El precio del petróleo roza los 120 dólares y marca récord desde junio de 2022
El Ibex cede más de un 7%, su peor balance en cuatro años y medio, en un mes marcado por el cierre del estrecho de Ormuz y la escalada de los precios energéticos
La guerra en Oriente Próximo cumple su primer mes sin visos de reapertura del estrecho de Ormuz y con el precio del petróleo alcanzando su nivel más alto registrado desde junio de 2022, y a un paso de rozar sus máximos de 2008. El barril de crudo brent, de referencia en Europa, se ha disparado este martes un 4,94% y ha alcanzado los 118,35 dólares, rozando ya el nivel de los 120. En el mes acumula una revalorización superior al 60% —la mayor subida de su historia—, hasta niveles no vistos desde los primeros meses de la guerra de Ucrania. Según las últimas informaciones publicadas por el Wall Street Journal, el presidente estadounidense ha comunicado a sus asesores que está dispuesto a dar por acabada la campaña militar, aunque el estrecho de Ormuz continúe bloqueado.
A ello se suma la advertencia lanzada por Donald Trump a los países que han rechazado involucrarse en los ataques a Irán, como Reino Unido y Francia. En un mensaje difundido en Truth Social, el mandatario instó a Londres a “comprar primero a Estados Unidos”, a armarse de valor y a “ir al Estrecho y tomarlo”. “Tendrán que aprender a defenderse; Estados Unidos ya no estará ahí para ayudarlos, igual que ustedes no estuvieron ahí para nosotros. Irán ha sido, esencialmente, diezmado. Lo más difícil ya pasó. ¡Vayan a buscar su propio petróleo!”, afirmó.
Pese a estas declaraciones y al fuerte encarecimiento del crudo, los inversores han optado por ver el vaso medio lleno en la última sesión del mes. Las expectativas de que el conflicto no vaya a más permiten a los índices europeos cerrar este martes con avances en torno al 0,5%, mientras que en Estados Unidos los parqués han repuntado un 2,91% en el caso del S&P y un 3,83% en el del Nasdaq.
Para Salman Ahmed, responsable global de macro y asignación estratégica en Fidelity International, el conflicto ha entrado en una fase de escalada desordenada, pero más telegrafiada. “No se trata de una escalada totalmente descontrolada o caótica. Está señalizada y, en cierta medida, gestionada, aunque con riesgos evidentes de errores de cálculo. La ausencia de una destrucción generalizada de infraestructuras en la comunicación de ambas partes sugiere que aún existe contención”, apunta.
La guerra en Oriente Próximo ha puesto fin a la complacencia. Los inversores, acostumbrados a convivir con el ruido y a interpretar las amenazas del presidente de Estados Unidos como oportunidades para comprar más barato, asisten ahora al derrumbe de sus expectativas para seguir acumulando ganancias en un entorno económico que hace solo cinco semanas parecía favorable. Tras meses en los que las rebajas de tipos de interés y las promesas de estímulos fiscales y mayor gasto en defensa empujaron a los principales índices a revalidar una y otra vez sus máximos, las Bolsas se enfrentan hoy a un panorama menos amable: inflación alta y crecimiento débil, un cóctel que acelera la corrección.
Las Bolsas europeas cierran marzo con su peor balance mensual desde junio de 2022, y en índices como el Cac francés (-8,9%) o el Euro Stoxx 50 (-9,3%) el retroceso es el más acusado desde el estallido de la pandemia. Tampoco la deuda ha logrado ejercer de refugio, y el euro se debilita frente al dólar. Como la energía está denominada en dólares, el encarecimiento del crudo ha impulsado al billete verde, que firma su mejor mes desde julio de 2025 frente al euro. La moneda única cae un 2% en marzo y se sitúa en 1,15 dólares, muy por debajo de los 1,20 que llegó a rozar a finales de enero, cuando Trump amenazaba con anexionarse Groenlandia.
El Ibex no escapa a la tormenta. Tras un arranque de año impulsado por la banca y por unas perspectivas económicas sólidas, el selectivo frena en seco. No solo deja atrás la racha de máximos —13 en los dos primeros meses—, sino que rompe una serie de ocho meses consecutivos de avances y se deja un 7,14% en marzo, su mayor caída desde junio de 2022. El contraste es abrupto. En cuestión de semanas, el mercado ha pasado de celebrar los beneficios récord de la banca a revivir los temores a una recesión, en un entorno que recuerda al de hace tres años y medio, cuando los bancos centrales luchaban por doblegar la inflación y los inversores buscaban refugio ante el riesgo creciente de una contracción económica.
