ahora es la startup china Moonshot la que ha puesto en alerta a los inversores. La compañía acaba de presentar Kimi K3, un modelo que, según sus desarrolladores, compite con las soluciones más avanzadas de OpenAI y Anthropic.
Aunque los expertos aconsejan cautela y recuerdan que los resultados obtenidos en las pruebas no siempre se traducen en éxito comercial, el avance de Moonshot confirma una tendencia cada vez más evidente: los desarrolladores chinos están reduciendo rápidamente la distancia con sus competidores estadounidenses. O, dicho de otro modo, la inteligencia artificial empieza a perder algunos de los rasgos de oligopolio y avanza hacia un mercado más competitivo. Cuanto menor sea la capacidad de diferenciación entre modelos, más difícil resultará justificar unas valoraciones construidas sobre la expectativa de elevados márgenes y un crecimiento casi ilimitado. Para los inversores, la cuestión ya no es solo quién liderará la carrera de la IA, sino si los beneficios futuros serán suficientes para rentabilizar las enormes inversiones realizadas por las grandes tecnológicas.
El lanzamiento de Kimi K3 ya ha tenido sus consecuencias en los mercados. Zhipu AI, uno de los principales rivales de Moonshot, se desplomó más de un 28% en Hong Kong, su peor sesión desde enero, mientras que SoftBank cedió un 9% en Tokio. Los recortes no tardaron en extenderse a Wall Street. En los primeros minutos de negociación, Nvidia llegó a caer cerca de un 4%, presionada por las dudas sobre las valoraciones y el aumento de la competencia en IA. El retroceso fue suficiente para que, temporalmente, perdiera su condición de empresa más valiosa del mundo en favor de Apple.
Los analistas de Barclays reconocen que el entusiasmo por los multimillonarios planes de inversión asociados a la IA empieza a enfriarse. No obstante, consideran que el ajuste no debería afectar por igual a todo el sector. A su juicio, los fabricantes de semiconductores siguen ofreciendo un perfil más atractivo que las compañías de software. El mercado, al menos por ahora, parece discrepar. El índice de semiconductores de Filadelfia prolonga los recortes y cede un 10% en la semana, su peor balance desde abril de 2025. Hace 15 meses, coincidiendo con la oleada de aranceles de la Casa Blanca, el temor a una desaceleración económica desencadenó una oleada de ventas que castigó a todos los sectores sin distinciones. Ahora, además, el indicador se encuentra a las puertas de entrar en mercado bajista al acumular una caída de casi el 20% desde los máximos de junio, una señal de hasta qué punto se ha deteriorado el sentimiento hacia las compañías ligadas a la IA.
Mientras en EE UU y Asia las ventas han estado lideradas por las tecnológicas (el Nikkei se dejó un 4% el viernes), en Europa, donde el peso del sector es mucho menor, las caídas responden sobre todo al contagio procedente de Wall Street y al encarecimiento del petróleo. El Ibex 35, que la próxima semana afrontará una prueba de fuego con el arranque de la campaña de resultados, cede un 0,4% el viernes y amplía al 0,87% las caídas en la semana.
Un mes después de que EE UU e Irán sellaran una tregua con la firma de un memorando, la estabilidad en la región sigue siendo precaria. Los ataques estadounidenses sobre objetivos iraníes han reavivado los temores a posibles interrupciones del suministro de petróleo a través del estrecho de Ormuz. El barril de brent prolonga las ganancias y supera los 86 dólares, encaminándose hacia su mayor avance semanal desde abril. Entonces, el temor a una escalada entre Washington y Teherán devolvió al primer plano la fragilidad de una de las rutas energéticas más estratégicas del mundo.
Aunque el crudo ha dejado atrás las caídas que siguieron a la firma del acuerdo, el consenso del mercado interpreta que los precios siguen descontando una salida negociada al conflicto. Con todo, para muchos analistas la situación es hoy más frágil que en los meses anteriores. Cuando estalló la guerra y se bloqueó el Estrecho, la Agencia Internacional de la Energía (AIE) aprobó una liberación récord de reservas estratégicas. Esta medida, junto con factores extraordinarios como el auge del teletrabajo, las restricciones al transporte aéreo y la debilidad de la demanda china, ayudó a contener el consumo energético y a aliviar las tensiones sobre los precios.
Pero estas respuestas tienen un alcance limitado. Los analistas de ING recuerdan que los programas de liberación de reservas expiran en las próximas semanas, mientras que la propia AIE lleva tiempo alertando de que los inventarios han caído con fuerza y se encuentran cerca de mínimos de varios años. Si las tensiones vuelven a escalar, el mercado tendrá menos capacidad para absorber una interrupción del suministro y menos margen para amortiguar un nuevo shock energético.
La combinación de tensiones geopolíticas, petróleo al alza y dudas sobre las valoraciones tecnológicas devuelve a los mercados a una realidad que había quedado eclipsada por el entusiasmo de la IA. La tecnología sigue siendo el principal motor de las Bolsas, pero también la principal fuente de vulnerabilidad de unos mercados cada vez más concentrados. Y cuando incluso las buenas noticias dejan de impulsar las cotizaciones, los inversores saben que algo ha cambiado.
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