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La Bolsa se aferra al optimismo mientras crecen los riesgos en deuda y energía

La fortaleza de la tecnología y la expectativa de estabilidad en tipos sostienen el ‘rally’ pese al deterioro económico en Europa y la tensión en los bonos

Un petróleo que se resiste a bajar, el repunte de las rentabilidades de la deuda y una economía europea que empieza a dar señales de desaceleración dibujan un escenario poco propicio para los activos de riesgo. Pese a ello, los inversores mantienen el optimismo: confían en que la situación en Oriente Próximo se encauce, que el impacto en la economía global sea limitado y que las empresas logren capear el entorno adverso.

En una semana en la que los resultados del gigante de la inteligencia artificial Nvidia han contribuido a sostener las ganancias tanto del sector de los semiconductores como de la Bolsa estadounidense, el mercado ha optado por mirar más allá de los riesgos y mantener su apuesta por la renta variable. Junto a los máximos de los índices estadounidenses, el indicador del miedo —el índice de volatilidad VIX— ha caído a mínimos de principios de febrero, antes del inicio de los ataques de EE UU e Israel a Irán, reflejo de la complacencia que domina actualmente a los inversores.

En la recta final de la semana se ha impuesto una mayor prudencia, aunque el balance sigue siendo claramente positivo. El Ibex 35, que cierra el viernes sin cambios, incapaz de aguantar los 18.000 puntos, se anota un 2% en los últimos cinco días. El resto de índices europeos presenta un comportamiento similar, con subidas semanales que oscilan entre el 3,9% del Dax alemán y el 0,8% del Mib italiano.

Más contundente es el comportamiento de la Bolsa estadounidense, donde el Dow Jones se ha sumado en las últimas sesiones a la tendencia de máximos históricos que ya venían marcando el S&P 500 y el Nasdaq. Pero los hitos no terminan ahí. Pese a que continúa el bloqueo en el estrecho de Ormuz y a las advertencias de que las reservas energéticas podrían entrar en “zona roja” si no se reabre pronto, el empuje del sector tecnológico sigue imponiéndose a los riesgos. El S&P 500 encadena ya su octava semana consecutiva de ganancias, algo que no se veía desde finales de 2023, cuando los mercados aceleraron las alzas ante las señales de moderación de los precios: justo el contexto opuesto al actual. “Con los sólidos resultados de Nvidia sosteniendo el contexto favorable en torno a la IA, dudamos de que el sesgo alcista del mercado de renta variable vaya a cambiar significativamente por el momento”, señalan los analistas de RBC Blue Bay.

A pesar del entusiasmo que muestra la renta variable, las dudas no han desaparecido. De hecho, en algunos casos se han intensificado. La actividad del sector privado en la zona euro sigue deteriorándose a medida que el conflicto en Oriente Próximo se prolonga. El índice PMI compuesto de mayo cayó hasta los 47,5 puntos, su nivel más bajo desde octubre de 2023. Según la teoría económica, un registro por debajo de 50 anticipa una contracción de la actividad en los meses siguientes. Con una economía que envía señales claras de enfriamiento, empiezan a ganar peso las voces que sugieren que el BCE podría optar de nuevo por mantener sin cambios los tipos de interés.

François Rimeu, estratega sénior de Crédit Mutuel AM, considera que el mercado ha ido demasiado lejos en sus expectativas sobre la política monetaria. A su juicio, mientras las respuestas fiscales de los gobiernos sigan siendo moderadas, es probable que los tipos de interés solo suban marginalmente. “El crecimiento económico sigue siendo demasiado débil para que la economía pueda absorber un problema de la oferta como el que se está produciendo actualmente”, señala.

En la misma línea se pronuncia Rubén Segura-Cayuela, economista jefe de Bank of America para Europa. Tras los últimos datos, reconoce que el riesgo de que no haya ninguna subida de tipos es mayor que el de que se produzcan más de dos. El experto mantiene su previsión de un alza en junio y, como máximo, otra en julio, seguida de un giro hacia recortes ya a comienzos de 2027. “El coste económico de la crisis, junto con una inflación más baja de lo esperado a largo plazo, debería abrir la puerta a recortes trimestrales a partir de mediados de 2027. Creemos que los mercados están sobrevalorando el nivel de tipos”, concluye.

A medida que Europa va dando señales de agotamiento, los gestores van reduciendo su exposición al Viejo Continente y vuelven a fijarse en la tecnología y en la resiliencia de la economía estadounidense. Esta fortaleza, que muchos interpretan como un regreso del excepcionalismo de EE UU, se convierte, sin embargo, en un obstáculo para que la Reserva Federal recorte los tipos de interés.

El nuevo presidente del banco central, Kevin Warsh, tendrá que hacer equilibrios para resistir las presiones de Donald Trump a favor de bajadas de tipos y, al mismo tiempo, preservar la credibilidad de la institución, hasta ahora uno de los pocos anclajes de la errática política económica estadounidense. David Rees, director de Economía Global de Schroders, considera que, aunque el conflicto con Irán ha alterado el cálculo de la política monetaria a corto plazo, los recortes de tipos previstos para este año nunca estuvieron plenamente justificados y “ahora parecen aún menos probables”.

Las expectativas de tipos algo más estables y el nuevo acercamiento entre EE UU e Irán han ayudado a frenar el alza de los rendimientos, que empiezan a perfilarse como una de las principales amenazas para las Bolsas y la financiación de Estados y empresas. En las últimas sesiones, unos datos de inflación que superaron las expectativas, los crecientes desequilibrios fiscales y el ruido político en economías como la británica llevaron a los inversores a acelerar la venta de bonos. Por su parte, los rendimientos subieron a máximos no vistos desde la crisis financiera en el caso de la deuda estadounidense a 30 años o desde la crisis de la zona euro en el caso del bono alemán a diez años.

No obstante, la presión se ha moderado en los últimos días. La deuda alemana con vencimiento en 2035 cede 13 puntos básicos en la semana —prácticamente corrigiendo todo el repunte de la anterior— y se sitúa en torno al 3%. Aunque los títulos estadounidenses a 30 años se han alejado de los máximos de 2007 alcanzados el pasado martes, siguen cotizando por encima del 5%. La deuda británica también alivia la presión. El bono a 30 años se distancia de los niveles más altos desde 1998 después de que el alcalde de Mánchester, Andy Burnham, moderara el tono y se comprometiera a mantener la disciplina fiscal. Burnham, que aspira a dar el salto al Parlamento para disputarle el puesto a Starmer, había criticado al Gobierno por su excesiva dependencia de los mercados de deuda. Para los grandes inversores en renta fija, la posibilidad de una relajación fiscal en un contexto de aumento de la deuda y del déficit sigue siendo uno de los principales focos de riesgo.

La clave para la evolución de los mercados y la economía en el corto plazo sigue pasando por el desbloqueo del estrecho de Ormuz. A la espera de conocer la respuesta de Irán a la última propuesta de paz de EE UU, el precio del petróleo sube un 1,7% este viernes, pero en la semana aún acumula un recorte de más del 4,5%, hasta los 104 dólares.

Raphael Olszyna-Marzys, economista internacional en J. Safra Sarasin Sustainable AM, se muestra optimista. Cree que reabrir el estrecho es un objetivo compartido por EE UU e Irán y anticipa que ambas partes podrían alcanzar algún tipo de acuerdo en las próximas semanas. A su juicio, el hecho de que el alto el fuego haya durado más que la fase de combate sugiere que ninguno de los dos bandos tiene un gran interés en reanudar las hostilidades.

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