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El otro polvorín del Golfo: los petroestados suman cinco billones en sus fondos soberanos, volcados en deuda y acciones de EE UU

Los apuros de sus economías por el cierre de Ormuz presionan para obtener liquidez, aunque la venta de activos estadounidenses no amenaza la estabilidad financiera global

Instalaciones de la petrolera saudí Aramco, en una imagen de archivo. MAXIM SHEMETOV (Reuters / ContactoPhoto)

El cierre del estrecho de Ormuz tiene con el agua al cuello a las economías del golfo Pérsico. Los países que hasta finales de febrero nadaban en un mar de petrodólares ahora se ven privados de su gran fuente de ingresos, limitadas o directamente anuladas sus exportaciones de petróleo y gas. La recesión amenaza sus econo...

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El cierre del estrecho de Ormuz tiene con el agua al cuello a las economías del golfo Pérsico. Los países que hasta finales de febrero nadaban en un mar de petrodólares ahora se ven privados de su gran fuente de ingresos, limitadas o directamente anuladas sus exportaciones de petróleo y gas. La recesión amenaza sus economías y ante los apuros de financiación, ya han llamado a la puerta de la Casa Blanca para asegurarse una línea de divisas con la que garantizarse el suministro de dólares a corto plazo que ahora no obtienen de la venta de crudo y sus derivados, según avanzó hace unas semanas el diario The Wall Street Journal.

Estados Unidos es de hecho un socio financiero de referencia para estos países, que durante décadas han destinado buena parte de su riqueza energética —a través de sus poderosos fondos soberanos— a la compra de acciones y deuda pública estadounidense. Ello a cambio de una protección ahora a la intemperie. Los fondos soberanos de los países del Golfo acumulan un patrimonio que ronda los cinco billones de dólares y, aunque la posible venta de activos estadounidenses para reactivar sus economías es una posibilidad, no es un escenario que haga temer por la estabilidad financiera mundial, según señalan los expertos.

Los gobiernos de los países que forman el denominado Consejo de Cooperación del Golfo —Arabia Saudí, Bahréin, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Omán y Qatar— están en búsqueda de fuentes de financiación. Aun así, Goldman Sachs cree que “los riesgos para la liquidez mundial derivados del aumento de las necesidades de financiación del Consejo de Cooperación del Golfo son limitados, ya que siguen siendo relativamente reducidas en un contexto global”. Pone como ejemplo que en los dos primeros meses de guerra las necesidades de financiación bruta han sido inferiores a 25.000 millones de dólares, lo que representa menos del 0,1 % del total de bonos del Tesoro estadounidense en manos del sector público.

La posibilidad de deshacer posiciones en activos estadounidenses, que cotizan en los mercados más líquidos del mundo, está ahí, si bien su impacto en la estabilidad financiera internacional sería limitado. Judith Arnal, investigadora principal para Asuntos Económicos del Real Instituto Elcano, sostiene que “el peso del Golfo en los mercados financieros estadounidenses es modesto: muy lejos de la masa crítica que sí tienen Japón, Reino Unido o China para mover precios en los treasuries o en Wall Street”. En conjunto, las posiciones en Bolsa estadounidense de los fondos soberanos de países del golfo Pérsico rondan apenas el 1% de la capitalización del S&P 500, añade Arnal, mientras que ninguno de estos países figura entre los diez mayores tenedores extranjeros de deuda soberana estadounidense.

Los inversores extranjeros poseen en torno al 30% de la deuda pública estadounidense. A cierre de febrero, según los datos del Tesoro de EE UU, Japón se mantiene como principal tenedor, con 1,24 billones de dólares; seguido de Reino Unido, con 897.300 millones, y China, con 693.300. A gran distancia aparece Arabia Saudí, con 160.400 millones de dólares en bonos de EE UU. Los analistas coinciden en que una venta por parte de Japón sí tendría un impacto significativo en el mercado financiero global. “El aumento de los rendimientos de los bonos japoneses, combinado con cualquier fortalecimiento significativo del yen frente al dólar estadounidense, podría llevar a los inversores japoneses a reasignar capital de los bonos del Tesoro de EEUU hacia los bonos soberanos de Japón y otros activos de renta fija en Japón”, señala la firma de inversiones Lazard.

Los fondos soberanos de Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Arabia Saudí están entre los cinco mayores del mundo, solo por detrás de los fondos de Noruega y China. El saudí —Public Investment Fund (PIF)—, confirmó recientemente su estrategia de inversión en Europa pero advirtió de que, si el conflicto bélico se prolonga, deberá reevaluar ciertos aspectos de su enfoque inversor.

La venta de activos estadounidenses sería una opción para los países del Golfo, aunque con un grave efecto secundario por el que, según Arnal, tampoco les interesaría hacerlo. “Sus monedas están ancladas al dólar, su comercio exterior se factura mayoritariamente en dólares y sus fondos soberanos tienen el grueso de sus carteras en activos dolarizados. Una caída brusca del dólar erosionaría el valor de su propia riqueza acumulada”, explica. “Son economías muy estresadas y que tienen que aguantar su tipo de cambio con el dólar”, puntualiza Víctor Burguete, investigador sénior en el área de Geopolítica Global y Seguridad de CIDOB (Barcelona Centre for International Affairs).

Mientras se extiende la duración del conflicto, las previsiones económicas para los países del Golfo son sombrías, aunque haya también importantes diferencias. Goldman Sachs calcula una contracción del PIB de Omán de apenas el 1% en un escenario de guerra prolongada, en contraste con su estimación para el PIB de Qatar y Kuwait, que podría desplomarse el 14%. “Arabia Saudí está moderadamente expuesta, con una contracción potencial del PIB de algo más del 3 %, mientras que los Emiratos Árabes Unidos podrían registrar una caída de alrededor del 5 % en 2026″, añade. De hecho, estos países están explotando el uso de sus oleoductos para dar salida a buena parte de su producción de petróleo a través del mar Rojo y la costa de Omán, como alternativa al paso por Ormuz.

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