El precio del petróleo frena tras tocar el nivel más alto de toda la guerra, en una jornada de elevada volatilidad
El S&P 500 firma su mejor mes desde noviembre de 2020 a pesar de que el barril de ‘brent’ ha llegado a superar los 126 dólares


El shock energético provocado por el estallido de la ofensiva de Estados Unidos e Israel contra Irán va agravándose conforme avanzan las jornadas sin que se produzcan novedades relevantes en las negociaciones y sin que se atisbe una solución al cierre del estrecho de Ormuz. El precio del petróleo brent, de referencia en Europa, ha llegado a superar este jueves los 126 dólares por barril, un nivel no visto desde 2022, para corregir y situarse en los 114 dólares. Una fuerte caída intradía de más del 10% sin que ninguna declaración por parte de Washington o Teherán la justifique, sino debida a razones técnicas.
Este jueves, último día de mes, vence el contrato del brent que ha sido referencia en las últimas semanas, el de junio, y la operativa en el Intercontinental Exchange (ICE) de Londres, el mercado donde se cruzan las operaciones, se ha trasladado al de julio. Frente a la elevada volatilidad registrada en el contrato del brent que expira este jueves, el del mes de julio ha mantenido un comportamiento más constante y se cruza a 109 dólares. Con todo, entre los inversores va calando que el cierre de Ormuz será más prolongado. “El mercado petrolero ha pasado del optimismo excesivo a la realidad de la interrupción del suministro que estamos presenciando en el golfo Pérsico”, apuntan en ING. Los analistas del banco holandés estiman que se está registrando una destrucción de la demanda de en torno a 1,6 millones de barriles diarios, insuficiente para cubrir el déficit de suministro actual. “Cuanto más persista esta interrupción, menos podrá el mercado depender de las reservas y mayor será la necesidad de una mayor destrucción de la demanda. La única forma de lograrlo sería mediante precios del petróleo más altos”, añaden. En lo que va de año el brent se dispara un 88%.
Las turbulencias geopolíticas no impiden que las Bolsas cierren abril con ganancias generalizadas: el S&P 500 firma su mejor mes desde noviembre de 2020 con unos inversores más atentos, por ahora, a los beneficios empresariales y a la inteligencia artificial que al depósito de gasolina.
Ole Hansen, responsable de estrategia de materias primas de Saxo Bank, incide en que “con el Estrecho aún cerrado y los mercados de energía física cada vez más ajustados, el riesgo inmediato sigue inclinándose hacia precios aún más altos hasta que se restablezcan los flujos marítimos y las cadenas de suministro regionales comiencen a normalizarse”. El mercado, en su opinión, empieza a poner en precio que más allá de un repunte más o menos temporal de la inflación, crece el temor a que la inestabilidad de la región se extienda, haya mayores interrupciones en el suministro energético y sea preciso volver a recurrir a las reservas estratégicas.
A pesar de la elevada incertidumbre las cotizadas de Estados Unidos y Europa están registrando unas ganancias superiores a lo esperado en el primer trimestre del año, lo que está sirviendo como catalizador para las Bolsas, impulsadas además por la inteligencia artificial. En Europa, el Euro Stoxx ha sumado un 0,9% y el Ibex, un 0,8%. El índice ha sufrido durante la primera parte de la negociación debido a problemas técnicos, según han reconocido fuentes de BME. Una incidencia en la difusión del precio del índice, que mostraba un desplome irreal de más del 5% pero no ha afectado al mercado, el cual ha operado con normalidad.
El balance mensual muestra más alegrías que penas en la renta variable, un escenario en apariencia incompatible con una crisis energética: el Ibex ha subido un 4,3% en el mes, y la referencia mundial, el índice mundial MSCI All Country World, un 9% en su mejor mes desde noviembre de 2023.
La guerra, pese a las Bolsas, tiene efectos económicos: EE UU ha crecido un 2% en el primer trimestre en términos anualizados, por debajo del 2,2% esperado, y con una inflación del 3,2% en términos interanuales, tres décimas más que en marzo. Europa también está recogiendo subidas de la inflación y revisiones a la baja del crecimiento.
También los bancos centrales responden, por ahora, a la escalada del precio del petróleo con cautela. Tanto la Reserva Federal como el Banco Central Europeo y el Banco de Inglaterra han optado por mantener los tipos de interés sin cambios en sus reuniones de marzo. En el caso del BCE, Josefina Rodriguez, economista de Vanguard, comenta que aunque “la comunicación sigue dependiendo formalmente de los datos, el tono deja la puerta más claramente abierta a una subida en junio”. En el mercado de divisas los mayores movimientos se han registrado en yen, que en su cambio contra el dólar se ha debilitado hasta los 156,7 dólares, su mayor caída en más de tres años, después de que el ministro de Finanzas nipón, Satsuki Katayama, apuntara que se acercaba el momento para tomar una acción “decisiva” en el mercado, que podría implicar una intervención en la divisa.
David Kohl, economista jefe de Julius Baer, apunta que “el sólido crecimiento estadounidense, impulsado por un fuerte auge de la inversión en tecnología, pone en duda la necesidad de flexibilizar la política monetaria [de la Reserva Federal], incluso cuando disminuya el repunte inflacionario relacionado con la guerra en Irán”. Una situación que les lleva a ajustar su previsión para los próximos meses: ahora prevén solo un recorte de las tasas a finales de año, seguido de una política monetaria sin cambios.
Los banqueros centrales han optado por escudriñar los datos macroeconómicos y no adelantar su toma de decisiones, de igual forma que los grandes bancos de inversión siguen manteniendo un escenario central en el que el conflicto en Oriente Próximo finalizará pronto y no tendrá grandes implicaciones macroeconómicas pese al encarecimiento del petróleo.
Menos movimientos ha registrado la deuda. La rentabilidad del bono soberano alemán a una década se ha moderado al 3%. De igual forma, el rendimiento del bono español a diez años se sitúa en el 3,5% y el de EE UU, al mismo plazo, alcanza el 4,38%. “Vender bonos a largo plazo tiene mucho sentido en este momento, ya que nos encontramos en una situación de incertidumbre respecto a la resolución del conflicto. Si extrapolamos esto, podríamos volver a alcanzar el nivel del 4,5% [en el bono de EE UU] que vimos hace unas semanas”, apuntan en ING.
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