El conflicto en Oriente Próximo añade una capa más de incertidumbre. Los gestores operan casi a ciegas, mientras firmas de análisis y organismos internacionales aceleran la revisión de sus proyecciones en un contexto en el que los altos precios de la energía y la falta de visibilidad son las únicas certezas. Lo que se preveía como una intervención quirúrgica en Irán ha derivado en un conflicto sin una salida rápida a la vista, con la mirada puesta en el riesgo de disrupciones en el suministro energético. “La guerra continúa y Donald Trump sigue dando una de cal y otra de arena. La falta de coherencia podría hacer mella en la paciencia de los mercados”, advierte Sebastian Paris Horvitz, director de análisis de LBP AM.
El cierre del estrecho es, hoy por hoy, el principal riesgo para los mercados. Hasta ahora, los conflictos en Oriente Próximo habían tenido un impacto limitado: el exceso de oferta en el mercado global permitía contener los precios energéticos y daba un respiro a los bancos centrales. Pero ese equilibrio saltó por los aires a comienzos de marzo. Desde entonces, la actividad en la zona permanece prácticamente paralizada.
“Niveles del petróleo entre 90 y 110 dólares siguen siendo manejables. Pero si se prolongan, pueden lastrar el crecimiento y complicar la estabilidad de precios”, advierten los analistas de Allianz Global Investors. En el último mes, las Bolsas se han movido al ritmo del crudo: cuando subía, caían, y cuando retrocedía, la recuperación se abría paso, aunque con menor intensidad.
Los primeros efectos del encarecimiento del petróleo ya se dejan ver en los indicadores. En marzo —el mes de la guerra— la inflación de la zona euro repuntó seis décimas, el mayor incremento desde octubre de 2022, hasta el 2,5%. A medida que crecían las expectativas de nuevas tensiones en los precios energéticos, los inversores comenzaron a descontar tipos de interés más altos. Mientras en EE UU prácticamente se han evaporado las probabilidades de un recorte este año, en la zona euro los operadores del mercado han empezado incluso a poner en precio subidas. Hasta el estallido del conflicto, el consenso esperaba un año de transición para el BCE e, incluso, algunos analistas consideraban posible una rebaja.
Las expectativas de una política monetaria más restrictiva y de una inflación más alta explican el repunte de los rendimientos en las últimas cuatro semanas. Aunque en los últimos días la presión sobre la deuda se ha moderado —los inversores han empezado a fijarse más en el deterioro del crecimiento que en los precios—, la renta fija sigue encajando los golpes. Las pérdidas del mercado de bonos rozan ya el 2%, niveles no vistos desde octubre de 2024.
Pese a ese respiro reciente, los movimientos siguen siendo intensos. El rendimiento de la deuda española a diez años sube 46 puntos básicos, el mayor avance desde diciembre de 2022, hasta el 3,52%. La rentabilidad del bono alemán se ha disparado 38 puntos básicos y se consolida por encima del 3%, máximos desde 2011. En EE UU, la referencia a una década avanza una magnitud similar y se sitúa en el 4,3%. Si llamativos son estos aumentos en los tramos largos, lo son más aún los del corto plazo. El bono estadounidense a dos años suma 41 puntos básicos y roza el 3,8%, su cota más alta desde junio.
En un contexto de dudas generalizadas, ningún activo ha escapado a las pérdidas. Ni siquiera el oro, refugio por excelencia, se libra de los recortes: en el mes cae más de un 12,5%, su mayor desplome desde octubre de 2008, cuando la quiebra de Lehman Brothers desató una onda expansiva que sacudió cada rincón del sistema financiero mundial. Que incluso el único valor al que los inversores suelen aferrarse en tiempos convulsos esté sucumbiendo ahora da una idea de la magnitud del nerviosismo que recorre los mercados.
En medio de este panorama, los mercados avanzan sometidos a un vaivén que combina incertidumbre geopolítica, presión inflacionaria y miedo a un frenazo económico global. La reacción en cadena —del petróleo a la inflación, de los tipos a la deuda, y de ahí a los activos refugio— revela una fragilidad que llevaba meses oculta bajo la inercia alcista. A la espera de que el conflicto en Oriente Próximo encuentre un cauce y de que la energía vuelva a fluir con normalidad, los inversores solo tienen una certeza: el período de complacencia ha terminado y lo que venga después dependerá menos de los bancos centrales y mucho más de un tablero geopolítico que se ha vuelto imprevisible.
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